Por Arantxa de Haro

En las últimas horas, la columna de Gibrán Ramírez Reyes para Milenio ha desencadenado una serie de comentarios y movimientos en Twitter, acompañados del hashtag #DepresionesalPsiquiatra.

Era momento de que se abriera la conversación al respecto. Por experiencia personal, puedo decir que, cuando me diagnosticaron con depresión durante la preparatoria, repudiaba que mi maestra de filosofía usara la frase “más Platón menos Prozac”, cuando el mencionado medicamento había logrado detener mis crisis de ansiedad, el pánico y las incesantes noches que pasaba en vela llorando sin aparente motivo.

Por otra parte, pasaron los años y el estigma no desaparece. El deterioro de la salud mental es percibida en segmentos y episodios aislados. El caso que más recuerdo es cuando se abrió la planta de Mazda de Salamanca y uno de sus empleados japoneses se suicidó en la habitación de un hotel porque había fallado en la logística del evento (porque los altos mandatarios de este país llegan tarde, impensable para los nipones). Allí aprendimos la palabra 過労死(Karoshi), que significa “muerte por exceso de trabajo”. En Japón el tema tomó relevancia en 2016.

Pareciera que en México “no se viven esos problemas”, porque el mexicano es “alegre” y porque “no tenemos un clima que propicie la depresión”, que “el uso de fármacos forma parte de la influencia norteamericana, del uso excesivo de medicamentos”, entre otras preconcepciones que desmotivan a las personas buscar ayuda profesional. Y además el uso de extranjerismos hace parecer que el problema solo pasa en tierras lejanas. Sin embargo, el problema es real y latente.

Me he encontrado con personas de maravilloso intelecto pero atormentadas por la esquizofrenia, personas que recibieron un mal diagnóstico de esquizofrenia y en realidad tenían trastorno límite de la personalidad. Seres humanos fenomenales con epilepsias de ausencias, buenos amigos con trastorno de ansiedad, gente cercana con episodios de pánico. Conocidos que descubrieron que tienen un trastorno psicótico. Otros tantos que orgullosamente se llaman neuróticos.

Ahora, ciertamente el medicamento en muchas ocasiones no resolverá el problema por sí solo, por lo que en muchas ocasiones será necesario utilizar el recurso de la terapia… Y tipos de terapia hay muchos. Aunque yo prefiero la vía del psicoanálisis, hay quienes preferirán la conductual, la Gestalt, en grupo, de constelaciones, etcétera. Otros preferirán la meditación, y otros más optarán por dejar la medicación y utilizar vías alternas de tratamiento. Creo que cada persona tiene el derecho de buscar el tratamiento que le sea más conveniente. Sin embargo, expresar la idea de que no hay factores biológicos para las enfermedades mentales, es irresponsable. Estimado Gibrán, deje a los profesionales de la salud hacer su trabajo.

Estimado lector, si usted está desanimado, tiene problemas y no encuentra solución, siempre puede llamar al Centro de Atención Telefónica en Crisis Psicológica al
01 800 290 00 24. Si usted está fuera de México, también puede comunicarse al 1-877-223-7725. El servicio trabaja 24 horas los 365 días del año.

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