Por Raudel Ávila

House of Cards, Game of Thrones, Los Soprano, Los años maravillosos. Numerosos críticos de espectáculos han dicho que alguna de éstas es la mejor serie de televisión de todos los tiempos. En mi opinión, se equivocan rotundamente. La más grande experiencia televisiva que he experimentado se llama Buffy La Cazavampiros. No puedo recordar otro programa que me haya mantenido en suspenso durante tantas semanas, ansioso de sorprenderme con su final de temporada o añorando afanosamente el inicio de una nueva. Este año, Joss Whedon, el brillante creador del personaje de Buffy, guionista de los mejores episodios de la serie, declaró que prepara una versión moderna para los públicos juveniles contemporáneos. El anuncio emocionó a muchos, decepcionó a otros tantos, pero generó una tremenda expectativa en los círculos de seguidores de la ciencia ficción, fantasía, comics.

Buffy La Cazavampiros fue originalmente una película que pasó sin pena ni gloria por los cines, con un reparto del que nadie quiere acordarse. No obstante, en 1997, Whedon relanzó el concepto como serie de televisión con un elenco nuevo y completamente desconocido. El éxito fue contundente. A lo largo de siete temporadas, transmitidas entre 1997 y 2003, Sarah Michelle Gellar, la actriz que encarnó a Buffy, conmocionó a los espectadores permanentemente. ¿Qué es Buffy La Cazavampiros? Joss Whedon lo ha explicado como una inversión del concepto clásico de las películas de terror. En lugar de la dama rubia indefensa y estúpida, amenazada constantemente por las huestes de Drácula, se trata de una adolescente dotada de fuerza sobrenatural, insegura, pero elegida por un consejo de ancianos en los inicios más remotos de la historia humana para combatir a las fuerzas del mal. Sí, suena ridículo. A pesar de lo anterior, el relato está tan bien diseñado, contado e interpretado, que se convirtió, posiblemente, en la más grande creación de la cultura pop estadounidense de la década de 1990.

“Cada generación nace una” era el mantra permanente de la serie. Aludía a que solo puede haber una Caza vampiros en todo el planeta tierra, y únicamente cuando muere en cumplimiento de su deber, la magia opera para activar las habilidades sobrenaturales de una nueva cazadora. Frente a la población de vampiros, demonios, duendes, fantasmas, espectros y brujas enemigos de la humanidad, un grupo de hechiceros africanos de la prehistoria habilitó una adolescente, casi niña, para defender a la raza humana. Este planteamiento tan elemental sirve de base sólida para un cuento fantástico. Whedon ha reconocido la inspiración decisiva de los caza fantasmas para el aspecto sobrenatural de la serie. También ha declarado que le encantaba el hombre araña y por eso decidió que su heroína fuera una adolescente. No un adulto intelectual y físicamente maduro, sino un individuo como Peter Parker, estudiante de preparatoria, saturado de las inseguridades y complejos propios de esa edad. En repetidas ocasiones, Buffy le rinde homenaje al hombre araña con la frase “mi sentido arácnido está vibrando.” Buffy es una adolescente, sí, pero muchísimo más importante que eso, es una mujer.

La figura destinada a salvar al mundo no era un macho musculoso, sino una muchachita norteamericana sin pretensiones intelectuales, abrumada por problemas de ansiedad cuyos intereses eran los propios de su edad: aprobar sus materias de preparatoria, tener un novio guapo que se pareciera a los galanes del cine y estar en el equipo de porristas. Estamos hablando de finales de la década de 1990, cuando el activismo político, social y cultural de la entonces primera dama de Estados Unidos, Hillary Rodham Clinton, exigía a los poderes fácticos de su país que apoyaran sus campañas feministas.

Hollywood, la más poderosa maquinaria de propaganda política de la historia, concebida por el Presidente Woodrow Wilson para hacer proselitismo fílmico favorable a la causa estadounidense durante la Primera Guerra Mundial, tomó nota de los intereses de Hillary Clinton. La industria cinematográfica siempre ha dependido de sus buenas relaciones con el poder. De pronto, en las películas y series de televisión, las mujeres ya no aparecían como inseguras, dependientes, ignorantes y físicamente débiles. Las amas de casa no se presentaban como el referente de pareja al que debía aspirar un hombre. Se trataba de retratar figuras femeninas profesionalmente exitosas, plenamente seguras de sí mismas, “empoderadas” como dicen ahora. Buffy se inscribe en estas premisas, pero las trasciende y supera el acartonamiento.

