Arturo Rodríguez García

Entretelones de una negociación que se prolongó seis años; encuentros, diálogos y acuerdos secretos entre actores políticos y líderes insurgentes; facilitadores, gestores, intermediarios que en misión extraoficial formaron parte de negociaciones de alto nivel. La historia detrás de lo que aparece en las exhibiciones públicas, que son actos simbólicos en los que se extinguen las tensiones y desencuentros.

Bien escribió Gay Talese que el periodista tiene por juego lo tenebroso. Y tenebroso es vocablo preciso para el oficio que procura descubrir lo que está en tinieblas, lo que es, pero permanece oculto.

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Marisol Gómez Giraldo

Justo eso  consiguió la periodista colombiana Marisol Gómez Girlado, en su libro “La historia secreta del proceso de paz” (Intermedio Editores. 2016), en el que ha recuperado los sucesos, discusiones, percepciones, y entrelineados de los discursos,  durante los seis años de negociaciones entre el gobierno de Juan Manuel Santos y la cúpula de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc) para construir un acuerdo de paz.

La experiencia colombiana puede abrir espacios de reflexión y, ante todo, es tan relevante como la reconciliación sudafricana que llegó con Mandela, la de Irlanda del Norte y en fin, la de distintas regiones del orbe que mucho enseñan.

Editora de la sección Paz, en el diario El Tiempo, donde ha desarrollado toda su carrera periodística, Marisol Gómez ha publicado un libro que explora todos los flancos de la negociación realizada entre 2011 y 2016. Su experiencia la acredita: como reportera cubrió la violencia colombiana de Cali y Medellín, pero lleva casi tres lustros concentrada en la paz y los rastros de guerra que la complejidad de su país ha dejado a través de varias generaciones.

Además, es autora del libro “Desterrados, cicatrices de guerra en Colombia, así como coautora de Años de Fuego, de Crónicas de secuestro, y de Crónicas del Premio Nacional de Paz.

Con más de medio siglo en insurgencia y una fuerza excepcional en los primeros años del milenio, las Farc aceptaron la pacificación que implicó desarmarse, desvincularse del narcotráfico, construir una vía política de participación y someterse a procesos de justicia. Pero, para llegar a la emblemática fotografía entre el presidente Santos y el líder guerrillero Timochenko, con Raúl Castro al centro, y finalmente, suscribir el acuerdo en agosto de 2016, hubo un largo proceso individual, político, diplomático y social.

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La historia de intentos de pacificación que se prolongaban desde los tempranos ochenta, son recuperados por Marisol Gómez para luego concentrarse en las condiciones en que se concretó.

Redactado de manera ágil, la periodista expone las entrevistas con los protagonistas de las negociaciones, incluido el presidente Santos –quien desde los noventa y aun ajeno a la vida política, venía planteando un proceso de paz– que, desde las primeras páginas, establece aspectos relevantes sobre el origen de la negociación.

Por ejemplo, la negociación con la Farc exigía tres condiciones que, al asumir la Presidencia, estaban dadas. Santos, entrevistado por la autora, con franqueza, lo explicó así:

“La primera condición era que la correlación de fuerzas estuviera a favor del Estado, pues mientras la guerrilla pensara que podía tener la victoria nunca iba a negociar seriamente. La segunda, que los miembros del Secretariado se sintieran vulnerables, y que para ellos fuera buen negocio meterse a la paz. Y la tercera, que hubiera apoyo regional para la búsqueda de la paz”.

ICTJ_Peace_Processes_Colombia_0Como se aborda en el primer capítulo del libro, esas condiciones estaban dadas, primero, porque las Farc habían sufrido severos reveses en los años previos, varios de sus líderes emblemáticos habían sido detenidos o abatidos y sus posiciones estratégicas estaban mermadas. Además, la interlocución se facilitaba por la hasta entonces inconcebible intervención del presidente venezolano Hugo Chávez.

 

Entre las características indispensables para establecer una negociación, naturalmente, destaca el perfil de organización. Expone Gómez Giraldo:

“Las Farc, en esencia, son una organización marxista-leninista en la que el Secretariado toma las decisiones de manera colectiva y todos caminan en la misma dirección. Esto minimizaba el riesgo de divisiones frente a la negociación con el gobierno”.

Este apunte de la autora me parece especialmente relevante, pues aunque se trataba de un movimiento armado revolucionario, había un largo registro de crímenes y actividades delictivas, por lo que sus miembros no estaban (ni están) exentos de procesos judiciales.

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Cuatro capítulos del libro están dedicados a las tensiones que durante más de un año entramparon las negociaciones. Los representantes gubernamentales mantenían la posición de someter a la justicia a guerrilleros que incurrieron en asesinatos de civiles, secuestros y otras acciones punibles. La representación de las Farc, por su parte, planteaba que nadie iba a una negociación para acabar preso.

Ahí, la voluntad política –no sin sortear barreras ideológicas y de grupo– se patentó, de acuerdo al relato de la periodista, con la inclusión de Álvaro Leyva, un veterano político conservador que planteó las condiciones más aceptables para las Farc y para el gobierno.

En las páginas relativas a ese episodios, se observa que había una coincidencia más o menos generalizada entre los representantes gubernamentales, si bien con distintos enfoques, para analizar un modelo de justicia que diera satisfacción a las cortes internacionales y que produjera seguridad jurídica al proceso de paz.

Lo que propuso Leyva fue un modelo de “justicia restaurativa”, consistente en colocar entre el Estado y el acusado, a la víctima para que conozca la verdad, un asunto que le interesa más que el castigo, pero que implica también una compensación, así sea moral. Eso sí, jamás se habló de amnistía.

Además, un modelo de “justicia prospectiva”, basado en la superación de rencores para que futuras generaciones tengan mejores escenarios y no hereden culpas o rencores.

Y finalmente, el último capítulo aborda un aspecto toral, que entre otros, aplazó la firma del acuerdo por tres meses: el compromiso de terminar la relación de las Farc con el narcotráfico. La dificultad fue porque el grupo insurgente no quería admitir tener ese vínculo ante un gobierno que exigía un deslinde definitivo. Finalmente, a punto de desbordar la negociación, llegaron a un acuerdo en el que en efecto, se desvinculaban con ciertos eufemismos del narco.

Por supuesto, todas esas discusiones no eran públicas, por lo que el trabajo de Marisol resulta invaluable para comprender lo que había detrás de aquello que sí se hacía público, para conocer de la diplomacia que atemperaba los ánimos.

Desde una perspectiva histórica, todavía es temprano para saber sí el Acuerdo Final para la Terminación del Conflicto y la Construcción de una Paz Estable y Duradera, sirvió para resolver el futuro del país. La pacificación y reconciliación nacional sigue en proceso. Pero el libro de Marisol Gómez Giraldo es sin duda un ejercicio periodístico extraordinario que refleja lo que se puede alcanzar cuando hay voluntad política y entendimiento mutuo, aun a costa de la opinión pública y la popularidad tan deseada por los actores políticos y los gobernantes.:.

 

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