Por Aníbal Feymen

A finales de enero de 1911 inicia la lucha armada del Partido Liberal Mexicano en Baja California. Equipados con pertrechos y una determinación sorprendente, los magonistas logran la toma de Mexicali y Tijuana. Luchaban tenazmente contra una dictadura feroz que mantenía en la miseria a las clases trabajadoras del país. Los objetivos del magonismo, expresados cuatro años atrás en el histórico Programa del Partido Liberal Mexicano (PLM), alteraban y alarmaban a Porfirio Díaz principalmente por la proposición de destruir el sistema y, sobre sus ruinas, construir uno nuevo en el que imperen los intereses fundamentales de las masas populares; una sociedad sustentada en la solidaridad entre iguales donde la recuperación de la dignidad humana sea el camino ético de una verdadera unión comunitaria fuera de la explotación y del despojo.

Desde finales del siglo XIX los magonistas luchaban intensamente contra una dictadura que conservaba intactos, a fuego y sangre, los intereses de la burguesía extranjera empeñada en el despojo de los recursos estratégicos y en la intensa explotación de los obreros mexicanos; así como de los intereses de grandes terratenientes contra los cuales Ricardo Flores Magón, consciente de la inhumana opresión hacia los campesinos, contrapone su consigna paradigmática de “Tierra y Libertad” que expone el entendimiento magonista de que la tierra es la propiedad esencial de la humanidad.

Después de dos alzamientos armados contra el régimen de Díaz –1906 y 1908– que no prosperaron, los magonistas deciden levantarse en armas aprovechando la rebelión maderista pero sin hacer causa común con Madero a quien habían calificado de traidor a la causa revolucionaria. En este complejo contexto es que los militantes del PLM se lanzan a la lucha armada en Baja California.

Los miembros activos del PLM eran veteranos en la lucha, combatientes notables y decididos que participaron arduamente en la lucha revolucionaria aún cuando su triunfo se veía lejano, casi inalcanzable. Sin embargo, la estrategia que implementó la dictadura fue muy clara: alejar a los magonistas de las masas populares y aniquilar su prestigio de revolucionarios para reducirlo a simples gavilleros. La coartada de la dictadura fue que los “revoltosos alzados en Baja California era una banda de filibusteros, en su mayoría extranjeros, quienes por órdenes de Ricardo Flores Magón pretendían entregar a los Estados Unidos el territorio bajacaliforniano”. Así, agitados y exaltados, los mismos habitantes de la península salieron a combatir a los milicianos del PLM. La dictadura logró aislar la lucha revolucionaria de los magonistas con base en calumnias; exitosamente logró enfrentar al pueblo contra el pueblo.

En realidad no existe algún hecho que permita afirmar que los magonistas sostenían relaciones con funcionarios estadounidenses de algún tipo, mucho menos separatistas. Así denunciaba Regeneración esta campaña injuriosa del gobierno:

“El dictador y sus cómplices alegan que no son revolucionarios los componentes que operan en la Baja California, sino filibusteros que van a entregar ese territorio a los Estados Unidos. Lo que dice ese canalla para hacer vibrar las fibras patrióticas de las masas y exaltarlas contra sus hermanos (…) Alegan los porfiristas que son extranjeros los que luchan en la Baja California , como si para luchar por la libertad y el bienestar del pueblo mexicano fuera menester haber nacido en aquel suelo”.

La infame táctica contrarrevolucionaria funcionó y la vituperada lucha magonista fue aislada y repudiada por el mismo pueblo al que los revolucionarios pretendían emancipar. “Los revoltosos”, epíteto predilecto por el porfirismo y heredado con gusto por el maderismo fue el corolario de una intensa campaña de linchamiento desde el poder contra la fracción más clara y radical de la Revolución Mexicana, esa que planteaba con toda claridad que

“El Partido Liberal Mexicano no lucha por derribar al dictador Porfirio Díaz para poner en su lugar a un nuevo tirano. El Partido Liberal Mexicano toma parte en la actual insurrección con el deliberado y firme propósito de expropiar la tierra y los útiles de trabajo para entregarlos al pueblo, esto es, a todos y cada uno de los habitantes de México, sin distinción de sexo”.

* * *

En la actualidad los pueblos luchan y se organizan ante condiciones de explotación, opresión y miseria que históricamente no han sido resueltas. La organización popular, cuando es honesta y legítima, busca obtener solución a la precarización material a la que ha sido lanzado el pueblo trabajador por un sistema que se sostiene a través de la más bestial explotación y al más aberrante saqueo de sus recursos.

