Alejandro Robledo F.  / Imágenes: Archivo Proceso

“Superarán otros hombres este momento gris y amargo… sigan ustedes sabiendo que

mucho más temprano que tarde de nuevo se abrirán las grandes alamedas por donde

pase el hombre libre para construir una sociedad mejor…” Salvador Allende.

 Salvador Allende intentó ser presidente en cuatro ocasiones, en plena guerra fría entre la URSS y EUA. Relata Pablo Neruda en sus memorias, que las campañas de los candidatos que antes habían triunfado sobre Allende tuvieron una inusitada violencia anti-comunista, que fueron orquestadas por la prensa y radio para infundir terror en la población en contra de Allende. Esa propaganda decía cosas como que las monjas serían fusiladas, los niños empalados por guerrilleros parecidos a Fidel Castro; las niñas serían enviadas a Siberia, como hacían los estalinistas, y demás absurdos. Años después se supo, mediante una Comisión Especial del Senado de EUA, que la CIA invirtió 20 millones de dólares para esa campaña de miedo contra Allende.

Fue hasta 1970 que el Dr. Allende obtuvo la victoria en las elecciones presidenciales gracias a la “Unidad Popular”, organización de vanguardia y frente de masas que conjuntó a la mayoría de organizaciones, movimientos, sindicatos, partidos socialistas y comunistas de Chile. Después del triunfo, Allende se dispuso a construir el socialismo en su país.

Allende era un dirigente social y popular, que sin haber salido del proletariado era producto de la lucha de clases. Un marxista que entendía la realidad y trataba de transformarla. Un hombre cuya misión estaba guiada por el intelectual colectivo.

Con el apoyo de los sectores populares, organizados en sindicatos, centrales campesinas y federaciones de jóvenes estudiantes, Allende implementaría reformas encaminadas a conseguir estos cambios, como la reforma agraria con la cual se desamortizaron las tierras que eran acaparadas en un 85 por ciento por los terratenientes que representaban el 7 por ciento de la población. Además, implementó el control de los precios para evitar inflación, que apareció debido al boicot económico de EUA.

El antecesor de Allende en la Presidencia, Eduardo Frei, había nombrado a Radomiro Tomic embajador de Chile en EUA para la renegociación de los contratos de explotación de cobre con las empresas norteamericanas de cobre, la principal riqueza de Chile. Esta renegociación fue en desigualdad de condiciones, pues no hubo determinación del gobierno de Chile para nacionalizar el mineral, una exigencia del pueblo chileno. El resultado de la renegociación con los consorcios Anaconda Copper Company y Kennecot fue desastroso y provocó a la larga, la crisis económica que heredarían al gobierno de Allende.

Allende era un demócrata que sabía que la soberanía nacional era fundamental para lograr una Patria generosa y justa, y que sus recursos naturales serían la herramienta de emancipación que requería. Por ello nacionalizó las empresas mineras que monopolizaban la explotación del zinc, el cobre y salitre.

Todo lo anterior provocó el descontento del gran capital extranjero y la derecha chilena, que se reagruparon en contra del Presidente Allende, pues las medidas económicas atentaban contra los intereses económicos foráneos y los de la oligarquía local que los administraba.

A la reacción también se unió la iglesia católica chilena, con sus grupos de extrema derecha, sus asociaciones de jóvenes, y la democracia cristiana con su “Falange Nacional”, heredera del ideario de la Falange Española de Primo de Rivera.

Estos grupos se unieron al ala golpista del ejército chileno y de la policía nacional, organizados bajo el mando del general Augusto Pinochet, que era el segundo hombre en jerarquía después del general Carlos Prats. Prats era un hombre leal a Allende que había sofocado antes intentos golpistas como el llamado “Tanquetazo” y la sublevación de mandos del ejército. Prats al poco tiempo tuvo que renunciar por las presiones de la derecha y en su lugar ascendió el general Augusto Pinochet, lo que fue el inicio de lo que sería el golpe de estado.

Pinochet y la mayoría de los altos mandos militares que perpetraron el golpe estaban ubicados en esas posiciones por las presiones de la derecha, con el argumento de detener la crisis y manifestaciones donde ya había habido violencia. Esta crisis fue la que la oligarquía y los grupos económicos del exterior provocaron desde antes del gobierno de Allende y al inicio de su mandato, por el descontento que generaron las políticas socialistas y populares.

Neruda relata una confesión que le hicieron en ese entonces sobre que, Andrés Zaldívar, Ministro de Hacienda del Frei (presidente antecesor de Allende) había mostrado los documentos que daban cuenta de la situación de quiebra en la que estaba Chile antes de Allende. Un mes después de elegido Allende y antes de que juramentara el cargo de Presidente, el ministro Zaldívar anunció el inminente desastre económico en el que se encontraba Chile.

Actualmente los voceros de la derecha latinoamericana siguen atribuyendo esa crisis económica, al gobierno socialista de Allende, tergiversando los hechos. Las crisis también fue parte de la conspiración de la derecha, que con apoyo de la CIA y los sistemas de seguridad de Estados Unidos planearon el golpe que se consumaría el 11 de septiembre de 1973.

