Cuarto y último artículo de la serie con la que el autor denuncia el genocidio que potencias imperialistas comenten contra el pueblo de Yemen y que la comunidad internacional, a través de su silencio y de su respaldo a la coalición agresora, avala la violación a la autodeterminación de los pueblos y la desaparición de todo marco legal en materia de guerra. Asimismo, devela los objetivos geoestratégicos de este ataque exterminador.

Aníbal Feymen (Fotografía: ACNUDH)

Cuarta parte y última

Si algo ha permitido que las fuerzas populares de Yemen contengan los embates genocidas de las tropas saudíes ha sido la unidad entre los grupos y los líderes de la resistencia como son el partido Congreso General del Pueblo y el Movimiento Popular Ansarolá. Así, Riad siempre ha tenido claro que para la conquista de sus objetivos en Yemen es absolutamente necesaria la destrucción del movimiento popular de resistencia y la imperiosa restauración del gobierno títere de Abd Rabu Mansur Hadi. Sin embargo, hasta ahora Arabia Saudita se ha mostrado incapaz de liquidar a la resistencia y, por lo mismo, de restaurar al anterior gobierno. De hecho, a pesar del duro bloqueo de ayuda humanitaria y de los descomunales bombardeos que la Casa de los Saúd han propinado a las ciudades yemeníes, los rebeldes mantienen heroicamente el control de la mayor parte del país.

Es evidente que, a pesar de los intensos ataques armados y de la enorme destrucción que ha dejado a su paso, Arabia Saudita mira con preocupación flaquear el poder de sus modernas armas. De alguna manera Riad y sus aliados occidentales –Estados Unidos, Inglaterra y Francia– comienzan a percibir que su guerra de intervención en Yemen no la podrán ganar sólo con el poderío de su Complejo Industrial-Militar. Así, los asesores de la coalición árabe-sunita que agrede a Yemen recomiendan la aplicación de nuevas estrategias, entre ellas la del “dividir para vencer”. Desde esta óptica, y siempre en consonancia con la doctrina de la Guerra de Baja Intensidad, el régimen oligárquico del Príncipe Salman ha echado a andar la maquinaria de la división y de la traición en contra de la coalición que actualmente gobierna Yemen y que ha resistido estoicamente tres largos años de agresión genocida.

La Casa de los Saúd decidió golpear a la resistencia popular yemení por su eslabón más débil: el presidente Ali Abdolá Saleh. Desde finales del año 2017, mediante ofrecimientos y componendas, Riad –a través de los Emiratos Árabes Unidos– prometió entregar el poder a Saleh, o a su hijo Al Akhbariya, a cambio de combatir y aniquilar a los hutíes de Ansarolá. El ofrecimiento saudí le pareció ventajoso a Saleh y decidió lanzarse sobre la resistencia hutí.

Con la cooptación de Saleh, Arabia Saudita jugaba una importante carta en esta guerra: la división de la resistencia popular traería, desde luego, una guerra civil interna que no podría sostener Ansarolá.

La táctica de Saleh fue simple: debilitar al pueblo yemení frente a la coalición agresora. Así, ordenó a sus fuerzas desconocer a los hutíes y lanzarse militarmente en su contra. Los ataques se sucedieron en la estratégica ciudad de Saná, tal como lo planificaba Riad.

El plan se fraguaba muy bien con los primeros combates entre las fuerzas leales a Saleh, apoyadas en todo momento por masivos bombardeos saudíes en Saná, y la resistencia hutí. Todo parecía indicar el inicio de la guerra civil.

No obstante la agresividad de las fuerzas de Saleh, Ansarolá tuvo una lectura estratégica muy certera y comprendió claramente que la batalla en Saná contra los milicianos de Saleh en realidad se efectuó contra los planes de los regímenes saudí y emiratí. La respuesta de los hutíes fue rápida y contundente pues no dudaron en aprovechar el frágil eslabón que implicaba la conspiración de Salmán y Saleh –justo como lo había intentado antes Riad– y terminaron por destruirlo por completo. Saleh no fue capturado vivo en Saná, sino que murió en una emboscada realizada por los combatientes de Ansarolá. Los planes de la Casa de los Saúd se vinieron abajo y con ellos la posibilidad de ganar esta cruel guerra pues tenían grandes esperanzas en la fragmentación de las fuerzas en Saná, incluso ya había órdenes para que las fuerzas de Hadi atacaran a los hutíes para sacarlos nuevamente a Sada y aislarlos allá. Pero su plan fracasó rotundamente.

