Aníbal Feymen / Imagen destacada: ACNUR

Primer artículo de la serie con la que denunciamos el genocidio que potencias imperialistas comenten contra el pueblo de Yemen y que la comunidad internacional, a través de su silencio y de su respaldo a la coalición agresora, avala la violación a la autodeterminación de los pueblos y la desaparición de todo marco legal en materia de guerra. Asimismo, pretendemos develar los objetivos geoestratégicos de este ataque exterminador.

 

Primera Parte

Una fastuosa ceremonia se desarrollaba en el estadio de futbol Luzhnikí de la ciudad de Moscú, escenario inaugural del Mundial de Futbol Rusia 2018. Ese jueves 14 de junio, ante 80 mil espectadores, la mirada adusta del presidente ruso Vladimir Putin le delataba satisfecho del inicio de la justa deportiva que dejaría a su gobierno ganancias económicas por 782 millones de dólares. Junto al gobernante ruso se encontraba el Príncipe heredero de Arabia Saudita, Mohamed Bin Salmán, invitado de honor en el partido inaugural.

Mientras Bin Salmán departía alegremente con Putin y miraba despreocupado el partido entre su selección y la de Rusia, su ejército emprendía un colosal y sorpresivo ataque militar contra el pueblo yemení. Ese día, la coalición bélica liderada formalmente por Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos –pero asesorada y armada por el gobierno de Estados Unidos y por la entidad sionista de Israel– decidieron invadir el puerto de Al-Hudayda, lugar de ingreso de más del 70% de alimentos y ayuda humanitaria a Yemen y que se encontraba en control del Movimiento Popular Yamení Ansarolá desde el año 2015.

La captura Saudí del puerto y ciudad de Al-Hudayda se convirtió en la operación militar más grande en los más de tres años de agresiones que la coalición liderada por Arabia Saudita ha cometido contra el pueblo de Yemen. Aviones y barcos bombardearon y estrecharon el cerco a la ciudad y al aeropuerto. Los combatientes de Ansarolá y soldados del ejército de Yemen que se les unieron no daban tregua; tanto en el bando de los invasores como de la resistencia comenzaron a aparecer los muertos por decenas… finalmente, el puerto de Al-Hudayda cayó en manos de la coalición ocupante saudí.

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Imagen: Indymedia

La agresión a Yemen es un genocidio planificado por el régimen criminal de los Al-Saud desde el año 2015. Más de 170 mil ataques –el 90% de éstos a objetivos civiles–, más de 70 hospitales destruidos, 400 centros de salud que no pueden operar por falta de medicamentos e insumos debido al bloqueo de Arabia Saudita apoyado por Estados Unidos, Inglaterra, Emiratos Árabes Unidos y el régimen sionista israelí; más de 45 mil víctimas entre heridos y muertos, más de 13 mil yemeníes asesinados por las bombas saudíes, cerca de 3,500 niños muertos por la aviación y los cañones del régimen Saudí, 22 millones de yemeníes al borde de una hambruna inédita en la historia de la humanidad. Una catástrofe humanitaria que, de acuerdo con la UNICEF, afecta a 11 millones de niños.

Como podemos ver a la luz de tan funestos datos, desde hace más de tres años se impuso a Yemen un bloqueo que afecta la distribución de alimentos, combustible y la ayuda humanitaria –incluyendo la enviada por la ONU– en el marco de una estrategia de guerra de invasión y aniquilamiento caracterizada por sistemáticos y masivos bombardeos con armas prohibidas contra la población civil, contra lugares históricos, escuelas, hospitales, centros religiosos así como la destrucción de la infraestructura que va desde carreteras hasta las centrales eléctricas, pasando por las instalaciones que garantizaban el tratamiento y distribución de agua.

Esta violenta y criminal agresión se comete contra un país de más de 20 millones de habitantes, carente de defensas antiaéreas que lo hacen en extremo vulnerable a los bombardeos de la moderna aviación saudí. Además, en esta guerra de agresión son violentados todos los principios del derecho internacional humanitario, los mismos que paradójicamente invocan los órganos de la ONU, los gobiernos, los medios de prensa occidentales y las organizaciones no gubernamentales, pero que en este caso los han dejado pasar por alto haciéndose nefastos cómplices de este genocidio.

