Arturo Rodríguez García

Es posible que cada generación se llegue a plantear cómo entender a los jóvenes. Pienso en los cincuenta, cuando los adultos de entonces se escandalizaban ante el hipster, producto de la posguerra; y que los hipsters, a su vez ya adultos en los sesenta, fueran incapaces de comprender los anhelos revolucionarios en lo colectivo y lo individual de la generación siguiente. Y así, antes y después, a través del tiempo.

Las cuestiones, reaparecen cada vez ¿qué piensan? cómo interactúan? qué pretenden? Qué quieren los jóvenes?

El pasado 9 de noviembre, Rossana Reguillo presentó en Barcelona, Paisajes insurrectos. Jóvenes, redes y revueltas en el otoño civilizatorio (Ned Ediciones) que da respuesta a muchas de las interrogantes que solemos plantearnos cuando intentamos aproximarnos al cambio generacional, pero con una condición: hay que repensar las preguntas.

UnknownAntropóloga, doctora en Ciencias Sociales, catedrática emérita del ITESO, Rossana ha escapado en su historia personal al aislamiento y la reducción al cubículo académico, aprovechando al máximo los espacios de libertad que estos tiempos ofrecen: incursionó en la crónica periodística; es una famosa bloguera; se ha comprometido activamente en la defensa de derechos fundamentales; se ha forjado en el uso del big data y es hábil gambusina en la minería de datos, y en los últimos años, se ha convertido en un invaluable apoyo para la articulación de periodistas mexicanos en la exigencia gremial de justicia y seguridad.

El oficio, esa designación que los periodistas solemos emplear para quien escribe conforme a los parámetros de simplificación que hacen accesible un texto para todos, es notable en Paisajes Insurrectos, una obra que sin renunciar a los conceptos y las complejidades metodológicas, puede leerse espléndidamente.

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En su nuevo libro, Rossana Reguillo tiene como punto de partida el fracaso y la resultante desesperanza de un orden político y económico injustos. El primer capítulo está dedicado precisamente a explicar la crisis de la civilización y la forma en que esta afecta directamente a las personas.

Unknown-1En los movimientos sociales que han sacudido al mundo en estos años, de la Primavera Árabe a las movilizaciones por la desaparición de 43 estudiantes de la Normal de Ayotzinapa, pasando por el #BlackLiveMatter, #OccupyWallstreet y otros tantos, el denominador común es la rebeldía ante lo indeseable que se ha normalizado en apariencia.

Lo indeseable, luego, tiene entre sus múltiples expresiones la precarización de las condiciones de vida, o para retomar a la autora, “las enormes dificultades que experimentan los jóvenes para construir su biografía”.

Lo otro es la injusticia que, en la terrible noche del 26 de septiembre de 2014, expuso el rostro más indignante y absurdo de un Estado. No se deja de advertir que, con sutileza, Reguillo apunta un dato: la existencia de una bonanza minera en la zona que presume su ubicación con condiciones de estabilidad. Se trata entonces de la relación entre el proceso de violencia, el extractivismo capitalista y el poder político con su brazo represor.

Entre ese y otros episodios que Reguillo expone –con dos recursos narrativos extraordinariamente bien logrados: endriago y Perseo–, nos conduce por las insurrecciones de tiempos recientes que pasan de la red a las calles.

Se trata “de multitudes conectadas capaces de crear la situación para otros modos de imaginar la vida, de dar sentido a las relaciones sociales; prácticas de insurrección y resistencia que irrumpen en distintas partes configurando un paisaje insurrecto”.

Los paisajes insurrectos de la segunda década del milenio, se caracterizan por ser, digamos, horizontales. No hay afiliación ni liderazgos definitivos. La clave está en la forma de interactuar, la multiplicidad de los intercambios, el diálogo infinito en las redes del que se ocupa la autora en el segundo capítulo.

Sencillamente, los procesos sociales y políticos que destaca Reguillo en sus paisajes insurrectos, no pueden entenderse sin comprender antes el significado del espacio-red, la tecnología y sus expresiones, nos previene la autora. De ahí que el tercer capítulo abunda en ello par finalmente, articular un análisis esperanzador en el capítulo final, a propósito de la libertad y de la capacidad de imaginar que otro mundo es posible.

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En mayo de 2012, cuando el anodino transcurso de la elección presidencial parecía un mero trámite para consolidar la percepción –construida a base de una costosa apuesta publicitaria– de que Enrique Peña Nieto sería Presidente de la República, el movimiento #yosoy132 irrumpió. Por aquellos días, analizar el fenómeno era tarea compleja, pues escapaba a los moldes tradicionales.

Antropóloga, Rossana Reguillo ha tenido como objeto de estudio y también de diálogo e identificación, las culturas juveniles desde hace años y, dada su experiencia, en Paisajes Insurrectos ofrece un cambio de paradigma: el análisis no puede ser tradicional.

Personalmente, no puedo estar más de acuerdo. El 2012 fue un shock personal, primero porque el Movimiento #yosoy132 me reveló que ya no era joven. Más identificado con el altermundismo de finales de los noventa y principios de los dos miles, no alcanzaba a comprender mensajes ni conductas. Adicionalmente, como parte de mi trabajo, tuve conversaciones con actores políticos y empresarios, colegas periodistas y analistas políticos, mientras cubría de manera intermitente la campaña de Josefina Vázquez Mota.

En la búsqueda de respuesta, me topé con una incomprensión peor que la mía. El análisis tradicional, a partir de ciertos hechos no necesariamente conectados, derivaba en especulaciones como “detrás de eso está Carlos Slim”; todo “es un ardid de López Obrador”; en eso “están metidos los jesuitas”, o cuestionamientos injustos, como “dónde estaban esos jóvenes ante la violencia”.

Lamentable la cobertura de la prensa en general, esas valoraciones –porque no sólo eran los intereses– se traducían en vergonzosas –para el periodismo mexicano—ocho columnas o titulares de radio y televisión, inundaban mesas de debate, mientras partidos y candidatos intentaban la cooptación imposible: en el PAN lucían a una hija de Santiago Creel; con López Obrador había una salutación y coqueteo persistente; Peña Nieto emitió su Manifiesto por una presidencia democrática (que, a la postre, cumplió mediocremente, presionado y sólo en parte).

Con el paso de los meses, ya a principios de 2013, pude explicarme dudas, derivaciones de aquel movimiento y otras cosas que, sin embargo, considero nadie o muy pocos han conseguido con tanta claridad, profundidad y trascendencia como Rossana Reguillo en Paisajes Insurrectos.:.

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