Por Elisa Mendoza Gilabert

El dramaturgo alemán Bertol Brecht, quien vivió en el exilio en años del nazismo, escribió unas líneas que han sido retomadas en incontables ocasiones para denunciar el peligro de la indiferencia.

“Primero se llevaron a los judíos, pero como yo no era judío no me importó.
Después se llevaron a los comunistas, pero como yo no era comunista tampoco me importó.

Luego se llevaron a los obreros, pero como yo no era obrero tampoco me importó.
Mas tarde se llevaron a los intelectuales, pero como yo no era intelectual, tampoco me importó.

Después siguieron con los curas, pero como yo no era cura, tampoco me importó.
Ahora vienen por mi, pero es demasiado tarde.”

Vale la pena recordar estas palabras y reflexionar sobre lo que está pasando en nuestro país, específicamente con los organismos autónomos, ahora que Guillermo García Alcocer, titular de la Comisión Reguladora de Energía, fue víctima de una serie de acusaciones sin sustento después de decir que el Presidente está mal informado sobre los contratos de la Comisión Federal de Electricidad.

No es la primera vez –y definitivamente no será la última–que Andrés Manuel López Obrador ataca a los integrantes de organismos autónomos y acusa a estas entidades de ser inútiles, costosas, corruptas y de estar al servicio de intereses contrarios a los del país. Las respuestas de muchos acusados no son en absoluto comparables con la réplica clara y contundente que dio el presidente de la CRE. Frente a las constantes agresiones, valdría la pena que los organismos autónomos en su conjunto defendieran la autonomía como valor fundamental de instituciones indispensables para cualquier país democrático.

¿En dónde están los consejeros del INE y del INEGI? ¿La CNDH y el INAI olvidaron las agresiones que recibieron por parte del presidente o no consideran necesario pronunciarse? ¿Acaso otros organismos reguladores como la Cofece y el IFT no van a defender públicamente el trabajo y autonomía de otra comisión reguladora? No hay que minimizar las consecuencias que el país puede sufrir por la indiferencia ante este tipo de situaciones. El desprecio a la autonomía y a la crítica es sumamente grave y debe entenderse como lo que es: una característica de regímenes totalitarios, que cobran fuerza con la apatía y neutralidad de los ciudadanos ante sus atrocidades.

El silencio de los integrantes de los organismos autónomos frente a las injusticias que acechan a García Alcocer es preocupante porque indica que están aceptando ser sumisos ante la voluntad gubernamental o que actúan como lo dice el texto citado de Brecht: mientras no vayan por ellos, no harán nada. La realidad es que el uso de las instituciones del Estado para una persecución política es un asunto que amenaza a todos. Si no se denuncia ahora, todos juntos y de manera rotunda, será demasiado tarde.

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