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Imagen: Un niño sobre los escombros de su casa tras bombardeo. ACNUR

La República de Yemen es un país situado al sur de la Península Arábiga, rodeado por el Mar Rojo, el Golfo de Adén y el Mar Arábigo detenta una posición geopolítica privilegiada en la región de Medio Oriente. Su capital es la ciudad de Saná y poseé puertos marítimos importantes para el comercio mundial de hidrocarburos como son Al-Hudayda y Adén; por las costas yemeníes transita el 40% de la producción petrolera mundial.

Yemen es el país más pobre de la península con una economía muy atrasada. Sin embargo, recientes hallazgos de petróleo y gas lo han hecho un país productor. El suelo yemení contiene notables reservas de gas natural a las cuales las grandes petroleras trasnacionales norteamericanas ya han puesto atención, desde luego.

La República de Yemen es un país relativamente nuevo, surgió en 1990 con la unificación de la República Árabe de Yemen en el norte, y la República Popular Democrática de Yemen, al sur. Sin embargo, la convivencia entre las dos regiones yemeníes nunca ha sido armoniosa. En 1994 una breve guerra civil logra imponer la hegemonía del norte.

El presidente Ali Abdullah Saleh gobernaba Yemen con mano dura desde 1978; pero en el año de 2011 estallaron grandes protestas callejeras contra la pobreza, el desempleo, la corrupción y el intento de enmendar la Constitución y eliminar el límite en el mandato presidencial convirtiéndolo, de facto, en presidente de por vida. Las masivas movilizaciones populares lograron desalojar del poder a Saleh quien, el 22 de noviembre de 2011, renunció al cargo de presidente. Finalmente, en febrero del año siguiente, Saleh transfirió el poder a Abd Rabu Mansur Hadi.

Desde un principio, Mansur Hadi se convirtió en un presidente servil a los intereses saudíes en la zona situación que generó la repulsa popular contra su gobierno. En septiembre de 2014 inició un levantamiento popular contra el gobierno de Mansur Hadi. Los manifestantes marcharon hacia la Oficina de Gabinete en la capital Saná donde fueron recibidos a balazos por las fuerzas de seguridad del Estado. Esta dura represión trajo como consecuencia la intensificación de las protestas por parte del movimiento popular yemení.

En enero de 2015, Hadi se rindió ante las masivas manifestaciones populares y anunció su renuncia. El parlamento se negó a aceptarla por lo que, de manera simultánea, manifestantes tomaron el palacio presidencial y proclamaron la disolución del parlamento. Hadi fue puesto bajo arresto domiciliario. Un mes después el depuesto presidente es liberado y trasladado a la ciudad de Adén donde afirma que renunció bajo coacción. En marzo Hadi huye a Arabia Saudita. Ese mismo mes el gobierno de Riad inicia la campaña militar contra Yemen con el objetivo inmediato de restaurar el gobierno de su aliado Abd Rabu Mansur Hadi.

Tres años y medio después de iniciada la agresión Saudí contra Yemen, Hadi sigue fugitivo y el Movimiento Popular Yemení Ansarolá gana más fuerza y apoyo popular día con día.

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El príncipe saudí Mohammad bin Salman bin Abdulaziz Al Saud

Hacia el final del partido inaugural del Mundial de Futbol Rusia 2018 el Príncipe heredero de los Saud, sentado a la diestra de Putin, observa divertido el quinto gol de la selección rusa contra el equipo nacional de Arabia Saudita. Una derrota que poco significaba para Bin Salmán, pues ese mismo día sus tropas intensificaban el bloqueo total contra Yemen y daba una vuelta de tuerca más a la anhelada aniquilación de la resistencia popular yemení mediante los bombardeos inmisericordes y una crisis humanitaria sin precedentes que seguía cobrando la vida de miles niños mutilados y hambrientos. Mientras el genocidio se anunciaba infausto en Yemen, la ONU, sus organismos, los gobiernos y los medios de comunicación del mundo guardaban un silencio sepulcral ante la atroz barbarie. Finalmente, en ese momento el único grito que el mundo podía lanzar desquiciadamente –el único que le interesaba realmente– era el de gol.

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