Por Aníbal Feymen

Séptimo artículo de la serie con la que el autor pretende demostrar que el productor de la descomposición social y la degradación humana es el capitalismo en su fase imperialista, y en la que también intenta desvelar el papel que ha jugado el neoliberalismo en el esfuerzo para reorganizar el orden social y subordinarlo plenamente a la lógica de la acumulación capitalista.

Uno de los fenómenos más complejos en el funcionamiento capitalista de los últimos cuarenta años aproximadamente es el auge inaudito e irracional de la especulación financiera como vía para la valorización del capital trasnacional. Históricamente el capitalismo había logrado valorizar el capital en el denominado sector real de la economía –el que produce bienes y servicios–; sin embargo, también a partir de los años ochenta del siglo XX comienza un proceso de inversión masiva en el sector virtual de la economía, o especulativo financiero, esto al tiempo que, simultáneamente, la economía real mundial se contraía.

La caída generalizada de la tasa de ganancia en los países imperialistas a partir de los años setenta fue la causa principal que generó la fuga de capitales hacia el sector especulativo financiero. En este sentido, el enorme impulso de la especulación financiera trataría de atajar el descenso de rentabilidad generado en el sector productivo y comercial capitalistas. Las operaciones puramente financieras, fuera de los sectores productivo y comercial, han mostrado un aumento notable. Por ejemplo, en el periodo que va del año 1970 al año 2000 las operaciones financieras pasaron de los 20 mil millones de dólares diarios a los 2 billones de dólares diarios [1]. Este hecho evidencia que la economía virtual se expande y crece en la misma proporción en que la economía real se contrae, resultando con ello la creación de riquezas ficticias fuera de la generación de riqueza real.

En este punto es necesario precisar que la diferenciación entre economía real y economía especulativa, sólo tiene sentido en un sentido metodológico. Entre ambas esferas existe una relación material de conexión, de interdependencia y de funcionamiento. Es erróneo oponer la economía de producción a la de especulación: ambas son términos inseparables, dos caras de un mismo proceso, fundado en la declinación de la tasa de ganancia [2].

Hemos expresado de manera reiterada que la crisis actual se explica por la prolongada caída de la tasa de ganancia que ha experimentado el capitalismo desde 1970. En la actualidad hay un exceso de mercancías y capitales en relación con las oportunidades y expectativas de lucro. Estamos frente a una crisis cuyo sello distintivo no es otro que el de la sobreproducción y sobreacumulación de capitales.

Uno de los recursos principales para enfrentar la caída de la tasa de ganancia capitalista consistió en promover el endeudamiento de las empresas, los particulares y el propio Estado, tratando de superar las barreras con que tropieza el propio capital como resultado de sus contradicciones. Este endeudamiento no sirvió para devolver al capitalismo su vitalidad, pero en cambio fue el elemento central para alimentar el gigantesco crecimiento del sector financiero y la llamada economía de especulación. El capital contrajo la inversión en el sector productivo y se desplazó al sector financiero en la búsqueda de mayores beneficios. El enorme crecimiento de la economía financiera o de especulación ha sido proporcional a la incapacidad para lograr una colocación redituable en el campo productivo. Finalmente, la crisis actual del capitalismo se ha presentado como una crisis financiera; pero el trasfondo real es que se trata de una crisis de sobreproducción y sobreacumulación de capitales. Todo este proceso ha terminado creando un enorme capital ficticio.

 

