Aníbal Feymen / Imagen: Proceso Foto

Segundo artículo de la serie con la que el autor pretende demostrar que el productor de la descomposición social y la degradación humana es el capitalismo en su fase imperialista, y en la que también intenta desvelar el papel que ha jugado el neoliberalismo en el esfuerzo para reorganizar el orden social y subordinarlo plenamente a la lógica de la acumulación capitalista. 

  1. Pugnas geopolíticas que intentan recomponer el camino del capitalismo

El espectacular crecimiento económico de la República Popular China y la reestructuración económica de Rusia al abandonar las políticas neoliberales instauradas inmediatamente después de la desaparición de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), sustituyéndolas por un nuevo patrón de acumulación económico  de tipo burocrático, muy próximo a las tesis keynesianas del Estado benefactor con aspiración al pleno empleo [1], les ha permitido surgir como importantes potencias regionales que hoy día disputan la hegemonía mundial al imperialismo norteamericano mediante la construcción de un bloque geopolítico que por ahora se mantiene en suspenso, pero que es el apoyo que la alianza sino-rusa requiere para la expansión económica y militar de sus aspiraciones hegemónicas: los BRICS [2].

Los cuestionamientos que el BRICS ha hecho al actual orden económico mundial los ha llevado a plantear la creación de nuevos organismos internacionales como el banco de los BRICS que contará con fondos iniciales de cerca de de 50,000 millones de dólares y su función será contribuir a la financiación de los países emergentes y en “vías de desarrollo”. Igualmente, se plantean la creación de un mecanismo de reservas de monedas extranjeras, al cual se pueda acudir en caso de crisis financieras. Este mecanismo estaría dotado de cerca de 100,000 millones de dólares y conseguiría dar autonomía a los países emergentes para que puedan hacer frente a las dificultades de su balanza de pagos [3]. Asimismo, a nombre del bloque multinacional, China y Rusia desarrollan su intento por lograr que el dólar deje de ser la moneda de referencia en el comercio internacional.

Si bien los BRICS intentan desarrollar un papel protagónico en el mundo, cabe mencionar que sus integrantes no son países ni económica ni políticamente homogéneos y dentro del bloque también opera el principio imperialista de la subordinación hegemónica, pues Rusia y China son quienes en realidad disputan abiertamente la dominación mundial a los Estados Unidos.

Bajo esta lógica sostenemos que el proyecto sino-ruso representa un cambio de patrón de acumulación que sustituya al decadente esquema neoliberal para poder paliar –que no resolver por su carácter estructural– la crisis de la caída de la tasa de ganancia que el capitalismo enfrenta sin lograr detenerla y que lo lleva al borde de su propio colapso. También afirmamos que con estas pugnas geoestratégicas  revelan que el imperialismo  es la forma que adopta actualmente el capitalismo y, en ese sentido, los BRICS, por ejemplo, no son de ninguna manera una opción anticapitalista o antiimperialista, sino que evidencian la nueva pugna por la repartición del mundo entre unos cuantos monopolios trasnacionales que destruyen el mundo y arrojan a la miseria a más del 80% de la población mundial.

Las potencias imperialistas (tanto Estados Unidos y la Comunidad Europea, como Rusia y China) disputan diversas regiones geopolíticas con la finalidad de tener enormes espacios para desarrollar sus inversiones y apropiarse de vastos recursos naturales y energéticos de países dependientes que funcionan como sus colonias. Sin embargo, esta batalla por la conquista de esos mercados mundiales se define entre las potencias imperialistas bajo dos perspectivas económicas distintas: por un lado la pugna entre dos visiones económicas capitalistas: una de ellas intentando dar continuidad a los ajustes económicos neoliberales, y la otra aspirando a concretar un capitalismo burocrático en la lógica de políticas propias del Estado de seguridad social keynesiano. La segunda perspectiva es la que desarrolla una intensa pugna interimperialista que busca un nuevo reparto del mundo para establecer su dominio neocolonial.

