Cartas desde México 

Por Adriana Esthela Flores

El grito que lanzó la adulta mayor de clase media, con su ropa blanca de marca, al concluir la marcha antiAMLO este domingo 30 de junio en la capital del país, me lo resumió todo: “¡Que muera López Obrador!”. Así de simple y llano el odio, dicho a los cuatro vientos. Me sorprendió su deseo de ver muerto al presidente Andrés Manuel López Obrador, a quien el voto de más de 30 millones de ciudadanes hizo ganador de las elecciones presidenciales hace justo un año. El mío fue uno de esos sufragios. Y aun recuerdo cómo celebré en el Zócalo pensando en cómo un proyecto de gobierno popular que el sistema se encargó de volver inalcanzable en 2006, finalmente se volvió real en 2019. Pensé en activistas de mi terruño, como María de Jesús “la señora Marqueda”, Ignacio “El Nacho” Zapata, Claudio Tapia y Javier Orellana así como en el escritor Jaime Avilés, quienes partieron de este mundo antes de unirse a una noche como la que habían soñado.

Y de pronto, este desprecio contra AMLO en pancartas de “Fuera” y en otras, su rostro en blanco y negro, con la leyenda “corrupto y mentiroso” y en otras, una descripción “No sabe gobernar”.  Francisco Chavarría, de Alianza por México (de tez morena, color de piel que no era el de la mayoría de les manifestantes), explicó ante medios de comunicación uno de los motivos para la marcha: que México no se convierta en Venezuela.

“El socialismo no nos conviene. Venezuela es el ejemplo más claro que tenemos de que con el socialismo, un país no funciona. A pesar de tener las mayores reservas de petróleo y el oro del mundo, están en la quiebra. Si quieres sí son embargos económicos por parte de países capitalistas o imperialistas, sí, pero lo que los llevó a ese punto es el socialismo. Quieren que todo el país seamos pobre. Ellos quieren que los que tienen, no tengan”, resumió.

Unos metros más adelante, la señora Beatriz me detalló por qué su rechazo a AMLO: “Porque no sabe gobernar. Quiere ser un dictador. Dice que admira a Maduro y que admira a todos los líderes socialistas y populistas y dictadores”. Lo que más le molestó a ella es que no haya ningún “pez gordo” en prisión por corrupto: “Si en verdad quisiera que le creyéramos tendría que enjuiciar a muchos políticos que saquearon al país como a Enrique Peña Nieto, a Salinas…”.

d05e3d6d-c9b8-4438-ab4f-33c25db73f07A diferencia de las múltiples manifestaciones a las que he asistido sobre Paseo de la Reforma, aquí no había pancartas ni banderas de organizaciones populares. No estaba el grupo de normalistas de Ayotzinapa ni las personas perjudicadas por los precios de la luz o el gas. No vi tampoco a familiares de víctimas de desapariciones forzadas. La mayoría eran de tez blanca, llevaban teléfonos inteligentes y eran de clase media o media alta.  Ahí no abundaron ni pobres ni migrantes. Sentí que estaba en una de las marchas de los llamados “escuálidos” en Venezuela (“escuálidos” porque así bautizó el expresidente Hugo Chávez a la oposición). Me sentí igual, con manifestantes que llamaron “vulgar” al personaje llamado Enriquecillo de la Garza, por atreverse a burlar de la marcha: “La vez pasada llenamos una cuadra, ahora son dos”, dijo entre risas.

Y el remate del símil con Venezuela lo tuve en el punto final de la marcha: el Himno Nacional. Igual que el Gloria al Bravo Pueblo en el barrio de Altamira o en cualquier marcha organizada por los partidos de oposición allá en Caracas. A este ritmo, en las próximas movilizaciones, veré pancartas contra “infiltrados cubanos” en el gobierno nacional, otras con el llamado abierto a sacar a AMLO de Los Pinos (no creo que se convoque a un golpe de estado, pero tampoco lo descarto) y no tardan en salir las que lo comparen con Hugo Chávez, Fidel Castro, Nicolás Maduro y Kim Jong Un.

Sí, evidentemente, el ánimo de muchas personas ya no es el de la fiesta de aquella histórica noche en el Zócalo. Menos con la Guardia Nacional en las calles, después de que AMLO había prometido en campaña sacar de ellas al Ejército. Pero van apenas seis meses de un gobierno que puso expectativas muy altas para una maquinaria ya acostumbrada a las prácticas del neoliberalismo (con sus propios mecanismos de corrupción, incluidos), que enfrenta enemigos abiertos y ocultos y que padece, también, sus propias contradicciones. Ya lo advertía, hace un año, el académico Andrés Barrera en entrevista con Alejandro Kirk y Christian Inostroza para la cadena pública iraní, Hispan TV: “Viene un periodo de contradicciones, de negociaciones, donde muchos de los políticos que defendieron el neoliberalismo se irán realineando en nuevas posiciones”.

Estamos justo en el génesis de esas realineaciones. Esperemos que acá, el gobierno de Estados Unidos no encabece un bloqueo económico, financiero y comercial como el que mantiene contra Venezuela.

P.D. Gracias a la entrañable venezolana Marayira Chirinos y su Grillo Web por permitir, hace un año, el nacimiento de esta columna.

Nos vemos la próxima semana. Con café y sin cigarros.

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