La muerte de Saleh marcó una nueva embestida saudí contra Yemen con lo que intentaba lograr su anhelada guerra civil: la aviación de la coalición desencadenó una nueva ola de bombardeos contra Saná donde las víctimas, nuevamente, fueron miembros de la población civil. Por su parte, el fugitivo presidente Hadi llamó al pueblo yemení a levantarse contra Ansarolá. Igualmente, a través de la televisión saudí, el también exiliado hijo de Saleh, Al Akhbariya, llamó a la venganza contra los hutíes.

Y, a pesar de toda esta apuesta por lograr la división en la resistencia popular yemení, las calles de Saná se llenaron de miles de ciudadanos quienes se manifestaron llamando a la unidad entre todas las facciones de la resistencia popular. Por su parte, Abdul Malik Badr Al-Din Al-Houti, líder se Ansarolá, anunció el fin de la conspiración saudí con la muerte del expresidente Saleh y llamó a la unidad al partido Congreso General del Pueblo.

Con la derrota del plan saudí de “dividir para vencer” se extingue la posibilidad de una guerra civil porque, después del fallido intento de fragmentación, la gran mayoría del movimiento popular ha apoyado la decisión de los hutíes de tomar Saná pues consideraron que Saleh traicionó a Ansarolá y a todo el pueblo Yemení.

Por su parte, Arabia Saudita ha tenido uno de los reveses más fuertes en esta guerra y con ello se derrumba su pueril justificación militar basada en que la población de Yemen se opone a los “rebeldes” porque “saben que forman parte de la expansión chiíta”.

* * *

A lo largo de los cuatro artículos que forman esta serie, hemos intentado mostrar de manera general los intereses del imperialismo que se juegan en la invasión militar a Yemen. Hemos observado, a la luz de la crisis general del capitalismo, la importancia de la guerra como salida a la caída de la ganancia capitalista y a su proclividad al paro por la desvalorización y la sobreacumulación. Igualmente reflexionamos sobre el binomio recursos energéticos–Complejo Industrial-Militar y la importancia de éstos en los ciclos de acumulación burguesa.

No nos queda duda que el desconocimiento de los orígenes y la naturaleza de la intervención imperialista en Yemen hace que este genocidio pase desapercibido para grandes segmentos de la población mundial y, desde luego, para los medios de comunicación que se mantienen aún con cierta independencia crítica –pues los “medios portavoz” del imperialismo guardan silencio intencionalmente para ocultar la grave crisis humanitaria generada por la ambición oligárquica– cuestión que enturbia cualquier camino hacia la paz. Es necesario llamar a esta invasión como lo que es y debe ser firmemente condenada como un crimen de lesa humanidad. Ese ha sido nuestro interés al escribir esta serie de artículos, desde luego.

No nos queda duda de que el interés de las potencias imperialistas involucradas directa (Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña, Israel) o indirectamente (Rusia, China, España, Alemania) en esta criminal agresión ven la guerra en Yemen como un medio para mantener a la región de Medio Oriente envuelta en conflictos que debiliten a sus gobiernos y logren la fragmentación o balcanización de los países de la zona con la finalidad de saquear impunemente sus recursos naturales y energéticos así como controlar su porvenir.

Todo lo que las potencias imperialistas generan en Yemen no es otra cosa que el desprecio total por la vida y por la humanidad mediante el empobrecimiento, el hambre, la degradación y la muerte en beneficio de los intereses de la gran burguesía oligárquica que dispone mezquinamente de la dignidad humana.

Arabia Saudita y la coalición no podrán ganar la guerra en Yemen; ninguna de sus modernas armas vencerán al movimiento popular. Pero lamentablemente Ansarolá y las fuerzas populares tampoco podrán derrotar a las fuerzas invasoras en el corto o mediano plazo, sólo verán la victoria a la larga, pues no habrá ni presión mediática ni pronunciamientos de las potencias sentadas insolentemente en el Consejo de Seguridad de la ONU, las mismas que obtienen magras ganancias con las conflagraciones en la región. Esta guerra asimétrica no terminará en el corto tiempo porque así conviene al imperialismo. Entre más prolongada sea esta agresión mayores serán los dividendos de las gigantes petroleras y del Complejo Industrial-Militar. Arabia Saudita, títere del imperialismo en Oriente Medio, jamás podría ganar una guerra que en lo inmediato ya tiene funestos vencedores y en el largo plazo dará el triunfo al movimiento popular yemení. Pero mientras esto sucede, el imperialismo seguirá asesinando impunemente a miles de niños tan sólo para tener un nuevo ciclo de acumulación de capital.

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s