Por Raudel Ávila

Ver un capítulo de los Thundercats era mi premio cuando terminaba la tarea antes de las cinco o seis de la tarde, su horario de emisión. Si no había acabado la tarea, no podía prender la televisión y frustrado, me perdía sus aventuras. Acompañado de los leales Pantro, Cheetara, Tigro, Felino y Felina, así como su mascota Snarf, León-O enfrentaba fantásticas aventuras en el Tercer Planeta. Posteriormente se sumarían a su equipo Linzo, Pumara y Bengalí.

Los Thundercatso Felinos Cósmicos como se les tradujo en México, son una serie de dibujos animados creada por Ted Wolf y escrita frecuentemente por Leonard Starr. Debutaron en la televisión estadounidense en 1985, durante el gobierno del Presidente Ronald Reagan. Por aquellos años, la delincuencia y el pandillerismo en las calles estadounidenses se habían exacerbado como consecuencia de la guerra contra las drogas y la violencia policíaca contra las comunidades afroamericanas emprendida por el Presidente Nixon más de una década antes. El pensamiento conservador, como siempre lo ha hecho, atribuía el incremento delictivo a lo que “la juventud americana” estaba viendo en los “perversos” medios de comunicación masiva. “Demasiada violencia en la televisión y el cine” se decía para no asumir la responsabilidad por los malos resultados en seguridad pública y la desigualdad en los barrios bajos de las grandes ciudades.

En la concepción del partido republicano esos medios eran tanto más perversos en cuanto que criticaban decisivamente la gestión neoliberal de Ronald Reagan. Así que la primera dama estadounidense, Nancy Reagan, comenzó a presionar para modificar los contenidos televisivos. Más apoyo a programas educativos como Plaza Sésamo y similares, menos producciones de superhéroes. Aunque la ciencia ha demostrado que el cerebro de los niños es infinitamente superior al de los adultos en sus capacidades de aprendizaje y reflexión, los gobiernos proponían programas de televisión para tratar a los pequeños como idiotas. Había, según el discurso oficial, un exceso de balas, pistolas y golpes en Superman, Batman o el Hombre Araña. Se emitieron lineamientos que prohibían la aparición de balas y combates cuerpo a cuerpo en las caricaturas. No es broma, mucha gente piensa que así se disminuye la delincuencia. A nadie se le ocurrió pensar que las caricaturas y comics de superhéroes se consumían masivamente en países europeos o en Japón sin que registraran las elevadas tasas delincuenciales estadounidenses.

El punto es que los estudios televisivos con interés en producir caricaturas de acción para niños tuvieron que concebir nuevos proyectos. Por esas fechas ya despuntaban en Japón las producciones animadas de series de comics locales o manga. El éxito de Dragon Ball y otros residía no solamente en los personajes, sino que se trataba de historias seriadas de largo plazo, capaces de mantener enganchada a la audiencia infantil durante años. Más aún, la animación tenía rasgos realistas y mejor calidad estética que la de las producciones estadounidenses en esos años. Así que Rankin-Bass Productions, la productora de los Thundercats, empezó a contemplar la idea de una serie animada de largo plazo donde las vidas de los personajes avanzaran y no se tratara simplemente de una sucesión de capítulos inconexos. No solo eso, fue una de las primeras productoras americanas que tuvo la audacia de romper el nacionalismo. Mandaron su caricatura para ser animada directamente en Japón de modo que consiguiera la calidad visual de sus competidores asiáticos. Mucha gente pensó que los Thundercats eran una caricatura japonesa.

71aO0zQji6L._SL1303_Una vez aprobado el proyecto y los bocetos de los personajes, se consideraron las presiones conservadoras y censoras de la señora Reagan. Si los Thundercats eran descalificados por violentos, numerosos grupos organizarían manifestaciones en su contra. Así que el ingenio empezó a despuntar. Primero, el arma principal de los Thundercats no sería una pistola sino una espada, un instrumento del que la señora Reagan nunca había hablado. La espada del augurio contenía el ojo de Thundera, fuente de poder de los Thundercats. Los Thundercats no eran seres humanos sino gatos con apariencia humanoide que enfrentaban a Reptilio, Chacalo, Rataro y Buitro, un grupo de mutantes asociados con animales que la gente detesta. Así que nunca aparecían a cuadro personas peleando.

Adicionalmente, los Thundercats no golpeaban a sus oponentes. La espada del Augurio disparaba rayos (nunca balas) que jamás le daban directamente a los mutantes, sino que los obligaban a correr. Pantro usaba unos chacos que asustaban a los malos, Tigro utilizaba un látigo que lo volvía invisible o aventaba descargas de fuego. Cheetara se valía de un báculo para brincar más lejos cuando corría a súper velocidad. Suena completamente absurdo, pero resultó un éxito gigantesco. Y el mayor antagonista de los Thundercats era una momia egipcia representante de los “antiguos espíritus del mal.”

