Hace ocho meses, en medio de un proceso represivo que incluía prisión, amenazas, hostigamientos y varios episodios de violencia policial y de civiles con mando anónimo, fue asesinada Meztli Sarabia, hija del luchador social poblano Rubén Sarabia, conocido popularmente como “Simitrio”.

Durante casi 50 años, Simitrio ha resistido a todas las formas de represión que alguien puede padecer. La peor de todas: la muerte de su hija Meztli. Y sin embargo, la Unión Popular de Vendedores Ambulantes “28 de Octubre” (UPVA), de la que es dirigente, sigue siendo hasta hoy la columna vertebral del movimiento social poblano.

Fue en las oficinas de la organización, el 29 de junio de 2017, cuando un comando llegó a las instalaciones, encañonaron a quienes estaban ahí, dirigiéndose directamente a Meztli. Profirieron una amenaza contra su padre –que por esos días estaba injustamente preso– y entonces le dispararon.

El crimen sigue impune, como la mayoría de los cientos de asesinatos cometidos en lo que va del sexenio de Enrique Peña Nieto contra dirigentes sociales y también, como la mayoría de los crímenes que llevan el tufo del grupo morenovallista en Puebla, uno de los reductos autoritarios más violentos contra opositores y que amenaza con mantener su cacicazgo ahora en la figura de la exprimera dama, Erika Alonso, candidata frentista al gobierno estatal.

Por los días del asesinato de Meztli, en Notas sin Pauta se publicó el artículo ¿Quién mató a Meztli? en el que se abunda en el contexto de las agresiones contra los Sarabia y la UPVA.

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