Ante este panorama, ¿qué significado tienen estos dilemas geoestratégicos a la luz del futuro de la humanidad?, ¿qué relación tienen con el capitalismo y sus hondas crisis estructurales?, ¿qué significación tienen para con nuestro país y con los problemas que enfrenta el nuevo gobierno? Para comprender cabalmente el peso específico y la influencia de estas pugnas, es necesario definir con claridad a qué refiere el concepto capitalismo y precisar en qué etapa se encuentra para, finalmente, conocer las características de las crisis capitalistas y el papel corrector que pretenden desarrollar los patrones de acumulación de capital para, con todo esto, estar en condiciones de definir cuál ha sido el papel voraz del denominado neoliberalismo y su integración en el modo de producción capitalista. Este será el esquema de exposición tratado en éste y los siguientes artículos de la serie que hoy presentamos.

 

  1. Una aproximación al capitalismo como modo de producción 

Una vasta cantidad de economistas y analistas económicos han descrito al capitalismo  en un sentido estrictamente técnico haciendo referencia al empleo de los métodos de producción; no se refieren al modo de apropiación de los instrumentos de producción sino sólo a su origen económico y al grado en que son empleados. Este sentido técnico del capitalismo tiene escaso valor para fines de distinción histórica. El modo en que lo emplean implica negar el significado específico del capitalismo como un modo de producción histórico especial.

Desde nuestra perspectiva el capitalismo debe ser considerado no desde las meras condiciones de la técnica, sino comprendido como el modo de apropiación de los medios productivos y las relaciones sociales resultantes de sus conexiones con el proceso de producción; el capitalismo como un sistema bajo el cual la fuerza de trabajo  (el obrero o trabajador que vende su capacidad de crear trabajo) se ha convertido en mercancía susceptible a ser comprada y vendida en el mercado como cualquier otro objeto de cambio.

«La riqueza de las sociedades en que impera el régimen capitalista de producción nos aparece como un “inmenso arsenal de mercancías” y la mercancía como su forma elemental» [4], es por ello que el gran revolucionario comunista Carlos Marx, arranca su estudio sobre el capitalismo con el análisis de la mercancía.

La mercancía es un objeto que satisface una necesidad humana concreta; pero la mercancía, cualquiera que esta sea, es producto del trabajo humano; o sea, trabajo materializado, cantidades determinadas de tiempo de trabajo materializado.

Bajo el capitalismo, las mercancías producidas por obreros asalariados deben ser cambiadas por otras mercancías; y más precisamente, por una determina cantidad de otra mercancía. Mercancías diferentes se intercambian por otra mercancía concreta que –en el caso del capitalismo– siempre es la misma y se expresa en la forma monetaria de equivalencia general, o sea el dinero. El dinero es un producto que culmina el desarrollo del cambio y de la producción de mercancías y desempeña dos funciones diferentes dependiendo cómo se considera: «el dinero es medida de valores como encarnación social de trabajo humano; y patrón de precios, como un peso fijo y determinado de metal. Como medida de valores, sirve para convertir en precios, en cantidades imaginarias de oro, los valores de las más diversas mercancías; como patrón de precios, lo que hace es medir esas cantidades de oro. Por el dinero como medida de valor se miden las mercancías consideradas como valores; en cambio, como patrón de precios lo que hace es medir las cantidades de oro por una cantidad de oro fija y no el valor de una cantidad de oro por el peso de otra» [5]. Así, al alcanzar la producción de mercancías un determinado grado de desarrollo, el dinero se convierte en capital.

La fórmula general del capital expresa el crecimiento del valor originario del dinero que se lanza a la circulación y es lo que se denomina plusvalía: D-M-D’ [6]. Es en el proceso de producción donde el dinero se transforma en capital producto de ese incremento del dinero. Bajo esta lógica es claro que para obtener plusvalía (plusproducto excedente producido por el trabajador y que el capitalista se apropia sin remunerarlo) el poseedor del dinero necesita encontrar en el mercado una mercancía particular que posea la virtud de ser fuente de valor [7], una mercancía que en cuanto se consuma genere valor. Esta mercancía es la fuerza de trabajo humana, el obrero asalariado.

