Dizque

Por Antonio Reyes Pompeyo

Dice el maestro Morquecho (un vagabundo posgraduado que ha sabido hacer de la miseria un arte), que la verdadera sabiduría no se halla en las estanterías de las bibliotecas y, a veces, ni en el diálogo artificioso con los vivos o los muertos; la savia del pensar es mas fácil de localizar en la rústica expresión del ciudadano de a pie, del ranchero que mira a sus animales relacionarse o del caminante que entrega su ocio a la escucha de lo que se dice por ahí. (¿Debo aclarar que no todos son poseedores de estas perlas de la vida contemplativa? Debo caer en la falacia del pueblo sabio?)

Es pues, en esos lugares comunes donde el trasiego de las ideas y las conversaciones y las experiencias cotidianas han dejado un interesante poso de expresiones muy certeras y maravillosas.

Hoy aprovecho este espacio para referirme a una expresión que desde muy niño, en el universo de mis curiosidades, me causaba cierta extrañeza: ¿Qué es ese “dizque” del que hablan mis tías? ¿Qué es ese “dizque” que entiendo ahora y que ustedes también se dan por emplear dizque con docta preparación?

El “dizque” es el concepto de la revelación diletante, de una certeza empañada por la obligación de creer o del compromiso por una verdad conveniente, en el “dizque” aceptamos a regañadientes lo que debe estar en tela de juicio, es la confirmación del simulacro. De ese, del simulacro, ya hablaron a su tiempo y con severidad algunos filósofos, comenzando por Platón, pasando por Bacon para terminar con Baudrillard; pero por más vueltas y retruécanos que le hayan dado, no hay expresión más acabada y que aporte más claridad que el mero “dizque” de mis tías, o de Arturo y Olallo. Esta vida es un simulacro, y nosotros dizque le creemos; sin más.

Antonio Reyes Pompeyo

Hombre entremetido, bullicioso y de poco provecho.