Aníbal Feymen

Las décadas de los años treinta y cuarenta del Siglo XX representaron un importante ascenso en la lucha y en la organización de la clase obrera mexicana. Ferrocarrileros, electricistas y mineros se establecieron como importantes baluartes en la lucha por la mejora efectiva de las condiciones laborales de las clases trabajadoras del país. Pero, sin duda, quien merece una mención significativa en la historia del proletariado mexicano es el gremio petrolero que, a mediados de la década de los treinta, lograron la unificación obrera y fundaron su organización sindical: el Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana (STPRM).

Siendo muy joven el Sindicato Petrolero se lanzó a una decidida lucha por conquistar un Contrato Colectivo de Aplicación General que consiguieron luego de 13 días de combativa huelga. La huelga petrolera de 1937 cimbró al Estado y a una burguesía acostumbrada a imponer su voluntad explotadora impunemente. Tan fuerte resultó la acción organizada de los petroleros, y la presión que ejercieron contra sus patrones, que su triunfo se convirtió en un ejemplo de combatividad e independencia sindical. Sin embargo, las compañías se inconformaron con el Estado mexicano ante el laudo de la Junta Especial No. 7 que las condenaba a pagar una suma millonaria en salarios y prestaciones e impugnaron esta decisión ante la Corte Suprema quien ratificó la resolución de la Junta. Las empresas petroleras se declararon en rebeldía y la respuesta del Estado, encabezado por Lázaro Cárdenas, fue la expropiación petrolera en marzo de 1938.

La refinada organización proletaria desarrolló la creación de milicias obreras que establecieron la vigilancia de las instalaciones y la maquinaria durante el periodo de huelga. Estas mismas milicias también se aprestaron a luchar en contra de las amenazas imperialistas de invasión avivadas por las trasnacionales Royal Dutch Shell y Standard Oil, quienes finalmente decretaron un boicot contra el petróleo mexicano. Haciendo esfuerzos épicos, los obreros se dieron a la tarea de la construcción de la ahora industria petrolera nacional con un decidido apoyo de los trabajadores ferrocarrileros. El júbilo y el respaldo a Cárdenas en esos momentos fue plausible.

Sin embargo, el Estado no apreció en absoluto la combatividad e independencia de clase que caracterizaba a la organización petrolera y decidió terminar con su autonomía proletaria. La ofensiva la inició el mismo presidente Cárdenas al imponer a los petroleros una reestructuración implementada mediante la reducción de salarios y despidos. Ante la inconformidad del sindicato, en 1940 –después de creada la empresa Petróleos Mexicanos (PEMEX)– el Estado, a través de la Junta, prohibió a los petroleros su derecho constitucional a la huelga, previa campaña de linchamiento en la que se acusaba a los trabajadores de ser culpables de las condiciones en que se encontraba la empresa y afirmando que sus paros laborales afectaban a la nación y obedecían intereses extranjeros. El nuevo gobierno, encabezado por Manuel Ávila Camacho, culminó la fractura y el sometimiento del otrora combativo Sindicato Petrolero. Para 1946 los trabajadores realizaron una nueva huelga que fue duramente reprimida por el Estado. Los dirigentes sindicales fueron despedidos y el charrismo sindical se apoderó del STPRM.

La derrota de los obreros petroleros trajo funestamente consigo la destrucción de la industria petrolera nacional con base en el corporativismo, la corrupción, el contratismo y la represión. Desde entonces diferentes líderes sindicales han hecho del gremio petrolero su feudo particular.

Décadas han pasado y los petroleros mexicanos se han convertido en rehenes de una aristocracia obrera, poderosa y corrompida, estrechamente ligada al priismo más recalcitrante quien ha logrado mantener en la absoluta sumisión a un gremio poderoso y estratégico para el desarrollo económico del país.

Sin embargo, la estrepitosa derrota del priismo y el ascenso de un nuevo gobierno al que grandes segmentos de la sociedad consideran progresista ha traído nuevos aires democratizadores al interior del Sindicato Petrolero. Hoy el STPRM vive una movilización interna inédita en los últimos setenta años donde los obreros petroleros están decididos a terminar con el cacicazgo del déspota y corrompido cacique sindical Carlos Romero Deschamps, y elegir libre y democráticamente a sus representantes gremiales.

Con consignas tales como “respeto a la vida estatutaria”, “voto libre y secreto”, “fuera el charrismo sindical” y “juicio y castigo a Romero Deschamps”, los trabajadores petroleros hacen honor a su pasado de lucha e independencia y ahora están dispuestos a tomar la estructura sindical en sus manos.

Muchos son los grupos que luchan por democratizar las 36 secciones sindicales y el Comité Ejecutivo del sindicato. Algunos de ellos tienen propuestas innovadoras y de avanzada, algunos otros sólo buscan acomodarse para heredar las canonjías que los dirigentes charros han obtenido durante años amparados en la corrupción.

Vale la pena conocer, aunque sea brevemente, a estos nuevos protagonistas de la lucha petrolera que buscan –según dicen ellos mismos– cambiar de fondo la vida sindical de los petroleros y garantizar una verdadera democracia al interior del gremio.

