Aníbal Feymen
La mejor crítica es la que no responde a la voluntad de ofensa, sino a la libertad de juicio. Fernando Sánchez Dragó

Cuando el ser humano ejerce su opinión crítica lo que hace es mostrar su discernimiento sobre un fenómeno determinado, lo cual supone realizar una valoración distinguiendo sus elementos y atendiendo a un criterio personal. El ejercicio de la crítica entonces es una práctica del pensar del sujeto el cual debiera estar siempre al servicio de la transformación cualitativa de la sociedad, lo que implica necesariamente fomentar el debate enriquecedor entre distintas posturas y puntos de vista generando con ello las naturales contradicciones del pensamiento.

Es evidente que no existen los críticos “imparciales” y “objetivos”, pues eso supondría estar fuera de la sociedad ya que las opiniones son resultado de la percepción que se tiene de la realidad producto de los conocimientos adquiridos, de la experiencia vivida, de los ideales y valores, de los sentimientos y las pasiones.

La miserable situación de explotación, saqueo, corrupción, represión e injusticia en que se encuentra nuestro país no está para que algunos “notables” decidan sobre el futuro de nuestra sociedad, por lo que el debate sustentado es una necesidad imperiosa e inaplazable. Por más que se nos quiera convencer, la crítica no es actividad privativa ni de la élite política, ni de los “líderes de opinión”, ni de la academia, se trata de una necesidad vital sin la cual no se puede construir un país más democrático y mejor preparado.

Resulta paradójico que en medio de un cambio de gobierno que a amplios sectores de la sociedad mexicana le han generado tantas expectativas democráticas hoy se pretenda construir una barrera en contra del ejercicio de la crítica: el pensamiento dogmático que, a pesar de la “fiesta democrática”, hoy se pretende erigir como un relevante medio de control social permitiendo sólo a un grupo selecto de opinadores poseer todas las preguntas permitidas y todas las respuestas irrefutables. Inquisidores puntillosos hacia cualquier juicio crítico quienes utilizan como herramienta para impugnar una opinión la humillación pública y las amenazas desde sus posiciones de poder, sean estas grandes, pequeñas o ridículas.

La anterior reflexión la traigo a tema luego de la invectiva a la que ha sido sometido el artículo Los deslices autoritarios de AMLO, escrito por el periodista Arturo Rodríguez García, para el semanario Proceso (Proceso 2176). En dicho texto, Arturo Rodríguez analiza y expone hechos que dan muestra de los errores donde el candidato electo asoma una actitud autoritaria, por falta de cuidado en sus formas. El título del artículo no podría ser más exacto, pues el término “desliz” hace referencia a una “indiscreción involuntaria”, justo como las indiscreciones a que hace referencia el periodista.

Y no podría ser de otra forma. La enorme votación obtenida por AMLO permitirá a la figura presidencial tener un control total de las instituciones de gobierno mexicano lo que, sin duda, representa una tentación autoritaria destacada. Y es en esta dimensión en la que Arturo Rodríguez alerta sobre la necesidad de estar pendientes ante la seducción de pasar por encima de los poderes de la Unión. Desde esta lógica, cantidad de periodistas, intelectuales y académicos han analizado hasta la compulsión, desde hace muchos años, los caminos de la “división de poderes” y el “presidencialismo mexicano”. Desde mi punto de vista, no me queda duda que el artículo del periodista se circunscribe en dichas preocupaciones.

Y es que la preocupación sobre el autoritarismo no es nueva en Arturo. Ya desde su época de corresponsal para Proceso en el norte del país abordó de manera cuidadosa problemáticas como la violencia, la militarización y la violación de los derechos humanos, temas que han trazado gran parte de su ejercicio periodístico y de investigación. El seguimiento a conflictos sociales y la permanente denuncia contra la represión, siempre desde el ejercicio responsable y fundamentado de la crítica, han hecho de Rodríguez una referencia necesaria para entender los entramados del poder político en México. Si hemos mencionado que el criterio y la crítica tienen apoyo en la percepción de la realidad, Arturo ha elegido conocer la realidad de quienes han sido constreñidos por el autoritarismo y la represión.

Sin embargo, hoy con una ligereza pasmosa, desde las redes sociales se han lanzado una serie de vituperios y apercibimientos por parte de una enorme cantidad de opinadores de ocasión poseedores de un discurso menguado que resalta por la ofensa y la descalificación. Un clima de linchamiento aberrante que no busca ni disentir ni polemizar, sino amordazar tajantemente.

Reprocha Federico Arreola, director del portal SDP Noticias, a los editores de Proceso que “no hay ninguna razón para criticar, en este momento, a Andrés Manuel López Obrador. No ha empezado a gobernar –ni siquiera ha dado inicio el periodo de transición– (…)”. Resulta irónico que él recrimine a los editores de Proceso que el periodista Arturo Rodríguez– a quien nunca menciona por nombre, vaya ni siquiera de dirige a él, sino a los editores– opine sobre el presidente electo, pues el propio Arreola ha diseminado sus juicios sobre otros candidatos electos antes de que protesten su nuevo cargo. Entonces, ¿cree Arreola que verter críticas antes de que un candidato electo proteste su cargo es su facultad exclusiva; o el problema es que a quien se critica es a AMLO?

Como quiera que sea, la crítica no sólo es un acto legítimo sino necesario para la construcción de la conciencia de un pueblo que tanto necesita involucrarse activamente en la realidad política del país y no sólo emitiendo un sufragio el primer domingo de julio de cada seis años; aunque a los opinadores ocasionales de las redes sociales o a Federico Arreola no les guste.

No somos simples espectadores taciturnos para que se nos diga que no hay razón para emitir una crítica; tampoco serán Arreola o los opinadores de las redes sociales quienes autoricen el “momento adecuado” en que podamos emitirla.

En este momento de inflexión política y ante la sacralización del próximo presidente es necesario analizar crítica y objetivamente las relaciones de poder y los verdaderos intereses oligárquicos que continúan invulnerables en nuestro maltrecho país; y también son indispensables las opiniones críticas y valientes de quienes van más allá de las apariencias políticas y buscan ofrecer a sus lectores y escuchas elementos para la elaboración de un análisis integral y de un criterio político más certero entre las que se encuentran, sin duda, las de Arturo Rodríguez.

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