Por Elisa Mendoza Gilabert

Este 12 de diciembre, el Presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, comenzó el día firmando un decreto para derogar la Reforma Educativa. Se trata de una de sus principales promesas de campaña, que fortalece a Elba Esther Gordillo al tiempo que desmantela uno de los principales proyectos del gobierno anterior y olvida el compromiso con la calidad educativa.

Más allá de lo que se pueda decir sobre la derogación de esta reforma –que sabíamos que sucedería– llama mucho la atención que en la reforma al Artículo 3º Constitucional que el presidente envió al Congreso se borró la fracción VII, que otorga autonomía a las universidades. No se trata de un tema menor. La autonomía universitaria es un eje fundamental de la democracia y la pluralidad, características de la sociedad mexicana y que hoy son despreciadas por el gobierno encabezado por López Obrador.

Ante la publicación en redes sociales de la aberración que significa la desaparición de esa fracción, representantes del gobierno se justificaron argumentando que se trató de un “error de dedo”. Vaya cinismo. Es impensable que un error de dedo, que nos pasa a todos, sea la razón por la que se borró por completo una fracción fundamental para la política educativa del país. Y me rehuso a creer que sea un error de dedo porque esa acción arbitraria y absurda es absolutamente congruente con muchas acciones autoritarias del lopezobradorismo.

Como candidato, López Obrador presentó un documento al que llamó “Proyecto de Nación 2018 – 2024”. No puedo explicar el temor que me causaron sus “errores de dedo” en los que evidenciaban su intención de centralizar el poder. porque seguramente eso fueron ¿o no? Unos inocentes errores de dedo. Ojalá se hubiera quedado en un documento, pero no fue así. Todos los días vemos cómo la mayoría en el Congreso viola procedimientos legislativos para imponer su voluntad y aprueba reformas inaceptables y cómo el Presidente de la República se burla de la división de poderes.

Lo que vimos en la propuesta de reforma al Artículo 3º no son errores de dedo ni  “formas de redactar”, como se dijo. Es un intento más de acabar con las cosas buenas que se han conseguido en las últimas décadas, siendo la autonomía universitaria una de ellas ¿También es un error de dedo que en la terna para la Suprema Corte haya militantes de MORENA? ¿Las evidentes fallas de la Fiscalía General también son producto de errores mecanográficos?

Me escandaliza que la única justificación que encuentren a su autoritarismo sean sus, diariamente presumidos, 30 millones de votos. No niego el éxito de la campaña de López Obrador, ni los errores de gobiernos pasados que provocaron el desprestigio de los políticos de sus partidos. Tampoco niego la legitimidad del gobierno actual. Es momento de que ellos acepten que otros casi 30 millones de personas votaron por candidatos distintos al suyo, mientras que a otros 30 millones de ciudadanos no los convenció ningún proyecto. Ese es México: un país diverso, con varios proyectos políticos votados. La mayoría no está dispuesta a entenderlo y, lamentablemente, la oposición tampoco ha estado dispuesta a señalar esto.

Espero que la reforma mencionada se discuta ampliamente en el Congreso y que se corrija. Igualmente, deseo que este gobierno deje de tener errores de dedo que pongan en peligro la democracia y la libertad.

 

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