Raudel Ávila

En junio de este año, DC Comics lanzó al mercado el número mil de Action Comics, la revista que vio nacer a Superman y donde se han publicado sus aventuras durante ochenta años. Por supuesto que devoré sus ocho ediciones conmemorativas. Creado en 1938 por Jerry Siegel y Joe Shuster, el personaje de Superman fue pionero e iniciador de la industria de los súper héroes.

Cuando yo era niño, Superman era el único superhéroe que había sido llevado al cine decorosamente. Para muchos en mi generación, Superman no es el trazo de ningún dibujante, sino la cara tímida y amable de Christopher Reeve encarnando a Clark Kent. Esas películas tenían el tema musical más emocionante que se haya compuesto para un personaje de cómics. Obra de John Williams, responsable de grandes acompañamientos musicales en la historia del séptimo arte como la banda sonora de Star Wars, Indiana Jones, entre otros, la música de Superman no tiene competidor posible en las adaptaciones cinematográficas o televisivas de superhéroes. Alguna vez incluso leí los resultados de una encuesta internacional donde decía que el símbolo más reconocido en el mundo no era el de Coca Cola o el de la Cruz Roja, sino la “S” gigante de Superman.

Aún así, Superman nunca fue mi personaje favorito. Ni siquiera uno de mis consentidos. No entendía la gracia de un súper héroe invulnerable que no necesita comer ni dormir. No obstante, el universo de Superman tiene, en mi concepto, el personaje secundario más interesante y divertido de la industria de los comics. Para decirlo rápido, lo mejor de Superman es Luisa Lane. Aunque ya he confesado que mi súper héroe predilecto es el hombre araña, sus intereses románticos siempre me parecieron un poco limitados. Se casó con Mary Jane, una súper modelo frívola e ignorante. Antes, fue novio de Gwen Stacy, una inteligente compañera suya en la universidad. Suena bastante convencional. Por su parte, Batman cedía siempre a la tentación de la mujer fatal y se enamoraba de Gatúbela, una delincuente del fuero común. O bien, Batman caía en las garras de Talía Al Ghul, hija del super villano Ras Al Ghul, un fanático religioso y ambientalista empeñado en purificar al mundo. Batman y Talía incluso engendraron un hijo macabro y homicida, Damian Wayne, quien actualmente funge como el nuevo Robin. Muy lógico para un hombre con trastornos psicológicos tan notorios como Bruce Wayne.

No, Superman tiene una compañera sentimental excepcional, a mi juicio más fascinante y compleja que él. Luisa Lane ni siquiera se sentía atraída por Clark Kent, el alter-ego humano de Superman. Es más, lo despreciaba. Peor, en algunas versiones, Luisa Lane, antes de conocer a Kent, había sido pareja del que se convertiría en su mayor enemigo: Lex Luthor. Luisa es un personaje entrañable en todos sentidos, sobre todo a partir del relanzamiento de Superman en la década de 1980 con los guiones y dibujos de John Byrne. Ella no era, a diferencia de las parejas del hombre araña o Batman, una mujer escultural pero llorona y necesitada de salvación. Buscaba el peligro afanosamente para obtener primicias periodísticas o entrevistas exclusivas. Se arrojaba de un puente para que Superman la salvara y exigirle una declaración sobre alguna de sus aventuras. Luisa era una profesionista exitosísima, no muy atractiva, pero ganadora del Premio Pulitzer de periodismo y una escritora de best-sellers. Crítica del poder, expuso grandes escándalos de corrupción gubernamental y empresarial. Por eso su distanciamiento con el perverso magnate Lex Luthor.

Hija de un general estadounidense, Luisa recibió educación militar. Aprendió artes marciales y boxeo desde niña. Arrogante, arrojada, traviesa, graciosa, cultísima, Luisa Lane era una mujer independiente que no necesitaba a ningún hombre. Cuando conoce a Superman, desconfía de él por su excesivo poder y quiere escribir sobre su lado oscuro. Del otro lado, Luisa humilla constantemente a Clark Kent por su provincianismo y lo impulsa a cultivarse. “Oye Villa Chica, ponte a leer” le dice, en referencia a Smallville, el pueblo del que procedía Kent. “Viaja más Villa Chica” le reclama al hombre que ha volado por todo el planeta como Superman. La dinámica entre esos dos personajes dio lugar a una de las mejores adaptaciones de Superman, la serie de televisión “Luisa y Clark”, donde aparece la actriz que a mi juicio mejor ha encarnado a Lane: Teri Hatcher.

Nunca vemos a Luisa Lane llorando, sufriendo o imaginando necedades. Lane aparece a cuadro leyendo, conversando con grandes científicos o intelectuales, investigando delitos con detectives, visitando exposiciones en museos y cuestionando a los poderosos. No limpia, no cocina, detesta a los niños, pero se conmueve con la injusticia y defiende siempre a los desposeídos. Luisa Lane tampoco sueña con casarse sino con una sociedad más equitativa y la gloria literaria de, un día, escribir la gran novela americana. Todo eso en un comic para niños. Todavía recuerdo la impresión que me dejaron los comics donde descubre la identidad secreta de Superman o la miniserie en comic de la muerte del superhéroe. Cuando Superman le revela su identidad, Luisa Lane no se siente engañada por el secreto de Clark Kent. Le frustra no haber tenido la sagacidad suficiente para descubrirlo por cuenta propia. Cuando el supervillano Doomsday mató a Superman allá en los lejanos años de 1990, Luisa no se pone a llorar por sentirse desprotegida. Extraña a Clark Kent, el periodista con quien compartió crédito en varios reportajes y cuya competencia la hacía mejorar en su trabajo. Quiere ir a cuidar a la gente que Superman ya no podrá proteger.

Luisa Lane es literalmente una caricatura, pero está impregnada de propaganda ideológica liberal. Así la concibieron Jerry Siegel y Joe Shuster, los creadores de Superman, el primer súper héroe de la industria del comic, emblema de los colores y supuestamente los valores de Estados Unidos. Y es que lo más importante de Superman es que el “máximo héroe norteamericano” es un migrante de otro planeta. Algo de lo que nadie quiere acordarse en la era del racismo xenófobo de Donald Trump. Dicen que detrás de todo gran hombre hay una gran mujer. En el universo de los comics, Clark Kent va detrás de una auténtica súper mujer que inspira más valor en los lectores del que puede inspirar un personaje invulnerable. En el octogésimo aniversario de Superman, yo celebro los 80 años de Luisa Lane. Ella pelea por las causas justas sin tener una piel a prueba de balas, pero con un corazón a prueba de miedo. No es un ejemplo para las feministas, sino para todos los niños y niñas del mundo.

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