En este contexto oprobioso se encuentra el magisterio mexicano lacerado por una reforma educativa  que deja a decenas de millares de maestros en la inseguridad laboral por la indecente retención de sus emolumentos y condena a miles de normalistas egresados al desempleo o la precariedad laboral. Una perversa reforma que aún en los nuevos tiempos de la “Cuarta Transformación” continúa implementándose. Este es el fundamento que explica la acción política de protesta que el magisterio michoacano ha lanzado en las últimas semanas.

La Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) no es una organización homogénea o unitaria, en ella confluyen una serie de agrupaciones con diferentes perspectivas políticas e ideológicas que experimentan diferentes formas de protesta para lograr la satisfacción de sus demandas. En la Coordinadora hay expresiones diversas, desde las que intentan establecer un control charril-corporativo hasta las que se caracterizan por la independencia y autonomía de clase frente al poder y la patronal. No obstante, el Estado ha intentado presentar –a través de su fuerza mediática– a la CNTE como una estructura organizativa única y homogénea y que cuando en su interior se expresan posiciones políticas discordantes frente a las promesas gubernamentales, se les califica de grupúsculos oscuros de radicales que sólo pretenden desestabilizar al régimen. Al Estado le agradan mucho los líderes que a la primera de cambios muestran sumisión y credulidad ante las promesas del poder; pero le enfadan sobremanera aquellas expresiones de independencia política que no están dispuestas a ceder ante promesas gubernamentales que sólo retardan la solución a las justas demandas de las clases trabajadoras. A éstas, de acuerdo con el razonamiento estatal, se les debe dar un tratamiento especial, un tratamiento de aislamiento, linchamiento y escarnio.

De manera astuta el presidente López Obrador –obviando las condiciones económicas y sociales que condenan a la ruina a los docentes y a las clases trabajadores del país– llama a la CNTE a que denuncie a los grupos que mantienen una posición crítica ante las decisiones tomadas por el charrismo y el Estado en confabulación. Que sean los mismos maestros quienes repudien y delaten a sus compañeros que no han cejado en su intento de mejorar las condiciones laborales del magisterio. La represión no sólo se manifiesta con la coacción física, también se configura desde el linchamiento público, desde las descalificaciones ante la protesta social, en el intento de aislar a expresiones netamente populares de su base social a través de la sospecha y la injuria.

Ha dicho López Obrador a través de un lenguaje polarizador que:

“Un grupo de maestros, yo no diría la CNTE, porque ellos hicieron una asamblea y tomaron la decisión –ese es el informe que yo tengo– de que iban a levantar el bloqueo porque ya se eles atendió en sus demandas. Sin embargo, hay un grupo que mantuvo el bloqueo. A mí me gustaría que la CNTE de Michoacán aclarara sobre este asunto. O sea, si es de la organización o no (…) que se aclare este asunto, si se consultó a los maestros, si hubo una asamblea y decidieron que iban a quitar el plantón y no lo quitan. Entonces qué tienen  que ver ellos con este grupo. (…) No queremos utilizar la fuerza porque esas actitudes muchas veces tienen que ver con posturas conservadoras de izquierda. Así como hay conservadurismo de derecha, hay un conservadurismo de izquierda. Es cuando los extremos se tocan y en apariencia son muy radicales pero de verdad son conservadores. Son los que no quieren que haya cambios; o los que se dedican nada más a analizar la realidad, pero no quieren transformarla”.

Es improbable que los “informantes” de AMLO no le hubieran manifestado que la asamblea de la CNTE en Michoacán estuvo plagada de patrañas en contra de la solidaridad que organizaciones sociales y población en general expresaron a los docentes durante sus jornadas de protesta a las que los dirigentes neocharros de la Sección XVIII calificaron de oportunistas y responsabilizaron de obstaculizar las “mesas de negociación con el gobierno”. Dudo que los informadores del presidente no le hubieran dicho que la asamblea estuvo plagada de ridículos deslindes y descalificaciones a las posiciones críticas de las bases que cuestionaban la falta de respuesta puntual del gobierno estatal y federal. No me creo para nada que al presidente no le hubieran manifestado que los neocharros maniobraron para confundir, engañar e imponer en las bases una decisión que no fue consensuada en la referida asamblea. La dirección neocharra de la Sección XVIII de la CNTE y sus grupos de interés escudan las justificadas inconformidades de las bases magisteriales ante su imposición antidemocrática con calumnias que pretenden responsabilizar a organizaciones sociales solidarias de las jornadas de protesta que impulsó con gran convicción el magisterio michoacano.

Ahora, después de conocer el discurso presidencial queda más que claro que esta campaña se basa en calumnias gubernamentales con las que se pretende aislar de la solidaridad popular a las expresiones más congruentes, dignas y combativas de la CNTE; además de que se busca justificar la falta de voluntad política para resolver integralmente las demandas del magisterio.