Las caricaturas y los comics nunca son tan inocentes como parecen, sino que se trata de instrumentos saturados de propaganda ideológica. La revancha del equipo creador de los Thundercats contra la señora Reagan vendría con los mensajes liberales de la caricatura. Primero, en un país dominado por el discurso nacionalista de Reagan, los Thundercats, héroes supremos de su universo, eran migrantes. Tuvieron que huir de su planeta natal Thundera, cuando éste explotó y buscaron refugio en el Tercer Planeta (el tercer planeta del sistema solar es la Tierra…). Segundo, los Thundercats tenían una mascota, el gato Snarf, que no hablaba bien el inglés (en referencia a los migrantes latinos o la comunidad afroamericana en Estados Unidos). Cocinaba, limpiaba el cubil felino (hogar de los Thundercats), atendía a los enfermos y daba apoyo sentimental a los miembros de la familia que lo necesitaran. No nada más eso, Snarf cuidaba y educaba a los niños, primero a León-O, después a los pequeños Felino y Felina. Era el personaje cómico de la serie, pero en múltiples ocasiones hacía contribuciones decisivas para rescatar a los Thundercats más poderosos en momentos de peligro y era el verdadero héroe que derrotaba a Mumm-Ra. Tercero, si Nancy Reagan impulsaba los roles tradicionales y conservadores de la mujer estadounidense que se queda en casa, Cheetara era una poderosísima integrante de los Thundercats de pleno derecho que los acompañaba en todas las batallas sin necesitar que la rescatara ningún hombre. Cheetara jamás apareció a cuadro ayudando a Snarf con tareas domésticas. Tenía poderes de súper velocidad y un sexto sentido que alertó del peligro a los Thundercats en más de una ocasión. Incluso en un episodio, Cheetara declara “soy la más fuerte de mi especie, el orgullo de mi pueblo, soy única en este universo y no me vencerán.” Cuarto, en un país que empezaba a abandonar a la población de la tercera edad en asilos de ancianos, un personaje decisivo de la caricatura era Jaga. Este viejecito representaba una especie de rey jubilado que había sido señor de los Thundercats en otro tiempo y cuyo fantasma aparecía para aconsejar con su sabiduría al nuevo rey León-O. Le aportaba siempre la clave para vencer los problemas cotidianos.

Quinto y para mí el más importante, la propuesta ética de los Thundercats. Explico. Los Thundercats estaban ligeramente inspirados por los relatos del Rey Arturo. Al final de muchos episodios aparecían platicando y dando lecciones a los niños sentados en una mesa redonda como los míticos caballeros de Camelot. No es casualidad que el arma principal fuera una espada como Excalibur y estuvieran encabezados por el rey León-O. No obstante, el componente más llamativo y que siempre me ha fascinado es el Código de Thundera, norma de vida para los Thundercats. No era una constitución moral como en ciertas concepciones autoritarias, sino cuatro palabras que despiertan algún eco del lema Libertad, Igualdad y Fraternidad de la Revolución Francesa. “JUSTICIA, VERDAD HONOR, LEALTAD” repetían emocionados los Thundercats el Código de Thundera. El lema del rey Arturo en todas las versiones de la leyenda era PAX CUM IUSTITIA, así que los Thundercats empezaban por exigir justicia social en una época en la que el Presidente Reagan descalificaba las aspiraciones de igualdad y trato justo. Verdad en un país donde se había demostrado que el Presidente le mintió a su país cuando dijo que el gobierno estadounidense no financiaba a los contras de la guerrilla centroamericana. Honor para exigir un comportamiento honorable de los Thundercats y en consecuencia de los niños. Lealtad para inspirar solidaridad entre los miembros de una misma especie y nunca dejar a nadie atrás. Todo esto no me lo inventé yo, sino que en la caricatura colaboraba el doctor en psicología Robert Kuisis, cuyo trabajo era asesorar con el mensaje final de cada episodio y la moraleja para los niños.

michale-bay-ThunderCatsTodo esto acompañado de emocionantes guiones cuidadosamente diseñados para ilustrar que el liderazgo no se improvisa. León-O, señor de los Thundercats, se metía en problemas casi siempre por desobedecer a los más experimentados y tenía que pedir ayuda a Jaga, el viejo sabio para salir del brete en el que se había metido con su imprudencia. Al final del episodio, León-O aprendía una lección y la repetía en compañía de los otros Thundercats en medio de risas para que a los niños les quedara más claro todo. Hasta vegetarianismo promovían los Thundercats. Recuerdo cuánto me conmovió un capítulo en el que León-O se siente, pues lo que es, el rey. Sale fanfarrón a pasear por el bosque y cuando ve un unicornio decide matarlo, pues era una comida digna del señor de los Thundercats. La espada del Augurio (se llama así porque profetizaba el futuro y avisaba del peligro) se rehúsa a salir de su vaina (la garra felina) y no le presta su servicio a León-O. Matar por diversión o gusto no era correcto niños. León-O monta en cólera, pero aparece el fantasma de Jaga y le explica que la espada no lo obedecerá porque el verdadero poder no se utiliza para lastimar a nadie, sino por necesidad y para defender causas buenas. Creo que León-O termina devorando frutas de la aldea Cuberbil, llamada así en homenaje a los ositos de peluche que la habitan.