El capital ficticio

El capital ficticio es conocido desde hace tiempo y ha constituido un engranaje más, complementario y hasta necesario en el desarrollo capitalista. Marx había ya observado el fenómeno cuando el capitalismo aún no había llegado a su etapa de madurez. Su análisis se dirigió, en primer término, al capital bancario. El capital bancario aparece como la forma más pura del capital porque se nos presenta como dinero que produce dinero: el capital bancario recibe intereses. Esto crea la ilusión de que la riqueza puede autoreproducirse al margen del proceso de producción. Sin embargo esta perspectiva es errónea. En realidad el interés que reciben los bancos es una sustracción de la ganancia industrial creada por la clase obrera. Esto crea un segundo espejismo de que el interés es resultado de un capital original, como el invertido en la producción. En realidad el capital accionariopasa a ser un duplicado del capital original. Lógica e históricamente el surgimiento del capital ficticio está relacionado con la aparición de las sociedades anónimas y de las acciones. Una accióninicialmente cumplía el papel de un certificado de aportación a la formación del capital de una sociedad anónima y, también, de derecho de una parte sobre la ganancia, proporcional al porcentaje que tiene esta aportación en el total del capital reunido. Posteriormente se convirtieron en objeto de compra-venta y obtuvieron sus precios en el mercado. Así que por un lado seguía existiendo el capital real en forma de maquinaria, edificios, medios de producción, materia prima y fuerza de trabajo contratada. Pero por el otra lado, paralelamente surgió el capital en forma de acciones, como si fuera una especie de reflejo del capital realen la economía.

Este capital presentado como acciones es a lo que Marx denominó capital ficticio. Actualmente los precios de las acciones guardan muy poca relación con los procesos reales de formación de valores en la producción; incluso pasa a ser común que el valor de una acción en la Bolsa de Valores no guarde relación con los resultados económicos de la empresa, del mismo modo que al lado de la mercancía circula, contradictoriamente, el dinero. En síntesis, el capital ficticio constituye instrumentos secundarios del sistema de crédito y como tal son necesarios y útiles para el capitalismo porque permiten ensanchar las transacciones y agilizar el proceso de acumulación.

El capital ficticio no es, por tanto, un hecho nuevo; lo que sí distingue al periodo actual es su magnitud y su espectacular crecimiento. En la actualidad, se calcula que esos activos financieros representan 10 veces el PIB mundial, es decir, una cifra cercana a los 500 billones de dólares. Sin embargo, esos capitales nacidos al margen del proceso de producción no generan mayor valor ni, por tanto, plusvalor. Reclaman su tajada de la riqueza pero no contribuyen a crear más de ella. Son un capital para quienes lo poseen y administran pero no desde el punto de vista del movimiento de acumulación de capital. Enfrentamos, como nunca, la existencia de un exceso de capitales en relación a una fuente de extracción de plusvalía que crecientemente se estrecha.

 

Las crisis financieras

Los límites en el crecimiento dentro de la economía de producciónestán marcados por cuestiones de tipo material, físicas, objetivas y por ello resultan evidentes. Por el contrario, en la economía de especulación financieralos límites de su crecimiento son más difusos y difíciles de establecer; sin embargo esto no quiere decir que no los tenga. Los límites de crecimiento de la economía especulativa financiera están estrechamente relacionados con procesos inflacionarios, con pérdidas de confianza de los denominados “agentes financieros” [3] en la cotización positiva del mercado bursátil [4], etc.

Se ha conocido que el sector especulativo financiero genera periódicamente “burbujas financieras”, que son una especie de cúmulo gigantesco de operaciones financieras y reinversiones que estalla en un momento determinado; lo complejo es pronosticar el momento exacto del estallamiento [5].

Es cuando estalla una burbuja financiera cuando más se constata el estrecho vínculo de la economía especulativa financiera con la economía de producción o real; esto porque impacta sobre las distintas variables económicas que conforman la economía real. El eslabón intermedio son los grandes bancos que, inmersos en la actividad especulativa financiera, son al mismo tiempo piezas clave en la economía productiva a la cual afectan al cortar la línea de créditos que alimenta la maquinaria productiva, trasladando así la crisis especulativa al sector productivo y provocando, en muchas ocasiones, la recesión de todo el aparato productivo.

 

La crisis financiera de 2007 en los Estados Unidos y su impacto mundial

A partir de un comportamiento menor en el mercado de créditos inmobiliarios en Estados Unidos se desembocó en una crisis general de liquidez [6] que amenazó a la totalidad del sistema financiero mundial convirtiéndose en una crisis general del modo de producción que se extendió a la economía real y al mundo entero. En efecto, ninguna otra crisis financiera desde la Gran Depresión ha tenido un carácter mundial como lo tuvo la crisis financiera de los préstamos subprime.

