Aníbal Feymen

Tercer artículo de la serie con la que el autor denuncia el genocidio que potencias imperialistas comenten contra el pueblo de Yemen y que la comunidad internacional, a través de su silencio y de su respaldo a la coalición agresora, avala la violación a la autodeterminación de los pueblos y la desaparición de todo marco legal en materia de guerra. Asimismo, devela los objetivos geoestratégicos de este ataque exterminador.

Tercera Parte

 

La prolongada crisis que ha experimentado el capitalismo en los últimos años y que se caracteriza por la caída de la tasa de ganancia y, con ello, la desvalorización de las mercancías y su sobreacumulación –como explicamos en la entrega anterior– exige a la gran burguesía imperialista establecer acciones a nivel mundial tendientes a paliar sus negativos efectos. Así, una de las soluciones para reactivar los ciclos de acumulación e imprimir un nuevo dinamismo productivo y comercial al modo de producción se encuentra en la industria de la guerra.

Hemos mencionado que la guerra es esencial para la subsistencia del capitalismo en cuanto a que ésta permite la destrucción de capital sobrante en todas sus formas con la finalidad de restablecer las condiciones óptimas para un nuevo ciclo de acumulación. Desde luego que este proyecto imperialista es una aspiración de largo plazo. Pero el desarrollo de la guerra también reditúa formidables ganancias a la gran burguesía oligárquica con el desarrollo del Complejo Industrial-Militar.

El Complejo Industrial-Militar no es otra cosa que los intereses económicos de los grandes corporativos de la industria castrense aplicados al armamentismo y a una política de expansión imperialista que ejecutan con la complicidad del poder político. Para abrir nuevos mercados de armamento, el Complejo Industrial-Militar impulsa el desarrollo de nuevos conflictos militares y la perdurabilidad de las guerras que se desarrollan en la actualidad y que siempre padecen los países de economías dependientes, como en el caso del asimétrico conflicto en Yemen. Estos mercados de guerra son sostenidos con el establecimiento de contratos de aprovisionamiento de armas y pertrechos militares comercializados, inescrupulosamente, con todas las partes en conflicto.

La guerra en Yemen cumple este papel de estructurador del maltrecho sistema capitalista. De hecho, todas las guerras que el imperialismo ha implementado en Medio Oriente sirven para este propósito. Oficialmente Estados Unidos no participa en la destrucción que Arabia Saudita desata en Yemen; empero, la compañía estadounidense Liberty Global Logistics –por ejemplo– ha escogido el puerto italiano de Livorno para mover sus enormes barcos atestados de armamento en línea directa hacia el Golfo de Aqaba, en Jordania, y Yedda, corazón comercial saudí, donde el imperialismo anglosajón ha establecido el denominado “Programa de Seguridad Marítima” que, mediante la asociación de grandes corporativos privados con el Estado norteamericano, garantiza a Washington una poderosa flota militar de propiedad privada con tripulación e insignias del gobierno de Estados Unidos. Livorno ha sido el puerto que el Departamento de Defensa ha escogido para el comercio de su Complejo Industrial-Militar y para el establecimiento de su programa militar pues está conectado con Camp Darby, la base logística norteamericana en Italia que garantiza el aprovisionamiento castrense en las áreas del Mediterráneo, de Medio Oriente y de África.

Camp Darby representa el almacén bélico más grande de Estados Unidos destinado a Oriente Medio. En este lugar se encuentran reunidas ingentes cantidades de bombas y misiles para aviones de guerra y los paquetes de instalación rápida de aeródromos en zonas de combate, lo cual se puede enviar con prontitud a los escenarios bélicos. Cabe decir que de ese lugar salieron las bombas que, en su momento, destruyeron a Irak, a Yugoslavia y a Libia. De ese mismo lugar proceden las bombas con las que Arabia Saudita masacra a miles de yemeníes y destroza sus ciudades.

Estados Unidos es una máquina de guerra que tiene un presupuesto de defensa de más 480 mil millones de dólares lo que equivale al 45% del gasto militar mundial; en este contexto, los frecuentes anuncios sobre venta de armas a la región de Medio Oriente da aún más impulso a un multimillonario negocio que permite a esta industria tener ganancias exorbitantes. Enormes contratos de venta de armamento que Estados Unidos ha firmado con Arabia Saudita y sus demás aliados en el Golfo Pérsico, así como con Egipto e Israel, representan la expansión económica de la poderosa industria de la defensa que, desde luego, aprovecha las pugnas geopolíticas para sacar ventaja. En los últimos meses, el gobierno norteamericano ha cerrado acuerdos comerciales con Arabia Saudita por venta de armamento por un valor de 110 mil millones de dólares.

Pero en el explosivo escenario de Oriente Medio donde “llueven” armas, éstas no sólo proceden de Estados Unidos. Por ejemplo, el gobierno español firmó contratos por suministro de armamento a Arabia Saudita por 24.2 millones de Euros en el año de 2015, justo en el inicio de la ofensiva saudí contra Yemen. El régimen teocrático-dictatorial de la Casa de los Saud se ha convertido en el mayor cliente de la industria militar española con 447.6 millones de Euros.

Por su parte, Rusia ha vuelto a entrar con gran fuerza a la competencia en la venta de armas y con ello se constituye como la segunda potencia imperialista en la circulación de material bélico. La industria armamentista rusa se ha restablecido en los últimos años recuperando viejos mercados perdidos e, incluso, compartiendo o disputando contratos en zonas de influencia norteamericana. Punto de referencia de la nueva política comercial del Kremlin es el establecimiento de contratos de suministro de armamento con Qatar, Jordania y, desde luego, con el verdugo del pueblo yemení, Arabia Saudita.

También otras potencias imperialistas como China, Gran Bretaña y Alemania son privilegiados proveedores de armas y pertrechos a la monarquía saudí, quienes gastan millones de dólares en la compra de material bélico con la finalidad de imponer a un gobierno “amigo” en el conflictivo Yemen.

Los poderosos intereses económicos y políticos del Complejo Industrial-Militar no tienen otro objetivo que fortalecer sus negocios y enriquecerse con ellos. Pero saben bien que con la bonanza en sus operaciones comerciales también permiten que la caída general de la ganancia sea paliada con las grandes utilidades que deja este funesto negocio multimillonario y que permiten otorgarle dinamismo al ciclo de acumulación. Como hemos visto, uno de los grandes consumidores de armamento del imperialismo es Arabia Saudita; y este rol lo puede garantizar todo el tiempo que dure su criminal intervención contra el pueblo de la República de Yemen. Sin duda, el interés de las grandes potencias es que esta guerra dure lo suficiente para renovar el emergente patrón de acumulación sin grandes turbulencias comerciales y financieras que pongan en riesgo la acumulación ampliada de capital, no importa si esto le cuesta la vida a más de 11 millones de niños que día a día sobreviven a la más feroz hambruna que haya conocido la humanidad.

Finalmente, lo que nos corresponde desde nuestros propios espacios de opinión y organización es posicionarnos firmemente contra el negocio transnacional de la venta de armamento realizado por el imperialismo y su Complejo Industrial-Militar, denunciar enérgicamente al régimen dictatorial de Arabia Saudita quien desata una infame matanza que, con el beneplácito de la mayor parte de los países occidentales, está desangrando cruelmente a Yemen a través de bombas y de una crisis humanitaria sin precedentes.

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