Por Andrés Caudillo

El día 17 de enero, en el evento que el gobierno federal denominó “Nueva política de #Salario Mínimo: transitemos de un salario mínimo a un salario digno”, se hizo el anuncio de un incremento de 14 pesos al salario mínimo general diario.

“Este es un acto muy importante, se puede decir histórico, porque iniciamos juntos una nueva etapa en la política salarial de nuestro país”. Fue el mensaje del presidente Andrés Manuel López Obrador durante la presentación de la Nueva Política de Salarios Mínimos

En su discurso, la secretaria de Trabajo y Previsión Social, Luisa María Alcalde Luján mencionó, entre otras cifras, las que provienen de del Centro de Análisis Multidisciplinario (CAM):

“A partir de 1976, año en que se registró el pico más alto, el salario mínimo ha seguido una pauta descendente hasta perder más del 70 por ciento de su poder adquisitivo al día de hoy.

Si a inicios de los ochentas, con un salario mínimo se podía comprar 51 kilos de tortilla, para inicios de la década actual sólo podían comprarse 5 kilos. En aquellos años alcanzaba para 8 kilos y medio de huevo, en la presente década sólo alcanza para 1.7.

De poder adquirir 18 litros de leche ahora con un salario mínimo se puede comprar únicamente 4.6 litros. Los trabajadores que en la actualidad reciben un salario mínimo tendrían que laborar 3 jornadas más que un trabajador de la década de los setenta para mantener el mismo nivel de vida”.

López Obrador mencionó también: “Luisa María dio el ejemplo más claro de cómo hace 25, 30 años, un salario mínimo alcanzaba para comprar 50, 55 kilos de tortilla, y ahora seis kilos de tortilla. De esas dimensiones ha sido la pérdida del poder adquisitivo del salario.”

Estas cifras provienen, principalmente, del Reporte de Investigación No. 116 “México: Fábrica de pobres. Cae 77.79% el poder adquisitivo” y del Reporte de investigación No. 117, ambos publicados en 2014, de los Reportes 120 y 122 del año 2015, de los Reportes No. 123 y 126 del año 2016, del Reporte No. 127 del año 2018 y del Reporte de investigación No. 130, recientemente publicado, así como otros de mayor antigüedad, todos disponibles desde sus respectivas fechas en su sitio web: http://cam.economia.unam.mx

Ante ello el CAM aclaró que además de utilizarlas sin citar la fuente de donde provienen, pensaron que debido a la posición política que tienen, también se usaron de forma tendenciosa ya que siendo consecuentes con el contexto de los datos no dijeron:

  1. Que las cifras y ejemplos para explicar de forma sencilla el deterioro del poder adquisitivo del salario nacieron para la defensa de las clases trabajadoras, como se ha venido haciendo en el CAM desde hace 40 años y ahora las utilizan convenientemente para legitimar los acuerdos que, sin consultar a los/as trabajadores/as, encumbran precisamente a quienes se han beneficiado de su explotación en el trabajo asalariado.
  2. Y son esos vampiros que chupan el trabajo de la gente los que ahora se sientan con el nuevo gobierno a la mesa; las cámaras empresariales (COPARMEX, CONCANACO, CANACINTRA, CONCAMIN, entre otras), el Consejo Coordinador Empresarial, y éstos a su vez coludidos con la dirección de las centrales sindicales de viejo corte priísta, algunas de ellas con 83 años de historia de vivir a costa de los trabajadores que dicen representar y que los mantienen en la pobreza como la CROM, la CROC, la CTM y otras. A eso no se le puede llamar acuerdo con los trabajadores.

Los incrementos al salario mínimo general diario, tanto los de los gobiernos priístas, como panistas, como los de Morena, no pueden ser “salario digno” como se ufanan, porque en realidad son migajas.

Lo denunciaron en su Reporte de Investigación No. 126, “El salario mínimo: un crimen contra el pueblo mexicano” ( Disponible aquí),

El despojo acumulado por la diferencia de participación de los salarios en el PIB de 1982 a 2015 es de una magnitud de 15.6 millones de millones de pesos. Es un crimen porque ni con el aumento anunciado ayer alcanza para comer, porque si quieres que te alcance para lo mínimo tienes que trabajar más que un esclavo, y por ser el principal factor en bajar los niveles de vida de las millones de personas que laboran en nuestro país.

Además, mientras no se cumpla mínimamente lo que dice la Constitución -que el salario mínimo debe alcanzar para que un jefe de familia cubra las necesidades en el orden social, material y cultural y para proveer la educación obligatoria de los hijos- esos salarios continúan siendo un crimen, y ningún gobierno debería llamarle “digno” a un crimen que seguirá cometiéndose bajo su consentimiento. Por lo demás, ésta es otra confirmación de que no estamos ante un gobierno de izquierda y ni siquiera progresista.

Que cuando la Secretaría del Trabajo dice que los trabajadores que actualmente reciben un salario mínimo tendrían que laborar 3 jornadas laborales más que los trabajadores de los años 70 para tener el mismo nivel de vida, se encuentra totalmente en un error.