Antes de hablar de los créditos subprime, es necesario entender que la crisis generada en Estados Unidos no surgió de la nada, sino fue una situación que se arrastraba de tiempo atrás y forzadamente había pospuesto su peor momento.

Es hasta finales de los años ochenta cuando se afirma la teoría del “gobierno de empresa” y del “valor para el accionista”, que abrió la vía para el poder de los inversionistas institucionales y de los mercados financieros. Esto no hubiese sido posible sin el apoyo de las grandes potencias imperialistas que hicieron todo a su alcance para poner al sector financiero en el centro del capitalismo. En estas condiciones la mayor parte de las economías europeas cambiaron a un régimen de fondos propios, en el cual las empresas recurren menos al endeudamiento financiándose principalmente con sus fondos propios (ahorro y emisión de acciones). Se trata de un cambio en la forma de regulación del capitalismo en la cual los mercados bursátiles tienden a volverse preponderantes.

En este contexto particularmente favorable a los acreedores (accionistas y prestamistas) se implementa una serie de reformas institucionales tendientes a favorecer la negociación de los títulos y las transferencias de riesgo [7]. Dichas transferencias son facilitadas por la creación de nuevos productos financieros, cada vez más sofisticados, que se intercambian en los nuevos mercados. En estas condiciones, es más la lógica financiera que la industrial la que domina. Las empresas no son tratadas como comunidades vivas sino como simples activos financieros. Se crean, se compran, se venden, se escinden o se reúnen (fusiones-adquisiciones) a partir de centros de decisión que actúan sólo en función de la rentabilidad. Nos dirigimos cada vez más hacia el “capitalismo de los accionistas” en la medida en que las empresas se financian cada vez más con acciones y las familias disponen de una parte creciente de activos financieros en su patrimonio, pues los particulares recurren cada vez más a los organismos institucionales para la gestión de su patrimonio.

Como Yoandris Sierra demuestra, el caso particular de los Estados Unidos sigue un comportamiento similar como el de la economía mundial; es decir, el estancamiento crónico de la economía real es acompañado de un auge extraordinario en las operaciones especulativo-financieras que estos índices bursátiles indican. El siguiente cuadro, elaborado por Sierra, ilustra la situación con claridad:

Como puede observarse, existe una estrecha relación entre la dinámica de crecimiento del índice Dow Jones y los niveles de ingresos de los hogares; esto evidencia el alto grado de dependencia de las economías domésticas en los Estados Unidos a las operaciones especulativos financieras, y de ahí, el alto impacto que ha significado el derrumbe bursátil para los ciudadanos norteamericanos. Pero lo más llamativo del cuadro radica en que se evidencian una serie de caídas o crisis bursátiles-financieras previas a la del 2007. Hubo una en el año 1987, otra en el año 1990, otra en Rusia en el año 1997, otra más en el año 2001 ya en los mismos Estados Unidos y que fue conocida como la crisis de los “punto com” que dio al traste con la denominada “nueva economía” y, finalmente, estalla la crisis del 2007; por lo tanto, es una situación que venía en incremento. Llama la atención también cómo estos eventos de caídas se acompañan de agresiones militares norteamericanas como reacción a la crisis [8].

 

La crisis de los Créditos Subprime

Las hipotecas de alto riesgo, conocidas en Estados Unidos como Crédito Subprime, eran un tipo especial de hipoteca, preferentemente utilizado para la adquisición de vivienda, y orientada a clientes con escasa solvencia, y por tanto con un nivel de riesgo de impago superior a la media del resto de créditos. Su tipo de interés era más elevado que en los préstamos personales, y las comisiones bancarias resultaban más gravosas. Los bancos norteamericanos tenían un límite a la concesión de este tipo de préstamos, impuesto por la Reserva Federal.

Dado que la deuda puede ser objeto de venta y transacción económica mediante compra de bonos o titularizaciones de crédito, las hipotecas Subprime podían ser retiradas del activo del balance de la entidad concesionaria, siendo transferidas a fondos de inversión o planes de pensiones. El problema surge cuando el inversor –que puede ser una entidad financiera, un banco o un particular– desconoce el verdadero riesgo asumido. En una economía global, en la que los capitales financieros circulan a gran velocidad y cambian de manos con frecuencia y que ofrece productos financieros altamente sofisticados y automatizados, no todos los inversores conocen la naturaleza última de la operación contratada.

