Arturo Rodríguez García

Son días de amarres, de reparto de promesas entre políticos, de definir su futuro. El objetivo es “planchar” candidaturas y garantizar la permanencia en el poder de quienes no resulten favorecidos. Días críticos, especialmente en el PRI.

En estas elecciones se elegirán 3 mil 406 cargos públicos, de los cuales, 629 son del ámbito federal, incluido el de Presidente de la República. Naturalmente, Chiapas, Ciudad de México, Guanajuato, Jalisco, Morelos, Puebla, Tabasco, Veracruz y Yucatán, concentran la atención porque ahí se elegirá gobernador.

Se trata de elecciones locales que incidirán en el resultado de la presidencial, entre estas están en juego cuatro de las cinco entidades más pobladas del país, y por lo tanto, con mayor número de electores: Ciudad de México, Veracruz, Jalisco y Puebla.

Por primera vez en la historia, el rasgo común es que en ninguno de esos estados hay condiciones para que el PRI gane, e inclusive, está reducido a tercera fuerza en preferencias, destacadamente, en entidades clave como Ciudad de México, Veracruz y Puebla.

La definición de candidaturas locales plantea severas crisis internas en el PRI, no sólo en esos estados. Por ejemplo, Querétaro, donde no habrá elección de gobernador, es fiel reflejo del desastre priísta interno.

Ahí, viejos conocidos aspiran a ser nominados al Senado: la exsecretaria de Turismo, Silvia Hernández y el exsecretario del Trabajo, Mariano Palacios Alcocer, ambos en el sexenio de Ernesto Zedillo, este último gobernador (1985-1991) y exdirigente nacional del PRI, como también lo es Fernando Ortiz Arana, otro de los aspirantes, junto con los exgobernadores, Enrique Burgos García (1991-1997) y José Calzada Rovirosa (2009-2015), actual secretario de Agricultura, quien estaría dejando el cargo en los próximos días.

La rebatinga queretana llegó el sábado al dirigente nacional Enrique Ochoa Reza, que recibió en la Ciudad de México a jefes políticos locales que le pidieron un cambio urgente en dirigencias estatales y plantearon inconformidades en el reparto, en Querétaro, así como en Oaxaca, Nuevo León y Chiapas.

Chiapas es otro ejemplo de la crisis, que debió tener atención inmediata de la dirigencia nacional que envió como emisario y conciliador a Luis Enrique Miranda, cuyos resultados siguen en el aire.

Y es que, la imposición de Roberto Albores Gleason, como candidato a gobernador, sacó chispas en el considerado sector verde del PRI, el PVEM, coto del gobernador Manuel Velasco, que perfiló con anticipación a Eduardo Ramírez, líder del congreso local, permitiendo a su también cercano, hoy expresidente del Poder Judicial chiapaneco, Rutilio Escandón, construir su candidatura con Morena, cuya dirigencia nacional tuvo un acercamiento con oferta de senaduría para Aguilar –operador de la estructura electoral de Velasco–, el pasado fin de semana.

Territorios estratégicos. En lo que Chiapas se define, Andrés Manuel López Obrador estará ahí casi una semana, luego de pasar dos en Veracruz… demasiado tiempo de la precampaña, evidencia de lo estratégico de ambos estados donde sus candidatos a gobernador se enfilan a la delantera.

La proximidad de Manuel Velasco con Morena es asunto crítico para el PRI, como también lo es el caso del gobernador oaxaqueño, Alejandro Murat y otros que demuestran la incapacidad de Ochoa Reza y Aurelio Nuño, no sólo para conservar aliados, sino para generar condiciones de unidad interna, y con ello, de mejorar su posicionamiento para la elección presidencial.

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