Una vez que el capitalista ha comprado la fuerza de trabajo tiene el derecho de consumirla obligándola a trabajar durante un jornal de trabajo a cambio de un salario. Pero el obrero crea durante cuatro horas, por ejemplo, un producto que basta para su mantenimiento, o sea su salario; durante las cuatro horas restantes crea un plusproducto excedente no retribuido por el capitalista y que constituye el contenido material de la plusvalía. En el proceso de producción donde se concreta la relación histórica entre el trabajo asalariado y el capital es necesario distinguir las dos partes constituyentes del capital: el capital constante  –invertido en máquinas e instrumentos de trabajo, así como en materias primas– y el capital variable  que es el invertido en pagar el salario al trabajador asalariado. Para expresar el grado de explotación del obrero por parte de su patrón tenemos siempre que comparar la plusvalía no con el capital total (capital constante + capital variable), sino con el capital variable exclusivamente. La cuota de plusvalía en nuestro ejemplo sería de 4:4, es decir, del 100%. Finalmente, la plusvalía permitirá un nuevo ciclo de acumulación de capital, es decir, de la transformación en capital de una parte de la plusvalía y de su empleo para volver a producir.

Entonces, bajo esta lógica, tenemos que «el empleo simultáneo de un número relativamente grande de obreros asalariados en el mismo proceso de trabajo», constituye «el primer cambio que experimenta el proceso efectivo de trabajo al ser absorbido por el capital». Esta metamorfosis se realiza de una manera elemental y espontánea constituyendo «el punto de arranque de la producción capitalista». En este sentido, el modo de producción capitalista aparece «como una necesidad histórica para la transformación del proceso de trabajo en un proceso social» y como un medio «para explotarlo con más provecho, intensificando su fuerza productiva» [8].

Entonces, en conclusión, esta es la forma histórica de explotación de los trabajadores bajo la cual los capitalistas, poseedores de los medios de producción, se apropian la plusvalía creada por el trabajo no retribuido de los obreros. Bajo el capitalismo, los obreros jurídicamente son personas libres, pero como carecen de medios de producción, para no morir de hambre se ven obligados a vender su fuerza de trabajo. El obrero sólo es libre de elegir a cuál de los explotadores va a vender su fuerza de trabajo. Con el desarrollo del capitalismo y el incremento constante del ejército inmenso de desempleados, el trabajador no es libre siquiera de elegir a su explotador.

El secreto de la acumulación capitalista es la cada vez mayor intensidad en la explotación de la fuerza de trabajo humana; o sea, la razón de existir del capitalismo es explotación del hombre por el hombre.

 

III. Hacia el reino de los monopolios

En el desarrollo del capitalismo, desde una perspectiva amplia y generalizadora, podemos distinguir tres etapas características de su desenvolvimiento histórico: 1) la etapa de la acumulación originariadel capital [9]; 2) la etapa de la consolidación y desarrollo capitalista, denominada capitalismo de libre competencia, y 3) su etapa de maduración o de capitalismo de monopolios; también denominada Imperialismo.

Es este proceso histórico en el cual, en virtud de sus leyes internas, el modo de producción capitalista va pasando de una etapa a otra. El capitalismo de libre competencia se transforma ineludiblemente en un régimen de concurrencia monopólica el cual ha sido explicado de manera basta y exacta por el marxismo. En este espacio nos limitamos a puntualizar que el mecanismo de la ley del valor y su impacto diferenciador –bajo la forma de plusvalía extraordinaria, por ejemplo–, son los rasgos que asume el proceso de acumulación y los modos de absorción del progreso técnico, fuerzas motrices que determinan el crecimiento del capitalismo y su tránsito irreversible a una etapa en que la centralización y concentración de capitales liquida las bases objetivas del capitalismo de libre competencia.

Este es un proceso de transformación estructural inevitable e irreversible en el que se conservan los rasgos más esenciales del modo de producción pero presentan, a su vez, algunos atributos nuevos que definen claramente la nueva fase del capitalismo. De estos atributos, el que resulta más decisivo es el surgimiento de monopolios que terminan por transformar definitivamente las relaciones interburguesas que normalizaban el capitalismo en su etapa competitiva.