La crisis hipotecaria de 2007 se desató en el momento en que los inversores percibieron señales de alarma. La elevación progresiva de los tipos de interés por parte de la Reserva Federal, así como el incremento natural de las cuotas de esta clase de créditos hicieron aumentar la tasa de morosidad y el nivel de ejecuciones (lo que incorrectamente se conoce como “embargo”), y no sólo en las hipotecas de alto riesgo.

La evidencia de que importantes entidades bancarias y grandes fondos de inversión tenían comprometidos sus activos en hipotecas de alto riesgo provocó una repentina contracción del crédito y una enorme volatilidad de los valores bursátiles, generándose una espiral de desconfianza y pánico inversionista, y una repentina caída de las bolsas de valores de todo el mundo, debida, especialmente, a la falta de liquidez.

Este fenómeno es una muestra más de las complejidades de una economía altamente financiarizada, nada ha sucedido en la base materialde la economía norteamericana que explique esta abrupta caída en la producción de viviendas, todo el impacto se debe a la caída de mercados bursátiles y a la insolvencia del mercado.

La crisis financiera-bursátil se convierte rápidamente en crisis real, y en este caso el sistema bancario actuó como punto de contacto entre ambas esferas. En la misma medida en que los grandes bancos perdieron masivamente la capacidad de cobrar sus deudas gigantescas, las mismas que se destruyeron con la caída bursátil, comenzó el efecto dominó. En primer lugar se corta el crédito productivo, elemento clave para el funcionamiento de las empresas capitalistas, esta obliga prácticamente a una disminución del nivel global de inversiones, lo que conduce a una disminución del nivel de ocupaciónde la economía norteamericana, especialmente en los sectores más afectados por la crisis, como es el sector inmobiliario y el sector automotriz, la disminución en el nivel de ocupación contrae el consumo, elemento que más tributa al crecimiento económico dentro de los Estados Unidos, esto se traduce en una reducción de los mercados, con ello caen las ganancias de las empresas y aparece cuando esto se masifica las quiebras y la crisis en el sector real de la economía norteamericana. Se inicia así la recesión económica en los Estados Unidos.

Como podemos observar, esta crisis comienza en Norteamérica y rápidamente se expande por todo el planeta convirtiéndose en una crisis mundial debido a que la economía estadounidense está interconectada a distintas economías, a diversos mercados.

El impacto de esta crisis ha sido muy fuerte, sobre todo en el ámbito social. Se calcula que a nivel mundial el número de personas que padecen pobreza extrema alcanza los 1,020 millones de habitantes; quienes se encuentran en situación de pobreza son 1,422 millones de personas y quienes cuentan con un empleo precario representan el 50.6% de la fuerza laboral total. Estos datos hablan del drama social que se vive como resultado del desenvolvimiento del capitalismo y de sus recurrentes crisis.

 

* * *

A partir del segundo trimestre del año 2009, la economía norteamericana comenzó un proceso de lento crecimiento, aunque positivo, que iba a permitir a la gran burguesía, a sus líderes políticos y a sus grandes medios de comunicación masiva anunciar pomposamente que había iniciado la recuperación de la crisis, que “lo peor había quedado atrás”. Es evidente que este no es un simple acto de autocomplacencia, sino que intencionalmente la oligarquía financiera busca crear un ambiente optimista que estimule nuevamente las inversiones, el consumo, etc. Sin embargo, y a pesar de su jubiloso triunfalismo, los datos económicos del año 2011 indicaban que tal recuperación, si es que realmente existió, no era sostenible en el tiempo. La verdad detrás del “optimismo” es la enorme preocupación que genera la formación de una nueva burbuja financiera en los Estados Unidos, incluso mayor que la que estalló para dar inicio a la crisis de 2007.

