Cartas desde México

Por Adriana Esthela Flores 

Aquella tarde en la primavera de 2011, recuerdo muy bien cómo les reporteres tratábamos en vano de ocultar el llanto y de poner duro el corazón mientras escuchábamos las declaraciones de decenas de víctimas de violencia que hablaban, como en una letanía, frente al micrófono que en esas circunstancias, funcionaba como el altavoz de un dolor que se nos apareció de golpe. Había un poeta, Javier Sicilia, hablando de cómo unos secuestradores le habían quebrado la vida al matar a su hijo Juanelo y otras seis personas en el estado de Morelos. Marcharon hasta el Palacio de Gobierno,  con las losas de dolor a cuestas, para gritar –sus lágrimas transmitidas en vivo- la estela de horror que estaba dejando la mal llamada “guerra contra el narcotráfico”, en un episodio de muerte que hasta ahora no ha terminado.

Y sin embargo, el dolor no está en las portadas de los medios de comunicación, no al menos en un afán de construir paz. No.

Hoy, como antes de que iniciara el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad, el horror transmitido en los medios de comunicación se reduce a anécdotas. A historias que nos asaltan día tras día y que forman parte de nuestra violenta cotidianidad.

Así ha ocurrido con las caravanas de comandos armados transitando por avenidas del Estado de México, Tamaulipas y Veracruz, sin que nada ocurra. Así ha pasado con las desapariciones de mujeres en la Ciudad de México, en una frecuencia cada vez mayor, sin que esto escandalice a los sectores políticos que se pondrán un moñito naranja el 25 de noviembre para conmemorar el Día de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. Así ha pasado con los robos a mano armada en el transporte público, los feminicidios y los asesinatos de defensoras y defensores sociales. El pasado 27 de marzo, un hombre armado asesinó a la integrante del Consejo Indígena del Trueque de Edomex, Eulodia Lilia Díaz y tres días después, fue asesinado de un disparo en el rostro el activista Abiram Hernández, quien acompañaba a familiares de víctimas de desaparecidos en Veracruz.

Y las noticias son reseñadas como una colección de dolor, sin que la mayoría de los grandes medios llamados “tradicionales” profundicen en las narrativas sobre estos episodios que pronostican el aumento de la violencia y la impunidad a la que nos hemos acostumbrado, que hemos normalizado y silenciado; tanto, como el acoso sexual que muchas colegas tuvieron el valor de denunciar a través de las redes sociales con la etiqueta #MeToo.

A pesar de que la cuenta de Twitter “Periodistas Unidas Mexicanas” publicó más de 120 denuncias en las que fueron acusados directivos, académicos, fotógrafos, reporteros y columnistas y que la noticia llegó a nivel internacional, en México, la noticia no tuvo un eco similar en la denominada “gran prensa”. Hubo casos destacados, como el de Grupo Reforma, que despidió a Leonardo Valero, director de Operaciones Editoriales, tras ser denunciado por acoso; además, redes de periodistas y otros medios anunciaron la implementación de protocolos para actuar en caso de que se cometa este delito.

Pero hace falta más, mucho más, especialmente en una prensa que se ha alejado de la calle y de los agravios que afectan a los de más abajo, quienes prefieren transmitir y compartir sus opiniones en páginas de Facebook, Twitter o Instagram o radios y televisoras por internet.

Ahí es donde el dolor sí encuentra su caja de resonancia. Donde sí puede dar pie a debates en los que participen ciudadanas y ciudadanos de a pie, afectados directamente por la falta de seguridad y no por plumas lejanas a las pesadillas ordinarias de quienes viajan diariamente dos horas para llegar a su lugar de trabajo o sobreviven con el salario mínimo.

El dolor, por tanto, sí puede y debe estar en portada, especialmente porque es reflejo de un agravio sistemático con el que nos toparemos al final de este sexenio y nos preguntará, a todes: ¿Dónde estábamos?

Nos vemos la próxima semana, con café y poesía

PD.- Mi solidaridad con el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad. Y con el portal ElGrilloWeb, de Venezuela que ha padecido, como miles de ciudadanes, los apagones masivos de las semanas recientes. Un abrazo a todo el equipo.

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