Raudel Ávila

El filósofo español Fernando Savater cuenta en Mira por dónde: Autobiografía razonada que no recuerda momento más feliz de su infancia que cuando se tumbaba en la cama los domingos para desplegar y leer su colección de tebeos. Es decir, lo que en México llamamos historietas, cuentos o comics. Para mí también es muy difícil despegar mi imaginación de esas maravillosas lecturas infantiles. A la fecha sigo leyendo y coleccionando las aventuras de los personajes que acompañaron mis primeros años.

Archie Andrews, el célebre pelirrojo pecoso, es un personaje creado por John L. Goldwater y Bob Montana en 1941. Era un adolescente más o menos torpe que, acompañado de su amigo Torombolo (Jughead en la versión estadounidense original) cometía tonterías continuamente y hacía reír a la gente con bromas elementales tipo pastelazo en sus pequeñas revistas. En México lo publicaban las extintas Editorial Novaro y Grupo Editorial Vid. En Estados Unidos, Archie Comics es tan importante que en algún punto llegó a ser la compañía de comics más grande del mundo. Archie nunca envejecía pero además, ni siquiera crecía emocionalmente como personaje.

No obstante, Archie fue muy importante para numerosas generaciones de jóvenes, anteriores a las Teen Movies de Hollywood y a las muy dramáticas series televisivas de adolescentes que proliferaron a partir de la década de 1990. Como toda revista de comics, Archie estaba llena de propaganda y pretendía infundir los valores sociales prevalecientes en su época. Para prevenir el aumento del racismo y la xenofobia en poblaciones minúsculas de Estados Unidos, la revista de Archie presentaba un mosaico internacional en una aldea.

A pesar de vivir en un poblado insignificante de nombre Riverdale, Archie era hijo de migrantes escoceses. Adicionalmente, sus amigos procedían de todos los orígenes étnicos: afroamericanos, asiáticos, rubios, morenos, etcétera. Vale decir, el comic pretendía combatir el racismo y promovía la integración multicultural en Estados Unidos.

No solo eso, las historias de Archie impulsaban la tolerancia religiosa, pues había personajes de convicciones metafísicas tan asombrosas como Sabrina, la bruja adolescente, quien, como su nombre lo dice, era una bruja. Más importante aún, a partir de la década de 1960, los lectores encontraban en sus revistas un referente para entender los cambios y experiencias propias de la adolescencia.

Por el lado negativo, la revista también se hacía eco de prejuicios de la época. En una representación absolutamente falsa e ingenua de la adolescencia, Archie Andrews y sus amigos nunca aparecían a cuadro fumando, consumiendo alcohol o drogas. El único comportamiento “indecente” lo registraba el grupo de amigos al devorar una cantidad insólita de malteadas, o bien Torombolo, comedor compulsivo de hamburguesas. Es más, Archie, probablemente el don Juan más promiscuo de la historia de los comics, salía con múltiples mujeres, pero jamás se mencionó el tema de las relaciones sexuales. Al correr de los años, la revista adoptó valores más liberales, reflejo de cambios sociales. El elenco de adolescentes en las revistas empezó a incluir inmigrantes mexicanos y estudiantes homosexuales.

La gracia del personaje de Archie residía en que a pesar de su torpeza y escaso atractivo físico, disponía de un carisma tal que las dos muchachas más bonitas del pueblo, la rubia Betty Rosas (Cooper en la edición original) y la morena Verónica Del Valle (Lodge en Estados Unidos) estaban perdidamente enamoradas de él. El problema era que estas muchachitas se consideraban mejores amigas, y a pesar de eso se disputaban con singular fiereza el corazón de Archibaldo. El dilema de Archie y la tensión dramática de la revista consistía en que nunca lograba tomar una decisión definitiva respecto a quién de ellas prefería como pareja. Por eso, una de las imágenes más representativas del comic es Archie bebiendo una malteada y recibiendo besos en ambas mejillas, uno de Verónica y otro de Betty.

Ahora bien, Betty Rosas era una simpática y dulce muchachita sentimental profundamente enamorada de Archie. Era enternecedora e imposiblemente bien intencionada. Ayudaba a todos en el pueblo como voluntaria en las instituciones de beneficencia, organizaba campañas de limpieza de los parques, cocinaba para los indigentes, cuidaba a los ancianos, etcétera. Era también la mejor amiga de Archie desde la infancia, obtenía las mejores calificaciones de la escuela, jugaba baseball como campeona y compartía con Archie la pasión desmedida por los automóviles. Betty siempre estuvo dispuesta a sacrificarse por sus amigos o por una buena causa. Un personaje aburrido, sin ningún rasgo negativo que la humanizara y hasta un poco estúpida.

Por otra parte, Verónica del Valle es la encarnación por excelencia de la femme fatale del capitalismo. Es el personaje más complejo y fascinante del universo de Archie Comics. Así como escribí en otro texto que lo mejor de Superman es Luisa Lane, considero que lo mejor de Archie es, por mucho, Verónica del Valle. La villana siempre es más interesante. No conozco a nadie que quiera parecerse a Betty. Una amiga me decía que cuando era niña salieron al mercado la línea de maquillaje de Betty y Verónica, pero que en las tiendas se vaciaron los productos de Verónica y se quedaron en exhibición todos los de Betty.