01bbc0a43c20cf393befd989f9cb0ee9Buffy no es una mujer perfecta, sino una jovencita necesitada del cariño y la aprobación de sus amigos, un grupo de adolescentes que se hacen llamar “La pandilla Scooby” en referencia a Scooby Doo, por su enfrentamiento con monstruos sobrenaturales. Por supuesto que Buffy jamás pidió ser elegida como la cazadora, se trata de una especie de maldición ancestral que determinó desde el principio de la historia cuáles mujeres habían de proteger a la humanidad. Es más, muchas veces Buffy trata de renunciar a su condición de elegida, pues sabe muy bien que no puede haber sino un final para las cazadoras: morir asesinadas a manos de un vampiro antes de alcanzar la madurez. No quiere sus dones especiales, anhela una vida convencional en un pueblucho desconocido de California. Yo no sé si Joss Whedon conoce el viejo dicho mexicano de “pueblo chico, infierno grande”, pero su programa parece pensado a partir de esa ocurrencia, pues Sunnydale, el pueblito ficticio donde vive Buffy, resulta que es en realidad “la boca del infierno.” Es decir, la puerta de acceso de las amenazas del mundo sobrenatural al planeta Tierra.

En suma, la protagonista de esta serie es una adolescente y vive en una población cualquiera, desprovista de cualquier atractivo turístico, imposible de encontrar en un mapa. Esto rompe decisivamente con el lugar común del universo de los superhéroes, avecindados siempre en una metrópoli enorme y emocionante como Nueva York. Podía ser genuinamente cualquier muchacha en el mundo. De ahí se desprende, a mi juicio, el éxito descomunal de la serie. Millones de televidentes adolescentes se identificaban con Buffy. La mayor preocupación de los fans de Buffy no era la salvación de la humanidad y ella no pontificaba solemnemente sobre las grandes responsabilidades del buen ciudadano como Superman, sino que estaba preocupada por deshacerse del acné.

Joss Whedon, el mago detrás de la serie, es un apasionadísimo lector de Jorge Luis Borges y fundamentalmente de Shakespeare. Un obsesivo de la obra del bardo. Así que dos elementos adicionales enriquecen el programa: uno, la admiración por la historia y la cultura inglesa y otro, el drama incesante. La historia y la cultura inglesa están representados en el personaje de Rupert Giles. Giles es el bibliotecario de la preparatoria de Buffy, educado en Oxford y un sabio muy correcto en sus formas, a la sazón El Vigilante. El Vigilante es una figura preparada por una institución misteriosa llamada El Consejo, responsable de entrenar físicamente a la Caza Vampiros, pero sobre todo, de trabajar como su mentor intelectual en el conocimiento de lo sobrenatural. Giles pronto supera la esfera específica de sus obligaciones profesionales y se vuelve un acompañamiento amigable para los desafíos psicológicos que le supone a Buffy defender el mundo de los monstruos del infierno. Naturalmente, como cualquier adolescente rebelde, al principio de la historia, Buffy no soporta a su maestro Giles.

Conforme avanza la historia, se produce de manera espontánea una cariñosa relación de profesor-alumna en la que Buffy representa la hija que Giles nunca tuvo, y Giles constituye para Buffy la figura paterna suplente por el divorcio de sus papás. Giles, pese a su aparente frialdad, asume el rol decisivamente transformador que puede tener un profesor sobre la vida de sus estudiantes en la preparatoria. En uno de los mejores capítulos de la serie (cuyo título en inglés fue simplemente Passion), Angel, un vampiro malvado del que Buffy está enamorada, asesina a la novia de Giles: la señorita Calendar, profesora de computación en la preparatoria. Calendar es el polo opuesto de Giles: moderna, enemiga del tradicionalismo de los libros, entusiasta de la tecnología y sensible. Giles, siempre dueño de sí mismo, un británico de absoluto control emocional, pierde por completo los estribos y se arroja imprudentemente en busca del vampiro para matarlo. No tiene la fuerza física ni el apoyo de Buffy. Nada más una estaca y su rabia ciega. Angel vence sin esfuerzo a Giles y está a punto acabar con él. Cuando Buffy se entera, corre velozmente a salvar a su maestro y derrota al vampiro Angel.

Giles le reclama a Buffy que lo haya salvado, pues quiere morir por el dolor de haber perdido a su gran amor. Buffy, con lágrimas en los ojos y la voz cortada, golpea violentísimamente a Giles, para inmediatamente abrazarlo y reprocharle “¿Estás tratando de que te maten? No me dejes estúpido. No puedo hacer esto sola. Te necesito para guiarme en la vida. Me falta mi querido maestro.” Acto seguido, abrazados, lloran juntos con una música de fondo desgarradora. El público internacional quedó perturbado por la perfección dramática del momento emocional registrado por los actores. Es una de las escenas mejor actuadas en la historia de la televisión de fantasía.

