Arturo Rodríguez García / Imágenes: Proceso Foto

Un lugar cochambroso, con paredes pringosas, líquidos derramados de compuestos inimaginables y mobiliario desvencijado. Estancias y pasillos atestados, con gente que se duele de heridas, doblados por males insospechados, huesos rotos y decadencias fisiológicas terribles, que habrán de llorar, en la tortura de las horas, la desesperanza de un sistema de salud colapsado. Quejas y llanto.

Camas de esmalte descarapelado, sábanas de sudores y sangres acumulados. Debajo, en el suelo, tirados, ceden ahí al sueño gente que se hacen cargo de atender a su enfermo, porque las sillas están rotas y los espacios saturados. Es noche de lamentaciones que saturan la audición por la escasez de paliativos.

Parsimonia de guardias privados, seres subrogados que asumen la culpa institucional. Trato cruel de la enfermería que de tanto ver y atender hasta lo imposible hace ostentación de su sensibilidad perdida. Médicos que ven, como en maquila, enfermos en serie.

Unknown-1Familias enteras que a la intemperie o en la superficie marmórea y mugrienta, esperan por largas jornadas la aparición de un dios de bata blanca. Un día, otro, uno más. Quizás llegue y exprese el tan temido “hicimos lo humanamente posible”, frase de tantas repeticiones, que arroja la culpa a otra divinidad que habrá de aceptarse sin más, porque no hay de otra, porque es “la voluntad de Dios”. Y entonces, emergerá el llanto atormentado, solitario o grupal, por quien no tuvo remedio.

No hay que imaginar tanto. Asómese el lector, el que tiene seguro de gastos médicos o dinero para pagar atención privada, a los servicios de salud públicos; conozca lo que debe padecer el paciente cuyo apelativo nunca ha sido tan bien impuesto; sepa de las condiciones laborales del personal médico, de enfermería, administrativo. Y comprenderá lo que es ser nadie, lo que es ser nada.

La clase gobernante se llena la boca con la política de salud, inaugura costosos hospitales que convierte en negocios de contratismo de la construcción o transexenal (como el Hospital de Zumpango concesionado a Juan Armando Hinojosa Cantú, el de la Casa Blanca), elefantes blancos sin equipamiento ni instrumental básico (como en el nuevo hospital del ISSSTE en Saltillo).

De un extremo a otro del país, las condiciones en que los gobiernos de todo signo tienen los servicios de salud, motivan quejas y demandas. El diario Zócalo dio a conocer el caso de Alexis Gabriel, en Monclova, coincidente en fechas con el del niño Edward en Oaxaca. Suma de negligencias.

Unknown-3También de un extremo a otro del país, el personal médico se alarma por la acción judicial desproporcionada; sale a las calles a reclamar el peligroso precedente a la justicia penal; marcha en defensa de un gremio que debe dar la cara por los malos gobiernos.

Pero del sistema de salud todos somos víctimas y lo peor que puede pasarnos es que, como hasta ahora, quedemos paralizados, atribuyendo los males a la voluntad divina. Y hay que decirlo, el primer paso, al tomar las calles, lo han dado los médicos.

Texto publicado originalmente el sábado 14 de abril de 2018 en el diario Zócalo Saltillo.

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