Hoy se teme que la crítica situación de la Unión Europea en su sistema bancario, vaya a trasladarse nuevamente hacia el sector bancario norteamericano, donde sólo cuatro grandes bancos concentran el 95.9% de estos derivados: JPMorgan Chase, Citigroup, Bank of America y Goldman Sachs. Es decir, cuatro de los bancos claves dentro del sistema bancario financiero de los Estados Unidos, una nueva ruptura de estos bancos movería sin duda alguna nuevamente a Estados Unidos hacia la recesión, en un momento donde el rescate estatal del sistema bancario parece algo improbable por la comprometida situación fiscal del gobierno.

Así, una de las causas principales del desenlace de la crisis del 2007, ahora reaparece y con mayor fuerza, en un momento donde las capacidades del modelo neoliberal para enfrentar la crisis se encuentran agotadas.

___________________

NOTAS:

[1] Martínez, Osvaldo. “El sistema financiero internacional: arma de destrucción masiva”. En Cuba SocialistaNo. 3, 2007.

[2] Cfr. Sierra Lara, Yoandris. La crisis capitalista mundial: génesis, impactos y perspectivas, en http://www.eumed.net/cursecon/ecolat/la/12/ysl.html

[3] Los agentes financieros –o agentes de entidades de crédito– son personas físicas o jurídicas que se dedican a comercializar productos financieros (contratos, acciones, bonos u obligaciones de deuda que equivalen a una cantidad monetaria, puede ser una inversión simple -sin derecho a propiedad- u otorgar derechos de propiedad sobre una empresa)por cuenta de una entidad de crédito sin ser parte de la misma. Es decir, no son empleados dependientes con relación laboral aunque si se encuentran vinculados en gran medida.

[4] El Mercado Bursátil es la integración de todas aquellas instituciones, empresas o individuos que realizan transacciones de productos financieros, entre ellos se encuentran la Bolsa de Valores, Casas Corredores de Bolsa de Valores, Emisores, Inversionistas e instituciones reguladoras de las transacciones que se llevan a cabo en la Bolsa de Valores. Entonces un Mercado Bursátil cuenta con todos los elementos que se requiere para que sea llamado mercado, un local, que es son las Oficinas o el Edificio de la Bolsa de Valores; demandantes, que son los inversionistas o compradores; oferentes, que pueden ser los emisores directamente o las Casa de Corredores de Bolsa y una institución reguladora.

[5] Una burbuja financiera (también llamada burbuja especulativa, burbuja de mercado o burbuja económica) es un fenómeno que se produce en los mercados, en buena parte debido a la especulación, que se caracteriza por una subida anormal y prolongada del precio de un activo o producto, de forma que dicho precio se aleja cada vez más del valor real o intrínseco del producto. El proceso especulativo lleva a nuevos compradores a comprar con el fin de vender a un precio mayor en el futuro, lo que provoca una espiral de subida continua y alejada de toda base factual. El precio del activo alcanza niveles absurdamente altos hasta que la burbuja acaba estallando, debido al inicio de la venta masiva del activo cuando hay pocos compradores dispuestos a adquirirlo. Esto provoca una caída repentina y brusca de los precios, llevándolo a precios muy bajos, incluso inferiores a su nivel natural, dejando tras de sí un reguero de deudas.

[6] En economía, la liquidez representa la cualidad de los activos para ser convertidos en dinero efectivo de forma inmediata sin pérdida significativa de su valor. De tal manera que cuanto más fácil es convertir un activo en dinero se dice que es más líquido.

[7] El riesgo desde el punto de vista financiero se refiere al potencial de pérdidas económicas y la reducción del mismo se basa en la implementación de medidas que permitan contar con recursos económicos en el momento en que se presente un desastre y se puedan cubrir total o parcialmente dichas pérdidas. En otras palabras, la gestión del riesgo tiene como objetivo identificar y analizar las exposiciones de pérdida, examinando las posibilidades de transferencia y retención de esas pérdidas, llevando a cabo las transacciones del caso y estando atentos a los cambios o ajustes que deban realizarse. Esto, desde luego, involucra a la industria de seguros.

[8] Sierra Lara, op.cit.

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