58Otro personaje entrañable y mi favorito del Buffyverse (el universo de Buffy, en la expresión de los fanáticos) es Willow Rosenberg (caracterizada por la simpática Alyson Hanigan). Willow es la niña tímida y más aplicada del salón, quiere mucho a Buffy y la admira. Es su mejor amiga, la que le ayuda a estudiar y a mentir a la mamá de Buffy cuando ésta última tiene que salir de noche para salvar el mundo. Willow es una intelectual de peso completo: lectora, científica, poeta. Ella aprovecha emocionada todo lo que puede a Giles para aprender al máximo. En la preparatoria, las porristas, encabezadas por Cordelia Chase, la muchachita popular y guapa del pueblo, se burlan y molestan a Willow debido a su manera de vestir y su timidez, pero Buffy la defiende. Aparentemente, Willow se presenta en los primeros episodios como un personaje cliché de apoyo a la protagonista, pero resultó tan querido por los seguidores del programa que evoluciona sorpresivamente. Harta de los maltratos y de que nadie la valore a plenitud, Willow empieza a estudiar magia negra hasta enloquecer por el afán de poder y se vuelve una poderosa supervillana, el big bad (el gran malo) de la sexta temporada.

Un componente fascinante de Buffy La Caza Vampiros son las villanas. Ella no es la única mujer “empoderada” del programa. Sus antagonistas son mujeres poderosísimas y malísimas. Así por ejemplo, Drusilla, una vampira maquiavélica o bien Anya Jenkins, una hechicera macabra. La mejor lograda, en mi opinión, es Faith Lehane (magistralmente interpretada por Eliza Dushku), una perversa caza vampiros activada por accidente durante una muerte temporal de Buffy, que pone sus habilidades sobrenaturales al servicio del mal. Falta por supuesto, el elemento predilecto de los televidentes juveniles: los romances de Buffy. Para ponerle interés al asunto, se enamora de puros vampiros empeñados en destruir la civilización. La adolescente que quiere con el muchacho malo de moto se queda chiquita frente a Buffy, pasionalmente obsesionada con sus enemigos, los perversos servidores de Lucifer: Angel y Spike. Eventualmente, ambos personajes terminan convertidos en parte del equipo de los buenos como resultado de la restauración de sus almas (se supone que los vampiros son muertos vivientes que perdieron sus almas). Inclusive Angel tuvo su propia serie de televisión y de comics, derivado de la popularidad que le dio Buffy.

no-reboot-solo-buffy-cazavampirosEn la década de 1990, la industria de los superhéroes estadounidenses estaba en franco declive por la competencia de personajes heroicos más sofisticados, como los procedentes del manga japonés. Hollywood respondió con sus mejores armas. Ya no le encargaba los guiones a cualquier publicista barato. Joss Whedon es un señor escritor, dueño de una erudición personal envidiable. Domina la mitología griega, nórdica, la del rey Arturo y, como ya dije, la obra completa de William Shakespeare. Buffy La Caza Vampiros se convirtió en una exitosísima franquicia, que ha dado lugar a spinoffs, series, adaptaciones animadas, videojuegos, y desde luego lo mejor, series de comics.

Lo más prodigioso de Buffy La Caza vampiros es el cuidado estilístico y argumentativo de sus guiones. Buffy La Caza Vampiros es una serie de fantasía, ciencia ficción, terror y muchísimo sentido del humor, por la comicidad natural de Buffy. Pero cuidado, es mucho más que un programa de entretenimiento. Buffy no solo es un personaje original, sus capítulos son novelas minuciosamente redactadas para estremecer al espectador con las angustias de la adolescencia y lastimarlo con la magnífica pista sonora, una música de fondo que acompaña la pérdida de las figuras más inesperadas (a lo largo de la serie mataron a todos mis personajes predilectos, incluyendo, como ya dije, a Buffy, quien, como es lógico, revivió).

Vuelvo a recordar emocionado la impresión que me causaban los nuevos episodios de Buffy cuando cursaba la secundaria y cómo los comentaba con mis compañeros y compañeras en Mazatlán. Buffy era como nosotros. No quería salvar al mundo, sino ser feliz, pero a lo largo de la serie, aprende la importancia de asumir responsabilidades y empieza a madurar para cumplir su destino. Buffy se da cuenta de que no importa si un héroe tiene que perder sus grandes amores o sacrificar sus metas personales, lo fundamental es ayudar y servir siempre que sea posible. Por eso me da gusto que vayan a sacar una nueva versión de Buffy, esta vez protagonizada por una migrante afroamericana.

La serie está tan bien escrita de principio a fin, que el genio de Whedon se manifiesta muy inteligentemente en el último capítulo. Se trata de cómo Buffy logra transferir sus poderes a muchísimas mujeres en el mundo y rompe la maldición de ser la única caza vampiros. Consigue crear un ejército de cazadoras que desfilan por la pantalla: mujeres encabezando empresas, gobernando países, consumando grandes descubrimientos científicos, ganando torneos deportivos. Buffy ya no está atada por la maldición de unos hombres de la prehistoria que la obligan a cumplir misiones establecidas por ellos, así tengan objetivos importantes como salvar el mundo. En el diálogo final, le preguntan “Buffy ¿qué vamos a hacer ahora?” y ella solamente sonríe. Es libre de adoptar la vida que ella desee. Es su mensaje para las mujeres de nuestro tiempo. El siglo XXI les pertenece.

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