Arturo Rodríguez García / Imágenes: orozcorp.com.mx

Federico Mastrogiovanni (Roma, Italia. 1979) dedicó varios años de su vida a documentar el fenómeno de la desaparición forzada en México, la forma en que agentes del Estado aterrorizaban a la población, como en una guerra de baja intensidad que, bajo el pretexto de combatir al narco, favorecían, mediante el desplazamiento y el exterminio, los negocios energéticos. Así quedó expuesto en su libro “Ni vivos, ni muertos” (Grijalbo. 2014).

Pocos saben lo que la exposición prolongada a los testimonios de las víctimas, el entendimiento de las rutas y tácticas de la violencia, pueden hacer en un periodista. Resistamos la catarsis. Basta decir que a veces, para poder regresar a registrar el horror hay que cambiar de tema, e inclusive, encontrar algo que renueve un poco de fe en la humanidad.

FEDERICOMastrogiovanni buscaba una historia de esperanza. Lo que encontró es otra historia terrible: una vida formada en la discriminación que segrega en el país ajeno; una aspiracional necesidad de ser parte de algo mejor y ese algo es, la pandilla; la historia del que desciende al infierno carcelario, pero que a diferencia de lo que el prejuicio podría suponer, rompe el estereotípico modelo de reincidente. Es la historia pues, de un niño chicano que luego de pasar por una pandilla, que quiso la suerte no convertir en asesino, cuya adolescencia lo llevó a pagar un precio de 15 años de prisión en California, para luego ser repatriado y ahora vivir en México.

La historia no podía ser más oportuna en estos tiempos de racismo exacerbado en Estados Unidos, donde millones de seres originarios de este país conforman una sociedad que no logramos del todo comprender y cuyo regreso puede ser tortuoso por la discriminación que también de este lado de la frontera florece, por las escasas oportunidades que precisamente llevaron a millones de personas a migrar, por la dolorosa e involuntaria separación de familias, y en fin, por las múltiples tragedias que se enlazan en la repatriación de dreamers.

En su nuevo libro “El asesino que no seremos”, la historia personal nos coloca frente a la dinámica binacional, en la perspectiva de un autor formado en la sociedad italiana y un interlocutor forjado en la rudeza del Burbank californiano que se encuentran, capricho del destino, en un escenario completamente distinto como lo es la Ciudad de México. Migrantes a su manera, es en este último lugar donde se reconocen y lo mejor, nos lo muestran para nosotros poder reconocernos en la lectura.

Y es que, “El asesino que no seremos” nos coloca en dos vías de lectura: una es intimista, personal, psicológica, que permite la identificación, personaliza aquello que suele mostrarse sólo en cifras o en referencias abstractas, y otra en la que, ateniéndose a las herramientas que el periodismo dota, es posible encontrar de todo: manifiesta queda la desigualdad; la falta de acceso a la justicia; la irracionalidad de la pena capital y aun de la cadena perpetua; plasma la incomprensión de los fenómenos sociales y, muestra la clave de toda superación a la adversidad como lo es el saber y la conclusión –en este caso del protagonista— incontrovertible: my mind es free!

El relato, provisto de una extraordinaria capacidad narrativa no se apega a la temática que suele imprimirse en el periodismo mexicano, ni a las convencionalidades que en rigor apuntalan la tarea informativa, como bien inscribió nuestro amigo erudito en Nueva York, Oswaldo Zavala, en el comentario final contenido en el libro.

La verosimilitud de un relato que inicia en una exclusiva librería-café de la colonia Roma, sigue con la aproximación al expandillero, se consigue precisamente en el hábil desempeño de la tarea periodística: numerosos encuentros con el protagonista, visita a los barrios y la prisión donde desarrolló su vida, reuniones con las personas que corroboraron cada detalle, e inesperadamente, el relato –por cierto, con frecuente y muy bien logrado humor— termina siendo una renovación de la esperanza en la humanidad… o no, tendrá usted que decidirlo.:.

Un fragmento del libro, aquí

 

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