Por Monserrath Torres
En la 61 entrega de los Premios Ariel se presentaron algunas situaciones que han dado de qué hablar en este México, diverso y en transformación, que va afrontando sus viejas flaquezas y descubriendo otras nuevas con la intensidad de los retos que implica el actual entorno internacional.
Minutos antes de la ceremonia, más de 50 mujeres de diferentes áreas del cine, se unieron contra la violencia de género y dieron a conocer la iniciativa #YaEsHora, convencidas de que es necesario generar condiciones de igualdad en la industria audiovisual mexicana. La propuesta buscará la participación del gremio a nivel nacional para tomar mayor fuerza y lograr cambios de fondo.
Otro de los momentos sobresalientes en la entrega de la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas, fue cuando Ilse Salas, protagonista en al película “Niñas bien” ganó en la categoría de Mejor Actriz, galardón al que también estaba nominada la icónica Yalitza Aparicio por su participación en “Roma”. Las consecuencias en redes sociales dejaron ver que la audiencia está dividida y que persiste el fantasma del supuesto chat en el que algunas actrices buscarían armar un complot en contra de premiar a Aparicio.
En este contexto, el evento provocó que los espacios de opinión digitales, con su inmediatez y apertura, fueran clave para expresar dos intenciones opuestas. Por un lado, el llamado a la unión de la parte femenina en la industria del cine y la televisión, con el objetivo de alcanzar un bien común; y por otro lado, la marcada división de quienes se mostraron a favor o en contra de que Yalitza Aparicio perdiera el galardón, retomando argumentos de una noticia que no pudo ser comprobada, como su espontánea y reciente experiencia como actriz.
Así como el Yin yang, símbolo chino para representar la existencia de dos fuerzas opuestas, ésta entrega de los premios Ariel dejó ver el avance en la integración de caras diferentes que exponen otras formas de mirar y ser parte de México, su nivel de aceptación en la sociedad acostumbrada a un esquema erosionado de producción audiovisual y los movimientos con los que la industria del cine y la televisión está buscando dar paso a la equidad.
Entre los ciudadanos hay voces que quieren ser escuchadas, perspectivas que buscan ser observadas, historias que deben ser exploradas. “Ya es hora” de hacer contacto con quienes marcan la diferencia para construir una visión que sea incluyente, denuncie los abusos y deje de normalizar la violencia.

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