Arturo Rodríguez García

Cuando era joven, me gustaba el rock urbano capitalino que llegaba a mis manos por correspondencia, aquella costumbre casi anulada del correo ordinario. Tendría unos 12 años cuando supe la historia de Rockdrigo, sus canciones y su trágica muerte en el sismo de 1985.

Este miércoles 20, cuando me dirigía al Instituto de Ciencias Forenses para saber de las víctimas y la situación de los deudos, encontré esta estatua en la estación del Metro Balderas. Creo que muchas veces he pasado por ahí pero nunca había notado el monumento.

En las horas precedentes había recorrido el desastre de Álvaro Obregón, los edificios vacilantes de la colonia Narvarte, Roma y Condesa, todos peltóricos de solidaridad, pura voluntad humana volcada en tender la mano al que necesite ayuda. La indescriptible dimensión de la tragedia y de repente, la estatua me dijo que, a pesar de todo, un día veremos esta semana tremenda como pasado, parte de nuestra historia, que todo mejorará.:.

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