El Movimiento Nacional de Transformación Petrolera propone desterrar al cacicazgo de Romero Deschamps y refundar el sindicato. Su candidata a la Secretaría Nacional es María de Lourdes Cruz Díaz, “Lula”, quien afirma que de ganar la elección se compromete a realizar una limpia de corruptos y a exigir rendición de cuentas, transparencia y austeridad. Trabajadora liquidada de la empresa por represalias de Romero Deschamps, es la única mujer contendiente a la titularidad del sindicato petrolero. Cruz Díaz también afirma que pretende desterrar la corrupción y realizar una auditoría para conocer los bienes materiales que pertenecían al gremio desde los tiempos de Joaquín Hernández Galicia, “La Quina”.

Federico Mora Palacios, petrolero tabasqueño quien también ha sido víctima de los actos represivos del charrismo sindical, es el presidente del Grupo Unido Regeneración Sindical y candidato a la Secretaría Nacional del STPRM, quien ha luchado desde hace años en contra del cacicazgo de Romero Deschamps. Con presencia organizativa en las 36 secciones sindicales, Mora Palacios expresa que lucha por una verdadera democracia sindical y por hacer de PEMEX nuevamente el centro del desarrollo económico del país. Una de sus más notables propuestas es pugnar por una Segunda Expropiación Petrolera la cual ha planteado desde hace años y que, incluso, llevó a su grupo a realizar un éxodo nacional promocionando dicho objetivo.

Para Alianza Nacional Democrática de Trabajadores Petroleros, la lucha contra la privatización de la industria petrolera es uno de los objetivos fundamentales de la estructura sindical. Igualmente, para este grupo, resulta toral evitar el desmantelamiento del propio Sindicato Petrolero lo cual se ha instrumentado a través de despidos masivos de trabajadores, situación que se ha agudizado con la implementación de la Reforma Energética la cual, según consideran, debe ser eliminada. Enemigos declarados de la simulación sindical, han hecho señalamientos críticos a candidatos que hoy se presentan como democráticos pero que en realidad representan la continuidad de la camarilla que respalda a Romero Deschamps. Su candidato al cargo de Secretario General es Juan Carlos Chávez González, petrolero guanajuatense quien desde inicios de este siglo forma parte de la Alianza, de la cual es su actual presidente.

Y, finalmente, nos referiremos a la Coordinadora por la Defensa de Pemex quienes expresan que es necesario un nuevo sindicalismo que contribuya al rescate de PEMEX. Entre sus objetivos se encuentran el rescate de la industria petrolera y su reintegración al servicio de la nación, así como luchar por el encarcelamiento a Romero Deschamps y a los 36 secretarios generales del STPRM por traición a la patria y por el saqueo y entrega de PEMEX a capitales trasnacionales. Se oponen a las reformas estructurales, en particular la energética. Dentro de sus propuestas de mayor avanzada se encuentran la administración y el control obrero de PEMEX.

Si bien es cierto que las agrupaciones que hemos mencionado no son las únicas que luchan por una nueva vida sindical, al menos son las que han tenido mayor presencia mediática y han manifestado una convicción democrática para su porvenir gremial. Sin embargo, también hay candidaturas que representan la continuidad de la antidemocracia, el charrismo y la opacidad. Tal es el caso de Jorge Hernández Lira, antiguo dirigente de la Coalición Petrolera Independiente ligado a viejos caciques sindicales de la Sección 44 quienes fueron desplazados por conflictos mezquinos con Romero Deschamps. Hernández Lira está acusado de defraudar a cerca de 40 mil agremiados con un tramposo programa de credencialización que hasta ahora permanece en la impunidad.

Otros casos de dirigentes corrompidos son Miguel Arturo Flores Contreras, priista inveterado, defensor de la Reforma Energética; y Cecilia Sánchez García, actual senadora del partido Morena, acusada por trabajadores de la sección 47 de pertenecer a la mafia petrolera de Víctor Kidnie de la Cruz, operador cercano a Romero Deschamps. De estos personajes escribiremos en una siguiente ocasión.

Son muchas las expectativas que los petroleros están generando en este momento de cambio sindical. En este contexto, es innegable que el poder absoluto y despótico de Carlos Romero Deschamps ha decaído, situación que se deja ver por esta nueva emergencia democrática en el gremio. Sin embargo, el andamiaje de complicidades y acuerdos turbios que Romero ha construido desde hace años lo hacen ser un sujeto aún con fuerza suficiente para pactar una transición negociada en la cúpula del sindicato. La única forma de evitarlo es la amplia participación de los petroleros en defensa de su estructura sindical y de su fuente de trabajo. Sólo así los obreros petroleros garantizarán el fin del cacicazgo de la aristocracia obrera al interior del STPRM y el advenimiento de una nueva etapa más democrática e incluyente.

Finalmente, el reto para los trabajadores petroleros es muy claro: la única forma de alcanzar una vida laboral democrática es mediante la conquista de su independencia de clase y de la autonomía sindical. Ningún funcionario o gobernante garantizará la estabilidad por la que los petroleros deben luchar, pues su emancipación será obra de su propia lucha o no será. Esta es la tarea impostergable.

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