Por Monserrath Torres

En Estados Unidos, el tema del aborto desató la polémica. Alabama aprobó un proyecto de ley que lo prohíbe casi totalmente, incluso en casos de violación e incesto. En otros 7 estados (Iowa, Missouri, Ohio, Kentuchky, Mississippi y Georgia) fueron aprobadas las llamadas “Leyes del Latido del Corazón”, que prohíben la interrupción del embarazo después de que se detecte el latido de un feto. En lo que va de 2019, más de 20 estados han introducido o propuesto alguna restricción a ésta ley.

Fue en 1973, cuando el fallo del caso de “Roe vs. Wade” dio paso a la legalización del aborto. Desde entonces, grupos conservadores manifestaron su oposición, entre ellos, grupos provida y los políticos republicanos. Bajo la administración del presidente Donald Trump, resulta evidente que cobren mayor fuerza estas restricciones, en busca de que el tema vuelva a ser discutido en la Corte Suprema.

Fuera del debate político van quedando las personas, quienes ante sus propias circunstancias se ven forzadas a tomar una decisión con la que tendrán que vivir el resto de sus días. Confrontar la crítica, asumir las consecuencias psicológicas por hacerlo o evitarlo, encarar los daños físicos a los que se exponen y replantear una nueva versión de sí mismas, son algunos de los duros pasos a los que deberán dar rumbo las mujeres.

En el caso de México y América Latina, la maternidad no es vista como una elección. Por lo que el aborto implica una doble carga de estigma social y delito. Como tema de salud pública, se ha observado que al haber más restricciones, quienes no tienen recursos suficientes o tienen otras desventajas recurren a métodos inseguros y a lugares o personas sin capacitación. Lo que pone en alto riesgo sus vidas. La restricción no implica que el aborto se deje de practicar.

En los países en los que hay políticas educativas y preventivas junto a la despenalización, el número de abortos disminuyó. Uruguay, que ha implementado este modelo, tiene la tasa más baja de mortalidad materna de América Latina. Esto permite ver que hay más opciones a considerar por los legisladores para respetar y proteger la vida.

La discusión sobre el aborto da paso a resignificar la maternidad como una elección y no como una imposición. La maternidad elegida y el aborto como derecho pleno, son herramientas de equidad y de salud.

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