En este sentido tenemos que, hacia finales del siglo XIX, la acción combinada de los procesos de concentración y centralización de capital condujo a la formación de empresas monopolistas en prácticamente todas las ramas de la actividad económica. Pocos años después, los monopolios se convirtieron en el elemento dominante del modo de producción en los países altamente desarrollados. En síntesis, en esta etapa vimos aparecer un conjunto reducido de grandes empresas y corporativos que operaban en las más diversas actividades absorbiendo el grueso del capital, la producción y la fuerza de trabajo. Por todo ello, estos monopolios pasaron a regular, de facto, la oferta y los ritmos de incorporación del progreso técnico –pues el surgimiento y desarrollo del capital monopolista estuvo acompañado por una incesante revolución científico-tecnológica–, así como también pasaron a regular los precios y fracturan la tendencia a la igualación de las tasas de ganancia en la rama productiva, creando con ello una jerarquía de tasas de ganancia en que las ramas productivas y corporativos monopolistas acceden a operar con rendimientos superiores a la media; situación que obliga a las empresas restantes a resignarse y funcionar con beneficios por debajo de la media nacional, tal y como lo analizara Lenin en su importantísima obra Imperialismo, fase superior del capitalismo [10].

Así, tenemos que el proceso de monopolización es un cambio histórico irreversible, una transformación cualitativa en el interior de las relaciones de producción capitalistas que resulta de la propia competencia burguesa y de la forma concreta en que opera la ley del valor. Aunque las crisis cíclicas de sobreproducción y la política económica del Estado contribuyeron a reforzar la concentración y la centralización del capital, éste es un proceso objetivo que avanza en todas las fases del ciclo económico, haya o no una acción estatal que lo impulse.

En síntesis, podemos afirmar claramente que el alto grado de concentración y centralización del capital y la transformación dialéctica de la libre competencia en monopolio constituye el rasgo más importante del imperialismo. En suma, el imperialismo es la fase actual del capitalismo, tema que analizaremos más de cerca en la siguiente entrega.

 

______________________________

 

Notas:

[1] Cfr. Galindo Martín, Miguel Ángel. Keynes y el nacimiento de la macroeconomía, Editorial Síntesis, Madrid, 2014.

[2] BRICS es el acrónimo formado por las iniciales de Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica. En el año 2001 el grupo Goldman Sachs, por medio del economista Jim O’Neill, inventó el concepto de BRIC que refería al ascendente nuevo bloque en el planeta que, según el grupo de inversión, pueden convertirse en las cuatro economías dominantes hacia el año 2050 pues posee características relevantes como ser países muy poblados, con economías ascendentes, una clase media en proceso de expansión y un crecimiento superior a la media global. Esta idea del futuro promisorio de las economías emergentes proyectado por Goldman Sachs se concretó en el año 2006, cuando los BRIC tuvieron su primera reunión oficial. Sudáfrica se integró al bloque en el año de 2010.

[3] Fayanás Escuer, “¿Qué son los BRICS?”, en Diario Digital Nueva Tribuna, 10 de mayo de 2013, http://www.nuevatribuna.es/articulo/mundo/-que-son-los-brics/20130510141412091961.html

[4] Marx. Carlos. El Capital, Tomo I, Fondo de Cultura Económica, México, 1994, p. 3.

[5] Ibid, p. 59.

[6] En la circulación del capital tenemos Dinero-Mercancía-Dinero’(D-M-D’), es decir, el capitalista compra (D) para vender (M) y percibir una ganancia (D’). El capital es dinero que se emplea para lograr más dinero: «la circulación del dinero como capital lleva en sí mismo su fin, pues la valorización del valor  sólo se da dentro de este proceso constantemente renovado. El movimiento del capital es, por tanto, incesante». (cfr. Ibid, p. 103-111).

[7] Cfr. Ibid, Sección Segunda, Capítulo IV, pp. 103-129.

[8] Ibid, p. 259.

[9] Cfr. “La llamada acumulación originaria”, en Ibid, pp. 607-649.

[10] Lenin, Vladimir Ilich. El imperialismo, fase superior del capitalismo, Editorial Progreso, Moscú, 1981.

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