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Foto: Confam/Twitter

El “Bus de la Libertad”, el autobús anaranjado que recorre el país promoviendo un discurso ultraconservador, homofóbico, crítico a la igualdad sustantiva y la agenda de género, forma parte de una iniciativa internacional.

La función es mediática. En cada ciudad, el arribo del autobús no motiva grandes concentraciones, pero si propicia amplia cobertura pues elige momentos y lugares estratégicos, como la reciente cumbre de la OEA o bien su visita a la residencia oficial de Los Pinos. Principalmente, tiene el propósito de victimizarse y aglutinar.

La manera de hacerlo, es exaltando el discurso de odio a la población LGBTTTIQA, en cuya diversidad tiene colectivos de resistencia proactiva, e inclusive, tendentes a la acción directa, señaladamente, anarquistas. Y claro, hay quienes sencillamente pueden sentirse agraviados por el discurso de odio y atienden las convocatorias para boicotear las apariciones del autobús de Dabdoub.

En el centro del discurso, está la familia y, naturalmente, su argumentación es atractiva para amplios sectores de la sociedad preocupados por problemáticas que lo aquejan directamente: el abuso sexual infantil (nadie quiere que sus hijos sean abusados); la disponibilidad de las drogas (nadie quiere hijos drogadictos); los roles de género invertidos que atentan contra la tradición patriarcal y la cultura machista (de manera retorcida, la “perdida de valores” suele atribuirse a la ausencia en casa de mujeres trabajadoras, por ejemplo). Amparados en su perspectiva evangelizadora, el mensaje parece pacífico y virtuoso, que resulta agredido por los grupos LGBTTTIQA, atribuyéndoles intolerancia y cualquier clase de adjetivos.

El autobús es una provocación, como ha observado ya Álvaro Delgado, pero también una convocatoria, en ambos casos con propósito violento.

Porque el activismo de Juan Dabdoub tiene un efecto aglutinante en grupos falangistas, ultranacionalistas, fascistas y declaradamente neonazis, agrupados entre otros, en un colectivo denominado Fuerza Nacional México. En junio, cuando dos mujeres comunistas me comentaron la existencia y articulación de esos grupos, me parecía excesivo e inclusive conspiranoico, hasta que tuvieron su primera o más notoria aparición pública.

Durante la tercera semana de junio, Fuerza Nacional México, convocó a protestar contra la anual Marcha del Orgullo que la población LGBTTTIQA programó para el 24 de junio. Detectados desde hace tiempo por los jóvenes de diferentes organizaciones comunistas, formaron una Brigada Roja para contenerlos y, en efecto, cuando arribaban los primeros contingentes al perímetro del Zócalo capitalino devino el enfrentamiento. (Ver Católicos vs LGBTTTIQA; Comunistas vs fascistas… ¿cómo renació la intolerancia?)

Luego, está la parte menos transparente: son las acciones de incidencia concreta en políticas públicas y procesos legislativos, a través de organizaciones fachada que toman relevancia en asuntos públicos de su agenda, tales como salud, educación, legislación penal y civil, entre otros, que han construido con paciencia y desde hace años.

En 2007, entrevisté al cardenal Robles Ortega, poco después de aprobarse la Ley de la Familia de Nuevo León, y me dijo que el reto de su posición como cardenal, implicaba “encontrar la forma de hablarle al hombre, en un momento histórico de marcado secularismo” y admitió que el “conflicto” es válido siempre y cuando genere cambios.

–¿Cuál será su relación con el poder secular?

De respeto, de apertura y de diálogo, porque al fin y al cabo, el poder de la perspectiva del Evangelio, que tiene la Iglesia, y el poder que da la relación de un cargo público, va destinado al bien de la sociedad.

–¿Criticar el secularismo implica un cambio en la laicidad del Estado?

No. La laicidad es un derecho inalienable e irrenunciable. Yo personalmente soy de la opinión de que al mismo tiempo que abogamos por el pleno reconocimiento de la libertad religiosa, debemos ser pacientes y que los tiempos nos vayan indicando el mejor momento, porque, a lo mejor, presionando de más, puede ser que perdamos más que consigamos –respondió.

Pues bien, con paciencia, ha llegado el momento de presionar y conseguir.

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