Finalmente, está la miniserie que integra mis cinco o seis episodios predilectos de los Thundercats: Las pruebas felinas. Se trata de una serie de exámenes donde León-O debe vencerse a sí mismo, sus temores, límites físicos y su vanidad, para demostrarse capaz de gobernar a sus amigos. Si reprueba los exámenes, aplicados por cada uno de los Thundercats, no será digno de convertirse en rey. León-O no puede usar su espada o ninguno de los instrumentos tecnológicos. Solo dispone de sus propias capacidades físicas e intelectuales.

El mejor episodio para mí es el de la prueba felina contra Cheetara. Ella es la creatura más veloz del universo y León-O está obligado a derrotarla en una carrera. Aparentemente, la prueba es imposible de superar. El truco es que Cheetara no puede mantener su máxima velocidad más allá de cierta distancia y por eso, si León-O no se rinde, es capaz de alcanzarla. Desde luego, León-O no lo sabe. Ahí reside la prueba. Vuelvo a vivir mi infancia cuando oigo la voz de Víctor Trujillo (quien doblaba a León-O en español) al ver el capítulo en Youtube. “¡Quizá pierda, pero no será porque yo me rinda… solo dos kilómetros más, así que vamos a cubrirlos!”. Finalmente León-O gana y le reclama a Cheetara “Me regalaste esa carrera” y ella responde indignadísima “¿Cómo te atreves a decirme eso? El Código de Thundera lo prohíbe”, para explicarle de inmediato que no puede mantener su velocidad después de cierta distancia. “¡Nunca te diste por vencido, en verdad mereces mi insignia Thundercat!” Todo con el maravilloso acompañamiento musical que produjo Bernard Hoffer para la caricatura. Son temas musicales muy estimulantes y cada uno de los protagonistas de la caricatura, héroes o villanos, tiene el suyo.

El universo de los Thundercats fue tan exitoso que la caricatura alcanzó 130 episodios, una cifra récord para la época. Conforme la historia avanzaba y los personajes maduraban, especialmente León-O, conocimos otros aliados de los Thundercats. Mandora la policía intergaláctica, Hachiman el samurái, el rey de hielo, etcétera. Por otro lado, nuevos villanos como los Lunatacs, Mongor, MartiMano o uno de mis predilectos: Grune el Destructor. Grune era un Thundercat, el mejor amigo de Jaga, antiguo rey de los felinos cósmicos. Un día se hartó del Código de Thundera y lo traicionó, ansioso de despojar a Jaga del poder de la espada. Jaga lo derrotó pero Grune juró vengarse aún después de muerto, de modo que su fantasma persigue a los Thundercats.

mumraDesde luego, nadie tan fantástico como Mumm-Ra. “Antiguos espíritus del mal, transformen este cuerpo decadente en Mumm-Ra, el Inmortal” declamaba el monstruoso villano. Hoy me resulta ingenuo pero en mi infancia me parecía muy profundo que la única manera de vencer a Mumm-Ra fuera obligándolo a ver su propio reflejo, pues no toleraba la imagen de tanta maldad. Mumm-Ra era una horripilante criatura inmortal por ser la encarnación del mal, y como decimos en México “hierba mala nunca muere.”

Sinceramente no sé cuántas veces he visto esas caricaturas. Las vi en infinidad de ocasiones cuando era niño en Canal 5. También en Cartoon Network. Las he visto en YouTube y tengo la colección completa en DVD. Cuando fui creciendo, me entusiasmaba leer los libros de las leyendas artúricas y me sorprendió cuántas historias de mi apreciada caricatura estaban sacadas del mito del rey Arturo. También sigue sorprendiéndome la calidad de los guiones y la animación. Han envejecido muy bien, al grado de que las dos nuevas versiones animadas de los Thundercats que produjo el siglo XXI fueron un fracaso pues todos los fanáticos prefieren la versión original. La franquicia de los Thundercats ha dado lugar a muy atractivas historias de seguimiento de la caricatura en cómics y videojuegos. Sin embargo, ninguna puede conmover tanto a quien pasó su infancia en la década de 1980 como el sonido, la música y las voces de la caricatura que nos convocan cada vez que claman “¡Thunder… Thunder… THUNDERCATS OH!”

 

2 comentarios sobre “Los felinos cósmicos

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