Figurita Mexicana
Antonio Reyes Pompeyo

Lo bueno, decía Epicteto, si es además breve es doblemente bueno. Las retículas en que la sociedad se ha volcado para vincularse más allá de lo material, de lo que huele y raspa, nos invitan a rendirnos ante el imperio de la imagen y soslayar el verbo, la palabra.

Hoy, por ejemplo, sin contar el reinado de Pinterest o Instagram, existe la oportunidad de microbloguear, de exponer amplias consideraciones en la brevedad de un chasquido; el chiquitismo de la razón.

Dice el microbloguero (conocido virtualmente como tuitero), que no requiere una plataforma gigantestca si con unos cuantos caracteres le basta para hacerse oír, y cuando le apuran las palabras, improvisa una serie de pensamientos anunciando un hilo de razonamientos, consideraciones, reflexiones o ideas.

Si bien la plataforma del pajarito no es milenaria, el afán por decir con brevedad sí lo es: Heráclito es quizás el más viejo tuitero o aforista de quien se tenga noticia; apodado El Oscuro por su críptico estilo, el contenido filosófico del pensador de Efeso es hoy material perfecto para tuitear, lo mismo que la obra de los filósofos que antecedieron a Sócrates y cuyas aportaciones a la filosofía se recuperaron en sus genéricos proyectos “sobre la naturaleza”.

Pero el tuitero, como tal, es menos hercliteano y más pretencioso, los millones de palabras que nos hemos ahorrado los seres humanos desde el nacimiento del tuiter nos avisan, viendo el vaso medio lleno, que cada tuit es una mala conversación, o una pésima novela menos.

En el vaso medio vacío no nos queda otra que entender que, como decía Eco, las tonterías que antes se guardaban en nuestras íntimas borracheras ahora son material de publicaciones que con frecuencia encuentran foro y aplauso.

La estupidez es viral de nacimiento. La genialidad viaja pesada.

En nuestras tierras, como quizá lo sea en otras con las mismas pesadas losas de la tradición, el tuitero es un espécimen curioso que ha aprendido a llevar una vida virtual con mucha menor precariedad que en este mundo que huele y raspa, el tuitero abunda en juicios, correcciones y demandas; en las calles ese hombre o esa mujer no existe, se desdibuja, desaparece.

Hoy las manifestaciones son nutridas en el hashtag y famélicas sobre el asfalto. El tuitero exige, el ciudadano calla.

El tuitero ha venido a desgarrar una vieja tradición que creía que un aforismo era producto del trabajo sosegado y bien pensado de expresar una consideración amplia en un breve enunciado. Ahora se es breve, políticamente correcto y con ínfulas de exigencia social. Ese es el aforista, el tuitero de nuestra fauna contemporánea

Para más texto del maestro Marco Antonio Reyes Pompeyo visita su blog dando click AQUÍ

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