Verónica es la más bonita del pueblo, millonaria, popular y no tiene buenas intenciones. Es egocéntrica a ultranza, insensible, clasista, tramposa, envidiosa, codiciosa, cosmopolita (ha viajado por todo el mundo), habla varios idiomas, posee joyería de colección, un guardarropa lleno de vestidos de diseñador. Tiene mansión, chofer y mayordomo. El papá de Verónica es uno de los magnates industriales más acaudalados de la región. Verónica no tolera la competencia y pretende quedarse para siempre con Archie por la simple satisfacción de ganárselo a Betty.

189387A pesar de ser una muchacha rica mimada, Verónica no es una mujer llorona, cobarde o indefensa. Todo lo contrario. En la reciente y exitosísima adaptación televisiva de Archie Comics, la serie Riverdale (disponible en Netflix), Verónica, caracterizada magistralmente por Camila Mendes, afirma categórica “Verónica Lodge no es una víctima, ni permitirá nunca que la traten como tal.” Cuando un hombre trata de abusar sexualmente de ella, lo derriba al suelo con golpes de defensa personal. Nunca llora. No solo eso, Verónica del Valle es una lectora culta de los clásicos. En uno de sus diálogos más memorables, declara “Yo soy Desayuno en Tiffany´s, pero este pueblo (Riverdale) representa estrictamente A sangre fría”, citando las dos obras maestras de Truman Capote.

No obstante, lo verdaderamente sorpresivo de los guionistas de Archie es que quisieron transmitir un mensaje contra el clasismo. Verónica acude a una preparatoria pública igual que todos los personajes de la historia, para convivir con todas las clases sociales. Si bien Archie fue originalmente un capricho de Verónica, a semejanza de las telenovelas mexicanas, la mujer rica termina enamoradísima del muchacho pobre. En una sociedad como la estadounidense, con reducidísimos índices de matrimonio entre clases sociales distintas, la revista lanzó hace un par de años una miniserie donde Archie se casa con Verónica para desesperación del padre de ésta.

La popularidad de Verónica y el éxito de personaje hizo que no solamente en inglés, sino en español, tuviera su propia revista Especial de Verónica. Los lectores exigían conocer las aventuras y viajes de Verónica, al margen de lo que pudiera ocurrir con Archie, Betty o Torombolo. Se produjeron juguetes, líneas de ropa y hasta joyería inspirada en este personaje. Inclusive una canción memorable, interpretada por un grupo de rock de los años 60, cuyo título Sugar, Sugar se basa en el amor de Archie por Verónica. A la manera de Rico Mc Pato, el Scrooge de Walt Disney, el personaje de Verónica produjo riqueza a sus creadores gracias a una figura ficticia que caricaturizaba todos los vicios del capitalismo.

La perdurabilidad de los comics de Archie a lo largo de 77 años ha dado lugar a las más imaginativas aventuras. Los Simpson, la caricatura televisiva más exitosa de la historia, ha presentado varias parodias de Archie. En el mercado de los comics existe el título Archie conoce a los Ramones, Archie vs Depredador, Archie conoce a Punisher, Archie conoce a las tortugas ninja, Betty y Verónica contra Hiedra Venenosa y Harley Quinn. Actualmente se está publicando la miniserie Archie conoce a Batman. Caricaturas, radionovelas, películas y series de televisión dan cuenta de la popularidad permanente de un grupo de personajes que han sabido adecuarse a los tiempos.

Cuando era niño, me costaba encontrar sentido en las historias de Archie, desprovistas de continuidad regular y desarrollo de los personajes. En la actualidad es una de mis publicaciones predilectas. Hace unos años, la empresa Archie Comics decidió relanzar su línea de revistas desde el número uno para contar una historia seriada de la vida preparatoriana de estos personajes. El pueblo ya no es una idílica aldea de la provincia estadounidense, sino una pequeña ciudad con problemas contemporáneos como pandillerismo, narcotráfico, drogadicción, violencia familiar, racismo, clasismo, xenofobia, homofobia, delincuencia y deserción escolar. Son los mismos personajes de siempre, con una capacidad de adaptación admirable. Los guiones y dibujos son obra de algunos de los mejores artistas del medio de los comics. Esta nueva versión de los personajes dio lugar a la exitosa serie televisiva de Riverdale.

No obstante, sigue circulando Archie Classic, una línea de revistas que cuentan historias al viejo estilo, con la ingenuidad y humor fácil de otro tiempo en las tiras cómicas de los periódicos dominicales. A veces me pregunto cómo se las han arreglado Archie y sus amigos, pese a sus rasgos acartonados, para mantenerse vigentes tanto tiempo en la preferencia popular. Es posible que sus creadores y guionistas hayan encontrado la clave en la nostalgia de un público ansioso por idealizar la juventud de sus años adolescentes. La inocencia de los primeros romances, el desinterés de las amistades preparatorianas, las dificultades de madurar y la supuesta bondad de los pueblos pequeños apelan a una reserva sentimental presente en muchísimos lectores. Lo cierto es que Verónica y Archie, como pareja o por separado, con todos sus clichés, han conquistado la simpatía y el cariño de millones de personas alrededor del mundo. ¿No es eso lo que quisiera cualquier creador de personajes?

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