La intervención de Estados Unidos en el Golpe de Estado en Chile se documenta con los archivos desclasificados del ´Archivo Nacional de Seguridad´ de EUA (entregados a Chile; muchos de los cuales se encuentran en el Museo de la Memoria y los DDHH en Santiago de Chile) que revelan, entre otras cosas, transcripciones de conversaciones de Nixon, presidente de EUA en ese entonces, el Asesor de Seguridad Nacional Henry Kissinger, Jesse Helms director de la CIA y el Secretario de Estado William Rogers.

Por ejemplo, en 1970, semanas antes de iniciar el gobierno de Allende, Nixon ordenó a la CIA “que evitara que Allende asumiera el poder, o lo derrocara”, mientras Rogers advertía que “era un peligro permitir el gobierno de un presidente comunista en Chile”. La CIA y Henry Kissinger comenzaron una intensa campaña para derrocar a Allende, “no podemos permitir que Chile se vaya a las alcantarillas” le dijo Kissinger al director de la CIA Jesse Helms.

No hay que pasar por alto que Kissinger era el estratega de las operaciones y grupos paramilitares de contrainsurgencia para acabar con los movimientos reivindicatorios en el mundo. Como Operación Gladio en Europa occidental, el RENAMO de Mozambique y otros que establecieron dictaduras genocidas de África para impedir el proceso de independencia y descolonización de la región.

Chile fue el laboratorio para ensayar lo que en 1975 se llamó “Operación Cóndor”: un plan de contrainsurgencia elaborado por Henry Kissinger para la región Suramericana que funcionaba en coordinación con los sistemas de inteligencia y militares de las dictaduras de esta parte del continente, para reprimir movimientos y asesinar líderes populares en la década de los 70. Fue una operación continental que promovía el terrorismo de estado y el control político de los gobiernos por Estados Unidos.

timthumb.phpEl golpe de estado se consumó con la sublevación militar y el apoyo de la oligarquía y la iglesia; como la mayoría de los dictadores, Pinochet fue apoyado fervientemente por la iglesia católica, lo que ha sido un común denominador de los dictadores fascistas: Mussolini, Videla, Franco.

Augusto Pinochet al mando del Golpe ordenó la toma a sangre y fuego del palacio de “La Moneda” y su bombardeo, “que evocaba a los de la aviación nazi” dijo Neruda. Adentro del Palacio se encontraba el presidente Salvador Allende junto a sus más leales compañeros. Allende resistió estoicamente el ataque empuñando un fusil y defendiendo su gobierno hasta que se consumó la traición y su asesinato.

Relataba Neruda sobre la muerte de su gran compañero Allende, que “La versión de los agresores es que hallaron su cuerpo inerte, con muestras visibles de suicidio. La versión que ha sido publicada en el extranjero es diferente. A renglón seguido del bombardeo aéreo entraron en acción los tanques, muchos tanques, a luchar intrépidamente contra un solo hombre: el Presidente de la República de Chile.”

 Los años siguientes al golpe de estado en Chile, Suramérica vivió una época de sangrientas dictaduras. En Chile, el golpista Pinochet hizo de un país libre un país en donde el secuestro, detención y represión de la disidencia era parte de la política de terror del gobierno de la Junta Militar hasta su fin en 1990. La Junta suspendió la Constitución, y abolió los derechos civiles de los chilenos. Hoy día, las madres chilenas siguen reclamando que les regresen a sus hijos desaparecidos por la dictadura de Pinochet.

Salvador Allende murió con un fusil en la mano, fusil que le obsequió años antes el Comandante Fidel Castro con el mensaje de que armara al pueblo, “No olvides por un segundo la formidable fuerza de la clase obrera chilena y el respaldo enérgico que te ha brindado en todos los momentos difíciles; ella puede, a tu llamado ante la Revolución en peligro, paralizar los golpistas, mantener la adhesión de los vacilantes, imponer sus condiciones y decidir de una vez, si es preciso, el destino de Chile”, le dijo Fidel a Allende.

Mucho se ha cuestionado por qué Salvador Allende no le entregó las armas al pueblo, más aún cuando algunas organizaciones y partidos de la Unidad Popular se las pedían para defender al Presidente y hacer respetar la Constitución. Armar a los obreros, estudiantes y campesinos era la otra vía que Allende no quiso transitar, porque Allende fue como lo escribí Benedetti:

“Para matar al hombre de la paz tuvieron que congregar todos los odios, los aviones y los tanques… tuvieron que imaginar que era una tropa, una armada, una hueste, una brigada…

pero el hombre de la paz era tan sólo un pueblo…

para vencer al hombre de la paz tuvieron que matar y matar más para seguir matando…

para matar al hombre que era un pueblo tuvieron que quedarse sin el pueblo…”

 Allende el marxista idealista, fue eso, un hombre de paz…

 

Nota del autor:

Este 11 de septiembre se cumplen 45 años del golpe de estado en Chile, mediante el cual se derrocó y asesinó al Presidente Salvador Allende. Hace años escribí parte de este texto que ahora retomo como parte de este artículo de recuerdo del primer presidente marxista electo en el mundo por el voto popular.

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