Arturo Rodríguez García

Hay veces que la corrupción de un gobierno es difícil de identificar en los primeros días. Pero hay otras que, no acaban de llegar a las oficinas cuando los excesos quedan de manifiesto y ese es el caso de la alcaldía de Cuauhtémoc, en la Ciudad de México, que asumió Néstor Núñez López el pasado 1 de octubre.

Cercano a Ricardo Monreal, el alcalde tuvo como coordinadora de campaña a la experredista y neomorenista, Diana Sánchez Barrios, líder de una organización de comerciantes ambulantes que ya está cobrando el favor: su organización se apoderó de la Alameda de la Ciudad, con un permiso que los autorizaba hasta el 30 de noviembre. Pero, decidieron quedarse hasta enero.

El conflicto de intereses es claro, al menos en términos de ética política y pone a prueba el centro de los planteamientos que el fundador de Morena, hoy presidente de la República, ha instruido en materia de moralidad y regeneración de la vida pública.

En este caso, el atropello es a la Feria del Libro de la Alameda, que este año llegaría a su novena edición. Debido a los intereses de Barrios y Núñez López, la Brigada Cultural “Para leer en libertad”, anunció ya la cancelación del encuentro librero que se desarrollaría entre el 8 y el 19 de diciembre, para el que tenía permiso de la ciudad, a partir del día 6.

Ya en otras ocasiones me he referido a la importante aportación de la Brigada Cultural “Para Leer en Libertad” a la Ciudad de México y algunas entidades federativas.

Se trata de un esfuerzo de la sociedad civil por llevar libros a bajo costo, voces plurales y expresiones artísticas gratuitas, a espacios públicos. Un proyecto más próximo al tianguis mexicano que a las elites culturales que suelen conformar circuitos de exclusividad inaccesibles.

Y es que, la feria se convertía en un espacio de oportunidad para miles de personas, deseosas de adquirir libros a precios inmejorables, escuchar autores y artistas, actores políticos y sociales, en fin, ensanchar sus consumos culturales tan inalcanzables en muchos sentidos.

Naturalmente, queda por saber el papel de Claudia Sheinbaum en todo esto. Ella, que tomó por estribillo “Ciudad de los Derechos”, se encuentra ahora entre hacer valer la ley y su autoridad, o admitir el juego político clientelar, reproduciendo los moldes de la perniciosa administración que le precede.

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