Arturo Rodríguez García

La expresión estalló en redes. Afirmar que Andrés Manuel López Obrador convertiría a México en Venezuela, es una pendejada, fue la respuesta de Tatiana Clouthier, su coordinadora de campaña en una entrevista, para luego exponer sus consideraciones sobre las diferencias entre los últimos dos presidentes venezolanos y el tres veces candidato presidencial.

Hábil en el debate directo y en su manejo en redes, Clouthier tiene razón y no sólo por los argumentos que ha expuesto ni únicamente por el mencionado comparativo. En general, los comparativos para el discurso y la propaganda son malos (otra cosa es la política comparada que nada tiene que ver con esto) y sólo contribuyen a deteriorar más el ya de por sí precario debate político. Me refiero a pendejadas como el “Macron mexicano”, la Hillary o el Trudeau.

Desafortunadamente, las pendejadas más allá de comparar a López Obrador con Chávez o Maduro, nos saturan a diario. Algunos ejemplos merecedores del vocablo:

Unknown-2Dos semanas después de que dependencias y entidades federales protagonizaran la publicidad a las aparentemente ilegales operaciones de Ricardo Anaya, inclusive con la inusual –y quizás ilegal– difusión de un video de seguridad de la PGR, el presidente Enrique Peña Nieto afirmó que no intervendrá en el proceso electoral más que con su voto.

La realidad es que su intervención está más que acreditada desde agosto del año pasado, cuando comparó precisamente a López Obrador con Nicolás Maduro, en una entrevista con Ciro Gómez Leyva. Y a partir de ahí, modificó su mensaje publicitario por “lo bueno cuenta y queremos que siga contando”. Desde entonces, sin recato.

Una más. López Obrador ha dicho que reconocerá si Peña no interviene en la elección y, a pregunta expresa sobre los escándalos de corrupción, responde que no habrá persecuciones políticas.

Otra. La información que hasta ahora se conoce sobre Ricardo Anaya, plantea dudas naturales sobre su enriquecimiento. Ocupó cargos de mando medio en su breve trayectoria política y con eso, es capaz de crear empresas, realizar transacciones millonarias, abrir cuentas en paraísos fiscales, usando domicilios fiscales que son terrenos baldíos y vender en 54 millones un predio al chofer y la secretaria de un su amigo.

imagesAnte las revelaciones, Anaya ha mentido de manera compulsiva y queda expuesto. No ha dado explicaciones suficientes sobre ese asunto como tampoco sobre la fundación, revelada en macizo reportaje de Álvaro Delgado, a través de la que también realizó una irregular y millonaria transacción inmobiliaria.

“Están desesperados”, “ya se van”, son frases suficientes para que tanto Anaya como los corifeos del mundillo intelectual centran sus argumentos en denunciar embestida del régimen. En tanto, el panismo volcado a buscar filtradores y ocultar información.

El gobernador Francisco Domínguez declaró ayer que tanto él como Anaya ya saben quién filtró la información sobre sus operaciones inmobiliarias. No es raro, pues en el control de daños, han sido exhaustivos. El periodista queretano, Eric Pacheco Beltrán, denunció en sus redes sociales la forma en que se le ha impedido consultar expedientes registrales sobre las razones sociales de Anaya que, siendo públicos, se le niegan con pretextos absurdos.

Así, Peña embiste y debe afirmar que cumplirá la ley y no intervendrá, cuando eso es el deber ser y no requeriría autoafirmación; López Obrador confunde justicia con persecución política; y Anaya se victimiza en lugar de transparentar. O sea, parafraseando a Tatiana Clouthier, son pendejadas.

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