Arturo Rodríguez García

Una imagen muestra la sangre seca, en torno a una mirada digna que no refleja miedo, dolor; acompaña la revelación-denuncia sobre hechos ocurridos el 22 de agosto de 2017, cuando un grupo de narcomenudistas le dio una golpiza a Humberto Padgett, un gran periodista, que documentaba cómo se mueve la droga en la UNAM.

Con arrojo encomiable, Padgett se había hecho pasar por comprador de droga en Ciudad Universitaria grabando a quienes han sido tolerados por la máxima casa de estudios de este país, la UNAM, ese gigante en cuyos campus ocurren cosas terribles, delitos y crímenes sin contención ni acciones preventivas suficientes. Naturalmente, un buen periodista se siente atraído a documentar las lacras de este mundo y eso es algo que implica riesgos para la integridad y la vida de las personas.

Unknown-1No ha pasado ni un año de aquellos hechos y Humberto ha registrado otros episodios que quizás lo convierten en el periodista con visibilidad, que afronta los más diferentes riesgos de la profesión. En la vorágine electoral, hay asuntos que pasan desapercibidos y hoy, he querido referirme a su historia por preocupación personal y por solidaridad.

Semanas antes de la agresión en Ciudad Universitaria, apareció el libro titulado Los suspirantes 2018 (Planeta. 2017), un trabajo de varios periodistas, coordinado por Jorge Zepeda Patterson, que incluye los perfiles de quienes aspiraban a obtener la candidatura presidencial de sus respectivas formaciones políticas, por entonces aun sin definirse. Uno de esos trabajos, el de Padgett, fue sobre el entonces gobernador mexiquense, Eruviel Ávila, actual vicecoordinador de la campaña de José Antonio Meade y virtual senador plurinominal a partir de septiembre próximo.

Padgett obtuvo testimonios que contaban conductas inapropiadas, donde hubo abuso de menores, en reuniones donde presuntamente estuvieron presentes Eruviel y el obispo emérito de Ecatepec, Onésimo Cepeda, los dos hombres más poderosos del municipio más populoso e inseguro del país.

Unknown-2El 30 de enero pasado, el priísta mexiquense demandó a Padgett por daño moral, pretendiendo una indemnización por 10 millones de pesos. El parámetro es absurdo porque no hay reportero que tenga un ingreso para pagar una cantidad así, si en realidad es reportero y vive de su profesión, como en el caso del colega.

Con eso, en apenas seis meses, Humberto había sido objeto de dos de las agresiones más comunes contra periodistas en México: una agresión física y una demanda por daño moral, que en mayo fue objeto de algunas notas periodísticas, un posicionamiento en el Senado llamando a los jueces mexiquenses a no actuar por consigna y, algunas expresiones de solidaridad, que sin embargo, no fueron totales pues en el gremio periodístico, hay que decirlo, es frecuente la mezquindad.

Unknown-3Entre otros momentos y situaciones delicadas, esta semana la vida e integridad de Humberto quedó comprometida por una filtración. La Procuraduría General de Justicia de la Ciudad de México, entregó sus datos personales, incluido su domicilio, a maleantes. Como si fuera consigna, el gobierno de José Ramón Amieva –extensión del de Miguel Ángel Mancera, que convirtió la Ciudad de México en la que más se agrede periodistas– no quiso asumir su responsabilidad en eso ni en la seguridad que necesita, lavado de manos que pretende se haga cargo el mecanismo de protección dependiente de la secretaría de Gobernación, dependencia plagada de mexiquenses correligionarios de Eruviel Ávila.

Riesgos acumulados, por cumplir con la tarea de informar, en un país donde el poder público y el poder criminal tienen fronteras invisibles.

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