Palabra de Antígona

Por Sara Lovera

En 50 años de testiga y feminista, de ver y examinar los procesos de pensar, empezar y desarrollar una política feminista, desde la base al poder, hoy puedo afirmar que las cosas han cambiado, y mucho. Como diría la maestra y doctora Marcela Lagarde, hemos construido, a fuerza de muchas acometidas, una cultura feminista, de la que el poder no hace caso, pero con ideas, conocimiento y trabajo las militantes, académicas, feministas, muchas políticas y funcionarias se ha hecho posible.

También corrimos las cortinas de lo oculto e ignoto. Sabíamos de la violencia contra las mujeres. En 1968 leímos denodadas el libro de Susan Brownmiller Contra Nuestra Voluntad -1975-, donde el peor de los crímenes contra nuestra integridad supusimos era la violación sexual. No fue hasta 1994 que vimos, horrorizadas, cómo se nos mata por ser mujeres. Feminicidio, concepto de la doctora Lagarde, una palabra que hoy está en decenas de miles de notas periodísticas en todos los medios, aunque éstas, carezcan aún, de una mirada feminista.

Como eso, tardamos años en conceptualizar la doble jornada o el trabajo invisible, hoy economía del cuidado y entonces imposible pensar, que el debate sobre el aborto, terminaría en la ILE o sea la Interrupción Legal del Embarazo. Desde 1931 el Código penal tenía como excepción la violación para no penalizar el aborto, fue la base de la ILE.

Nada se nos ha dado. Por todo hemos pugnado. Aún no logramos cerrar las brechas de desigualdad, ni tampoco hemos conseguido que toda la población conozca y reconozca los derechos humanos de las mujeres; tenemos todas las oposiciones inimaginables para pensar en una sociedad feminista o incluyente. Cada paso adelante, produce un obstáculo.

Muchas mujeres en el movimiento y en las organizaciones, aún aliadas temporales, siguen sin lograr cambiar su vida y su pensamiento, muchas todavía tenemos funestos rasgos de misoginia y hay muchísimas en la categoría creada por Marta Lamas, del mujerismo.

Pero hoy, valorarlo es fundamental, hay ILE en la ciudad de México, paridad en la ley, anticoncepción de emergencia, instituciones –imperfectas- políticas declaradas –muchas no cumplidas-, pero políticas e instituciones, un enorme bagaje de conocimiento, muchas mujeres difundiendo el feminismo o nuestros derechos y trabajando. Eso ha sido tremendamente dantesco, a veces difícil y complejo. También nosotras somos las creadoras de los institutos de las mujeres, para que los gobiernos hagan su tarea, cumplan con la ley y los compromisos internacionales, una política de género internacional. La igualdad está en la Constitución, está en las leyes, su pertinencia está en esas instituciones, está en varios planes nacionales de desarrollo de varias administraciones, federal, estatal y aun municipal.

Es decir, todas son reclamables, algunas de las acciones y las leyes son consideradas simulaciones o fuegos artificiales, sin embargo, también son  exigibles, existen para empujarlas, su no desarrollo o su estancamiento o su postura demagógica, dependen de la correlación de fuerzas. Las mujeres podríamos ser una fuerza para ponerlas de pie y en marcha. Asunto complejo y pendiente.

Lo más grave, es cierto, es que a las mujeres nos siguen matando, porque uno de los más grandes pendientes que tenemos es que no hemos logrado el cambio de actitudes, entre hombres y mujeres; porque no hemos hecho la revolución cultural y son las aulas y los medios de comunicación, donde más se conspira contra la cultura feminista y de donde surge el peor de los valladares todavía infranqueables.

Tampoco vivimos en una sociedad democrática y padecemos, día a día, la antidemocracia y estulticia en nuestros gobiernos. Para combatir la violencia, estoy convencida que no se hará con la policía o los militares, sino con cambio de actitudes, que si lo pensamos, puede costar mucho tiempo y mucho dinero. Lo peor es que está en las personas.