El dato preciso es, que al final del sexenio de Peña Nieto -si por una jornada laboral de 8 horas te pagaran un salario mínimo- entonces solamente para comprar la Canasta Alimenticia Recomendable, tendrías que trabajar 23 horas con 58 minutos, es decir, únicamente para que tú y tu familia puedan comprar alimentos ya que la Canasta Alimenticia Recomendable (CAR) cuesta $264.84 pesos diarios, muy lejos de los $102.68 pesos.

Ahora, para que con un salario mínimo, por cada 8 horas, se pueda alcanzar el mismo poder adquisitivo de los años 70, en los que el salario cubría más que sólo la canasta de alimentos, tendría que trabajarse aproximadamente 67 horas al día (sí, muchas más horas de las que tiene un día), es decir, trabajar 7 veces más de lo que se hacía entonces.

Imaginemos por un momento que la Secretaría del Trabajo, en lugar de anunciarlo ante los empresarios y las centrales sindicales charras, llegara a un barrio o una colonia y dijera que es un salario mínimo general diario es digno porque en lugar de tener que trabajar 23 horas con 58 minutos diarios para comer, ahora sólo tendrían que trabajar 21 horas diarias, y que  quedan 3 horas al día para dormir, transportarse, convivir con su familia, atender la salud, etcétera ¿cuál sería tu reacción después de llegar totalmente agotado del trabajo?.

Es absurdo que eso lo anuncian con bombo y platillo cuando sigue siendo un insulto para las clases trabajadoras.

El acuerdo del aumento del salario mínimo general diario, se hace sobre la base de la transferencia de 43 mil 300 millones de pesos, que el gobierno pagará en forma de salarios en el programa “Jóvenes construyendo el futuro”, cuya fuerza de trabajo será recibida gratuitamente por los empresarios, sin ningún compromiso. La población ocupada que recibe hasta un salario mínimo, inclusive, es de 8.5 millones. Si en un año normal hay aproximadamente 270 jornadas laborales y en cada una de ellas se aumenta 14 pesos, esa cantidad suma 32 mil 130 millones de pesos, pero el gobierno les transferirá a los empresarios, en forma de trabajo gratuito de los jóvenes un total de 43 mil 300 millones de pesos, es decir 11 mil 170 millones de pesos más de lo que pagarían por todo el aumento de salario junto. Al final, esta mejora no es para el pueblo, es para los empresarios.

El papel que han jugado los supuestos representantes del sindicalismo oficial que avalaron estos acuerdos, mejor conocidos como “charros”, es continuar con la justificación y pretender legitimar la explotación y el histórico despojo a los trabajadores, así como continuar socavando los derechos laborales conquistados en sus luchas históricas.

¿Quién puede tomar en serio que oscuros personajes como Carlos Aceves del Olmo, secretario general de la CTM, que incluso fue expulsada de la Confederación Sindical Internacional “por realizar acciones contrarias a defender los derechos de los trabajadores” puede representar los intereses de los sectores obreros?

Este es otro burdo montaje en el que se suplanta la voz y derechos laborales de los directamente afectados, como lo ha hecho con los megaproyectos en territorios indígenas o las ceremonias mediáticas para justificar el despojo y la destrucción ambiental.

Los datos que se han publicado en los reportes antes mencionados por el Centro de Análisis Multidisciplinario de la UNAM, no tienen como último horizonte el salario de ningún tipo, sino llevar la cuenta acerca de cuál es el tamaño de la explotación que empresarios, acreedores y gobiernos han hecho en contra de las clases trabajadoras. Y en todos esos reportes han insistido en que todo salario implica que el producto del esfuerzo de quienes hacen mover las máquinas y parir a la tierra, y que está por encima de lo que se les paga, sea del nivel que sea, se lo quedan quienes no trabajaron en producirlo y eso sólo tiene un nombre: explotación.

Quizá sea por eso que la presidencia pretende usar los datos sin citar la fuente, por la carga política que lleva reconocer que ninguna explotación a millones de trabajadores y trabajadoras puede ser digna, ni de izquierda, ni ningún signo con que traten de maquillarla en el discurso.

Finalmente, no deja de ser una ironía característica de la transformación de cuarta, que quienes generaron esas cifras que ahora se utilizan sin siquiera citarlas, elemento básico de reconocimiento al trabajo de al menos cuatro décadas que lleva el Centro, trabajan en condiciones igualmente precarias en una institución a la que ahora se le ha bajado el presupuesto, y cuyo funcionamiento depende de todo el subsidio que, con su trabajo, hacen profesores y profesorasde asignaturay ayudantes de profesor (que juntos constituyen el 74% de la planta docente de la UNAM), laborando por horacon salarios de miseria, dicho sea de paso, en muchos casos inferiores al salario mínimo general mensual. En su austeridad republicana ¿Cuánto se habrá gastado el gobierno en los asesores que plagiaron su trabajo? Pregunta el CAM.

Las cifras y estadísticas que generan en el Centro de Análisis Multidisciplinario, son para la defensa de los trabajadores ante la patronal y para que comprendamos más del entorno político que como trabajadores/as nos toca vivir; hay que usarlas y difundirlas en libertad, ya que ese es su propósito. No concuerdan ni remotamente con quienes pretendan usarlas mañosamente, desvirtuarlas o torcerlas para legitimar la explotación. Tal y como sucede en otros casos, no será pidiéndoles a los criminales que juzguen su propio crimen como habrá de existir justicia para el pueblo, sino la que organizadamente éste se construya para sí mismo.

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