Cartas desde México

Por Adriana Esthela Flores / Imagen: Proceso Foto

El grito del ejidatario aquel 10 de febrero, durante la presentación del proyecto para la Termoeléctrica de Huexca, en el estado de Morelos, encerraba lo mismo coraje que advertencia:

“¡Eres un vendepatrias, atente a las consecuencias!”.

Le hablaba así al presidente Andrés Manuel López Obrador, quien anunció en ese evento la consulta de este 23 y 24 de febrero, sobre el proyecto rechazado por el  Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra y Agua Morelos, Puebla y Tlaxcala (FDPTMPT) debido a las afectaciones ambientales y los riesgos de desastre.

Desde la tierra del prócer Emiliano Zapata, AMLO explicó que la termoeléctrica es una herencia de gobiernos neoliberales y advirtió que, si la planta no entra en operación, se pierden cada año 4 mil millones de pesos (unos 210 millones de dólares).

“Aunque haya gritos y sombrerazos, va a ser el pueblo el que va a decidir sobre este asunto”, dijo.

¿De qué se trata la planta termoeléctrica de Huexca, promovida por el expresidente Felipe Calderón Hinojosa?  Forma parte del llamado “Proyecto Integral Morelos” (PIM),  integrada también por un acueducto y un gasoducto. El proyecto fue concesionado a las empresas españolas Eleanor, Eneagas y Abengoa y con él, se pretende abastecer de electricidad al oriente del estado de Morelos. Un plan ambicioso que, como suele ocurrir en obras de gran envergadura en México, no tomó en cuenta a los habitantes de los terrenos afectados, a quienes, de manera sistemática, se les ha negado información sobre el impacto del proyecto.

Entre esos habitantes invisibles para los gobiernos federal y locales en turno estaba Samir Flores Soberanes, 30 años, uno de los principales opositores al PIM, fundador y locutor principal de la radio comunitaria “Amiltzinko”.  Él también –sin ser mencionado- fue destinatario de las palabras de AMLO, dirigidas a les opositores a la termoeléctrica de Huexca.

“Yo entiendo que hay ambientalistas auténticos, pero también hay intereses creados. Escuchen, radicales de izquierda -que para mí no son más que conservadores- escuchen….”, dijo AMLO. Al día siguiente, el FDPTMPT le respondió a través de una carta abierta:

“Usted, señor presidente, debe ser consciente que su posición puede empoderar a sujetos que han estado atacando al pueblo de Huexca y que pueden provocar un crimen o una desaparición forzada de la cual usted sería en parte responsable, porque derivaría de las causas del proyecto que usted está impulsando, omitiendo ver los problemas sociales que existen al respecto”.

Una semana después, llegó la estocada: Samir fue asesinado de cuatro balazos –dos en la cabeza- a las puertas de su casa en Amilcingo. Quedaron heridos el movimiento opositor a la termoeléctrica, la lucha por la defensa del medio ambiente en todo el país y –una vez más- la historia de quienes se atreven a alzar su voz para denunciar atropellos e injusticias. Samir se convirtió en el número 14 de la dolorosa lista de activistas y periodistas asesinados desde el 1 de diciembre de 2018 (según reporte de Espacio  de Organizaciones para la Protección de Personas Defensoras y Periodistas).

Y quedó herida, también, la consulta sobre el proyecto, que inició este sábado 23 y en la que se reportaron disturbios en tres municipios donde grupos de inconformes trataron de evitar la instalación de mesas electorales. Al informar que más de 16 mil personas participaron en la consulta, el delegado del gobierno federal, Hugo Eric Flores, calificó el ejercicio democrático como “un éxito”. Llana retórica gubernamental: el asesinato de Samir era algo demasiado grave y doloroso como para normalizarlo dentro de la consulta.

Más allá de las investigaciones sobre quién o quiénes planearon, ordenaron y ejecutaron el asesinato de Samir, su crimen significó apagar con violencia una de las principales voces contra un cuestionado proyecto del gobierno federal.

El liderazgo de Samir, tras su muerte, lo convirtió en un símbolo mayor de resistencia en un país acostumbrado a las sumisiones. Y esto debió haber sido suficiente para posponer o suspender temporalmente la consulta. Por una cuestión de dolencia y sensibilidad.

O solo, acaso, por mostrar que en los tiempos de guerra que se siguen viviendo en varias zonas de México, debe haber tregua para llorarle a los muertos ignorados del sistema, a los que no se les ondea la bandera a media asta ni se les rinden funerales de Estado.

A los que Zapata, seguro, les lloraría.

Nos vemos el próximo domingo, con café y poesía

PD1 Solidaridad con Venezuela en estos tiempos de máximo asedio. Basta de intervención.

 

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