La sociedad civil feminista ha trabajado duramente, en todo México, en lugares alejados, en el campo y la ciudad. No alcanza recurso, interés oficial y no oficial, academia o expertis –como ahora se dice- capaz de atemperar la violencia contra las mujeres, porque ahora pende de la violencia estructural, de la guerra de baja intensidad, de la concepción en la sociedad de que las mujeres valemos menos que los hombres.

En esas circunstancias hoy, nos vimos convocadas, por primera vez, a una transformación, la 4T por una parte, y asistimos, como en otros momentos sexenales, a la aplicación de la Ley del Instituto Nacional de las Mujeres, que sobre la designación de su presidencia, habla de seleccionar a la titular, en una junta de gobierno con participación ciudadana, pero que es opaca en cómo se realiza. Con qué herramientas y mecanismos: una convocatoria abierta al pueblo –  ese de moda-; con una encuesta; con una consulta nacional que haga el Instituto Nacional Electoral o cómo.

Hace seis años la designación dejó insatisfechas a muchas mujeres, a sus grupos e instituciones. Los Consejos Social y Consultivo –una figura democrática- no supieron, no pudieron, no las dejaron, o se pasó el tiempo, no discutieron suficiente o a tiempo cómo generar el mecanismo que podría considerarse democrático. No estuvo, no se hizo.

Así llegamos a la 4T. Inusitado. Las elecciones las ganó Andrés Manuel López Obrador en julio de 2018. Apenas cuatro semanas después, empezaron a manifestarse las mujeres interesadas, unas en influir en la decisión y otras en aspirar al puesto. Una maravilla. Cartas de apoyo, perfiles, argumentaciones variadas. En esos días las mujeres del Observatorio del Feminicidio, la ex gobernadora de Zacatecas, Amalia García y la doctora Patricia Olamendi entregaron a las puertas de la casa del futuro presidente, propuestas; hubo de todo, análisis y observaciones de cómo iba la política de género en la 4T y cómo debía cambiar o renovarse el INMUJERES.

Hubo más cartas y apoyos, más perfiles, solo conocidos por la tesonera, impresentable postura periodística y en redes sociales, muchas otras, se fue sabiendo. Así, para el 9 de septiembre, dijo la senadora Martha Lucía Micher, había más de 10 expedientes de variadas candidaturas, algunas apoyadas por muchos grupos, otras por pocos, seguro algunas autopropuestas. Otras en secreto frente a la opinión pública, pero existentes. Cabildeos, conferencias de prensa, declaraciones. Nosotras, ustedes, ellos, las y los del gobierno, lo sabrán, no sabremos nunca todos los nombres, los perfiles y las credenciales de las aspirantes.

Al menos yo conocí varias. Hubo notas, demostraciones públicas, entrevistas a las visibles, manejo de nombres en la prensa y existía lo principal para nuestros grupos interesados, la convicción de que tendría que haber una designación. Tan importante como esa de elegir a una responsable de la política de género en el gobierno, para fines de Estado. Que tendría que ser lo que la ley de INMUJERES dice –seguro no actualizada-; esa fue una primera etapa.

Entre las interesadas y los grupos de interés el asunto estaba público y se discutía. En Oaxaca, en Veracruz, en redes grandes y pequeñas, en instituciones feministas y entre las políticas. No hubo secreto en la aspiración y el proceso, aún bajo la sospecha o el sospechosismo muy mexicano, así fue. Yo investigo, pregunto, estoy en el asunto. Es mi trabajo de periodista, que como dice el pensador búlgaro Elías Canneti de lo que debe ser el escritor de nuestro tiempo, un sabueso con el hocico pegado a su tiempo, buscando, metido en donde no le llaman, para saber.

La segunda etapa fue la planeación de la ansiada reunión de la Junta de Gobierno. No sin antes haber elegido a los consejos. Esos no se airearon en público, quedaron en las interesadas: una convocatoria –hubo 136 aspirantes-, un proceso de selección y una lista final, con las elegidas. Todo en consonancia con la ley. Se las eligió, instaló y capacitó en lo que es INMUJERES, sin chistar, todo caminó.