En el caso de las manifestaciones de la CNTE en Michoacán, el presidente de México ha emitido un discurso de linchamiento represivo que está claramente dirigido a aquellos grupos docentes que cuestionan críticamente la política caciquil y corporativa de la dirección magisterial que se postra ante el gobierno en turno con el fin de obtener canonjías del poder y continuar sometiendo a los maestros de base. López Obrador sabe muy bien el peso de su discurso siendo el titular del ejecutivo en un país donde un importante segmento de la población lo venera acríticamente; sabe muy bien que su discurso ha desatado un clima de confrontación al interior de una de las secciones más nutridas del magisterio disidente. López Obrador sabe muy bien que, sin necesidad de reprimir con la fuerza pública, ha logrado confrontar al pueblo contra el pueblo mismo.

* * *

En mayo de 2014, en Yecapixtla, Morelos, López Obrador en su calidad de precandidato a la presidencia de la República se comprometió a luchar contra los megaproyectos de la siguiente forma:

“Nosotros vamos a defender con todo lo que podamos a los pueblos; que no queremos el gasoducto, no queremos esa termoeléctrica y no queremos tampoco las minas que van nada más a destruir el territorio y van a contaminar las aguas”.

Y es que desde el año 2010 los pobladores de la región afectada por el Proyecto Integral Morelos iniciaron una lucha de resistencia social acompañada por una batalla jurídica con la que han logrado frenar el gasoducto y la termoeléctrica por más de un sexenio. Sin embargo, el ahora presidente de México ha cambiado de parecer y está dispuesto a concluir el proyecto a costa de la seguridad de los habitantes de la región.

Hace unos días, durante una visita de trabajo del presidente a Cuautla, integrantes del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra, el Agua y el Aire, se manifestaron frente a López Obrador exigiéndole que cumpla con su promesa empeñada en el año 2014, además de calificar la consulta anunciada por el mandatario como ilegal y una simulación.

Ante las protestas López Obrador nuevamente lució su discurso de linchamiento represivo y les advirtió a los manifestantes:

“Resulta que se levantan los de la extrema izquierda en contra del gobierno. Por eso reafirmo que son conservadores. ¿Qué cosa es ser conservador? Es como su nombre lo indica, el que apuesta a que las cosas no cambien, que se conserven. ¿Para qué? Para sacar provecho. Nosotros no queremos sacar nada, queremos transformar”.

A pesar de lo que dice el presidente, el único provecho que desean sacar los habitantes de esa región desde hace diez años es el respeto a su salud y al medio ambiente. Pero la respuesta es una consulta con la cual busca legitimar una decisión ya tomada y, desde luego, confrontar al pueblo contra el pueblo mismo.

* * *

La llegada de López Obrador a la presidencia de México no transforma esencialmente las condiciones materiales de vida de las clases trabajadores del país. Es lógico que, ante la expectativa que ha generado su gobierno, los movimientos populares exijan la solución a demandas añejas que les han costado muertos, desaparecidos y encarcelados en la mayoría de los casos –a pesar que es discurso ordinario, incluso en el mismo AMLO, decir que antes nunca se le exigió a los otros gobiernos, argumento fútil que raya en la ridiculez.

Pudieran parecer viscerales e insustanciales las acusaciones que lanza el ejecutivo contra legítimos movimientos sociales que durante décadas han luchado por un país más justo y equitativo, pero no lo son. Sus declaraciones y adjetivaciones tienen  una motivación muy clara: someter al linchamiento a las expresiones populares y revolucionarias que cuestionen de raíz el sistema económico y planteen la necesidad de su transformación radical de la sociedad actual. El interés es aislarlos, anular su propuesta política y social y reducir su acción organizativa.

Ayer se les llamó “revoltosos” y se crearon en torno suyo las historias más extraordinarias sobre filibusterismo y abigeato. Hoy se reedita esta deleznable campaña de injurias políticas con fines represivos e impone la etiqueta de “conservadores” o “radicales de izquierda” pretendiendo hacer pasar por cierta la aberración de que “los extremos se tocan” para configurar el más amplio rechazo de la población a legítimas expresiones de lucha popular. Una táctica de la reacción más conservadora de la cual nuestro presidente es un elevado exponente.

Un comentario sobre “El presidente sabe linchar

  1. Buen texto, creo que es claro como pone en contra a las bases, pero me llaman la atención 2 cosas, 1 El magisterio cedió muy rápido, el PLM no retrocedió a los 2 días de recibir un linchamiento, por lo que la defensa de las causas injustas, bla, bla no se pudo sostener, sería interesante ver sostenerse a esa sección del sindicato solidaria, unida y coherente y ver cómo responde el presidente a un movimiento con más legitimidad, los hubiera vuelto mártires?

    El segundo punto, de verdad estamos ante movimientos y organizaciones legítimas? O son un EZLN ? Saludos

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