Por Antonio Reyes Pompeyo / Ilustración especial para Notas sin Pauta: E.S.

Hay de borrachos a borrachos, y de ellos hablé algún tiempo ha en otra de estas breves intestinales –El borracho– como figura arquetípica de la mixtura mexicana.

Pero hoy, después de un silencio incómodo en mi cabeza, recupero aquí las imágenes que después del frenesí se quedaron en el fondo; agrias, turbias, tibias, como tambo arrinconado, lleno de bachas cantineras.

Quise ser Bukowski, exprimir mis espinillas en las manos del hambre y la perra vida, decirle al dolor que mi optimismo era más grandecito y que escribiría para animar a la pus de esta sala en que estamos. Antesala. Pero soy inmune al alcoholismo, a la podredumbre y a la fiesta. No puedo hacer mucho, siempre me quedo dormido.

Soñaba con ser un viejo asqueroso, memorable entre los de la mesa de las cubas y los vasos choquiyentos, pero me toca conformarme con ser este animal que deambula tras sus pies flaquitos y sus rodillas huesudas. Quise ahogarme en las palabras o que éstas me llevaran al asesinato y sólo me quedé esperando como un puberto que guarda un preservativo en la cartera.

No hubo noches de arrebato, ni de incendio, de fuego atroz lamiendo la madera y el plástico. Podría pasar un mes o dos metido en el aserrín de las pistas de baile, rezumando pulque, tirado, tirando pedos, soñando con que el aturdimiento no se acabara nunca; me despertó el hambre, me despertó el sueño de soñar que no soy la mierda que soñé.

Hasta para valer verga valgo verga porque no se me dió la poesía a lo Rimbaud, a lo maldito.

Y ahí voy de regreso a mi cubículo, a espantar papeles con el aliento, a abrillantar el culo jerárquico, a marcarle a las dos de la mañana a morosos que me mientan la madre, a subirme a la combi, al cóbrese uno a la Ahuizotla, a reír como pendejo frente a un rectángulo luminoso y sus estrellas inocuas, efímeras e infinitas. A la miseria de ser.

Una vez en una banqueta poco hospitalaria me sentí en la cima de mis aspiraciones: un hombre melancólico, a lo Garrik, en un eterno spleen, habiendo viajado, y siendo amado y siendo rico. ¿Y mi talento? ¿Y mi regalo? ¿Y mi oportunidad?

Chinga tu madre, adiós Bukowski.

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s