Así, en la primera reunión de consejeras, que coincidió con la primera y única presentación pública de la comisión de transición de un gobierno a otro para INMUJERES, como se hizo en las 18 dependencias y todas las que forman el gabinete ampliado, pués llegaron las representantes del presidente electo a ver cómo se iba a pasar el Inmujeres del sexenio terminado al INMUJERES de la 4T. La senadora Micher Camarena me comentó, entonces “hay muchas candidatas”, seguro vieron las peticiones, luego hicieron entrevistas –dijeron que a 11-, y más tarde armaron una terna, de esas muchas, que se propusieron y las propusieron las mujeres. Había, en nuestros grupos la convicción de que con la 4T debía ser una de las nuestras o cercana, con credenciales y trabajo con las mujeres, o con sus derechos. Total, ahí estaba ya lo excepcional, todo era público, gracias a la prensa y gracias a las redes sociales. Teníamos sus fotos, sus apoyos, sus historias profesionales.

Algo pasó ahí. Una mala manera de apurar el proceso. Una terna que no tenía la participación formal, administrativa y política de los Consejos, de 16 propietarias y 16 suplentes, de los 32 estados de la República, verificada por la senadora Micher y la que sería la Secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, consejeras, montones feministas, otras no, montones con experiencia y otras no.

La mala manera fue suponer que todas eran lo mismo. Y todo sería tierno. La terna fue considerada oficial, impuesta, sorpresiva, negociada por teléfono, impresentable. Las Consejeras el 14 de diciembre, la rechazaron, al no votar, abstenerse, no podría definirse la terna.

La tercera etapa, muy trascendente para el futuro, fue que los Consejos lanzaron una convocatoria pública, -hicieron un boletín- y ahí además no fueron incluidas, de manera explícita, las que ya habían hecho todo, cartas, manifiestos, conferencias de prensa, pronunciamientos, así que todas ellas y otras nuevas, contentas por el procedimiento, participaron con las reglas metodológicas y legítimas de las Consejeras, total: 30 aspirantes, según boletín informativo.

Las asignadas para la tarea, seleccionaron, entrevistaron siete, ideales, todas con muchas credenciales y méritos, feministas –un requisito-, algo que en mis tiempos era inimaginable para ponerlo en una mesa gubernamental, oficial, ya que en la Junta de Gobierno debe votar el gabinete de la 4T. Una cosa para aprender, es que nunca debe pensarse en un asunto personal, si en cambio de conveniencia política y administrativa.

Lo que pasó en un lapso. No lo sé. Supe de visitas a la secretaria de Gobernación, a distintas reuniones, donde por suerte hubo acuerdo. Ir a la Junta de Gobierno con las siete aspirantes elegidas por las Consejeras, que hicieron un trabajo todo lo profundo que pudieron y plantearon. Increíble, ningún funcionario o funcionaria de gabinete o de gabinete ampliado tuvo tal proceso, análisis, exploración de capacidades, historias de vida, entrevistas grabadas, petición de documentos. Yo no hubiera podido, no fui a la escuela, lamentablemente, aunque tenga 50 años en el feminismo, lo digo como ejemplo del rigor con que se hizo esto.

Ellas en las siete seleccionadas, incluyeron a la doctora Nadine Gasman Zylbermann y a las otras dos compañeras, Candelaria Ochoa Ávalos y Patricia Olamendi Torres, supremas, que resultaron en la terna. Un proceso increíble, buenísimo.

El gobierno, el presidente formalmente, vía la secretaria de Gobernación, con toda esa información, proceso, análisis como sea, tomaron una decisión este 20 de febrero. La más pensada que yo haya visto en toda mi vida para este menester. Resultado, la nueva presidenta de INMUJERES, como ninguna otra, tomará el cargo sin impugnación. Puede haber opiniones distintas, insatisfacción, sobre todo porque la terna final era muy buena, asunto difícil de decidir. Y claro, hay 29 mujeres, al menos, que también, todas, fueron espléndidas, compañeras de camino por los derechos de las mujeres, que no están. Era sólo un puesto. Yo espero que esa riqueza que se hizo visible de todas mujeres capaces, sea aprovechada en la 4T y la esperada política de género. Sefini.

NSP: Palabra de Antígona es la columna de la periodista feminista Sara Lovera, originalmente publicada en Sem México que generosamente nos comparte sus contenidos.

 

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