Figurita Mexicana
Antonio Reyes Pompeyo

La línea conceptual que demarca la existencia del individuo acaudalado (fruto de la más copiosa caridad paterna) ha evolucionado en los últimos treinta años desde el yuppie, pasando por el insípido fresa, hasta instalarse en nuestra década en el juguetón y bien incorporado mirrey.

Evolución de estricto valor nominal, pues en el mundo de las ideas, donde todo se encuentra unido y entramado en un chiquihuite infinito y perfecto -como decía Platón- el mirrey mantiene su esencia inamovible, acabada, única con el uno, fundida en la totalidad de lo verdaderamente verdadero.

El mirrey ha sido, y es, víctima de las prácticas más injustas que puedan ocurrir en el núcleo familiar: suele dársele mucho y lo mejor y en abundancia. Y eso es injusto para él.

Nace, crece, se reproduce y muere envuelto en la más pura caridad de quien lo cría, pero en su corazón, y en su cabecita ocurrente, cree que los que no tienen es por no se esfuerzan lo suficiente. Es un menesteroso de abundancia y al mismo tiempo un virulento exigente del desempeño del prójimo.

El mirrey bien se pasea en el jardín de Academos después de un viaje sabático y hasta se da el lujo de ser confundido con un esclavo; o bien se matricula en la Anáhuac cuando su viaje de encuentro consigo mismo en Europa ha terminado y, algún día, por equivocación, atiende en la caja del negocio familiar ¡Vaya horror eso de comer con hambre!

El mirrey se encuentra en un mundo en el que los atrevimientos disparatados tienen siempre la fianza de las arcas familiares o los contactos bien aceitados en algún MP.

Un día, cuentan los mausoleos de la filosofía, a Platón se le ocurrió una ciudad perfecta, donde cada uno ocupara su lugar sin queja, donde en la cima del gobierno se encontrara el mirrey filósofo sin más, con guaruras de plata a sus pies y perrada de bronce productiva. En la periferia tendrían que estar los que encontraban el ocio creativo y creador: poetas arrabaleros sin provecho republicano.

En nuestra narrativa actual el mirrey es el único capaz de asumir sin victimización el mote que le da la voz popular, le encuentra gracia y se solaza en la variante del ‘paps’.

El mirrey no está ni estará nunca en la periferia o el arrabal, está en el epicentro y su dicho inunda el espacio con el privilegio que le brinda la admiración general. Es el becerro de oro cautivando al Moisés furibundo. La figura eterna, la idea perfecta, el esclavo que salió de la cueva y regresó a espabilar al resto, ese es el mirrey cubeibi en mano… noche… playa… lluvia… amas

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s