Cartas desde México
Adriana Esthela Flores 

Tres hechos trascendentales convergieron esta semana en la agenda nacional mexicana con un eje en común: los gestos del próximo gobierno federal frente a asuntos complejos que impactan en la vida de todo el país.

El primer hecho fue el controversial resultado de la consulta pública para definir el destino del Aeropuerto Internacional de México (NAIM) que inició el gobierno peñanietista y que llevaba poco más de 30 por ciento de avance en su construcción.

Los agoreros del Apocalipsis mexica de inmediato hablaron sobre las repercusiones gravísimas de dar marcha atrás al proyecto en el lago de Texcoco (alza en precio del dólar, inflación, huida de inversiones extranjeras) y las pésimas señales que daba una consulta hecha a modo, como la bautizaron, para la -¿consolidada?- democracia mexicana (en la que, por cierto, más de 50 aspirantes fueron asesinados en el anterior proceso electoral y una lideresa indígena, María de Jesús Patricio “Marichuy” no pudo participar debido a las triquiñuelas legales que el sistema impuso a candidaturas independientes).

Es evidente que el resultado de la consulta convocada por el equipo del nuevo gobierno legitimó una decisión ya tomada por el presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, quien desde la campaña había descalificado el proyecto en Texcoco (por cierto, todo un negocio de una élite de empresarios y políticos que ya habían adquirido terrenos donde estaría la obra). Y es evidente el descontento de sectores sociales y empresariales no acostumbrados a que la ciudadanía sea consultada para absolutamente nada, especialmente cuando se les vulneran derechos y nadie se entera (como la tercerización en contratos, la eliminación de pensiones o la subrogación de servicios públicos).

AMLO sacudió el esquema de siempre. Y era esperable el descontento aunque no dejan de sorprender sus tonos.

De pronto, tras la conferencia de prensa en la que se dio a conocer el resultado de la consulta (más de 70 por ciento de votos favoreció al proyecto de AMLO, que será en la Base Militar de Santa Lucía), el empresariado y su vocería netamente machista (resultó emblemático que en el mensaje del Consejo Coordinador Empresarial estuvieran cuatro hombres hablando en representación de miles de empresarias y empresarios) se mostró muy preocupado por el futuro de miles de trabajadorxs y sus familias. Lo mismo pasó con medios de comunicación que de pronto se preocuparon por el bienestar de las y los obreros cuando no dedicaron ni una sola línea, ni una sola, a denunciar que justo ese día, el 28 de octubre, se cumplió un mes del asesinato del ingeniero opositor al NAIM, Jesús Ramos Arreola.

A esto se suma una convocatoria lanzada por varias organizaciones sociales para una marcha el próximo 11 de noviembre en defensa del aeropuerto en Texcoco. Mientras decenas de zonas del país se desangran entre muertes, desapariciones, desplazamientos forzados, extorsiones y feminicidios, las organizaciones pidieron que la asistencia vaya de negro para mostrar luto…..por el NAIM.

Tal convocatoria ha provocado burlas por su carácter clasista, a tal grado que en redes, usuarios propusieron consignas clásicas de movilizaciones de izquierda, para usarlas contra la llamada “MarchaFifí”:;¡Aeropuerto, camarada, tu muerte será vengada!” o “De norte a sur, de este a oeste, aeropuerto en Texcoco, cueste lo que cueste”.

En medio de esto, la caravana de refugiados hondureños continuó su ruta hacia Estados Unidos y este fin de semana llegó a la capital mexicana, provocando la radicalización de las medidas y la postura antiinmigrante del presidente estadunidense Donald Trump, de cara a las elecciones intermedias del 6 de noviembre en ese país.

Fuerzas militares reforzaron su presencia en la frontera para impedir la entrada de los contingentes centroamericanos y Trump insistió en su discurso xenófobo mientras el nuevo gobierno de AMLO, según organizadores de la caravana, recibirá a lxs migrantes con una propuesta de trabajo.

Y en un contexto de guerra política, no falta la prensa. El semanario Proceso, publicación caracterizada por su combatividad y lectura obligada de la izquierda nacional, causó revuelo con su más reciente portada

en la que aparece un López Obrador con un aire de enojo en el rostro junto a este titular: “AMLO se aísla: el fantasma del fracaso”.

La portada se refiere a una entrevista que el reportero Álvaro Delgado le hizo al académico Diego Valadés, exdirector del Cisen (oficina de inteligencia nacional) donde éste delinea el rumbo del proyecto político del líder tabasqueño.

Llovieron las críticas. El periodista Federico Arreola calificó la portada de ruda e innecesaria mientras otrxs periodistas salieron en defensa de que la revista muestre y mantenga una línea crítica hacia el nuevo gobierno como sello inequívoco de su independencia. En este contexto, llama la atención que voces que nunca han salido siquiera a marchar por reporterxs asesinadxs, ahora se pronuncien de manera férrea en defensa de la libertad de expresión. Parece que en esta defensa de libertades también, como digna sociedad clasista, hay niveles.

Recuerdo que en una ocasión, durante una plática con el admirable compañero y maestro Alejandro Kirk, de Hispan TV, le pregunté sobre la obligatoriedad de ser críticos ante un gobierno de izquierda. Y él me respondió: “Esa es la tarea, pero llegará el momento en que los periodistas tendrán que tomar trinchera”

Estoy segura que ya estamos frente a esa puerta.

Nos vemos el próximo domingo como siempre, con café y un cigarrito

Columna originalmente publicada en ElGrilloWeb

 

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