Por: Vonne Lara / En la imagen, Gustavo Cerati, graba “Fuerza Natural”. Buenos Aires. 2009. Foto: Germán Sáenz. Página Oficial de Gustavo Cerati

Se le llama “lugar común” a aquellas frases o ideas que son repetidas hasta el cansancio, hasta que casi pierden el sentido. Cuando decimos un lugar común, aunque este contenga una gran verdad o sabiduría, el peso de su naturaleza le restará fuerza a lo que queremos decir, es más, es muy probable que nuestro mensaje se pierda porque utilizamos una fórmula muy sabida, muy dicha, muy desgastada.

Decir que Gustavo Cerati fue un gran músico, un excelente compositor, instrumentista, en fin, un gran artista, es caer en los terrenos de los lugares comunes. También cuando aseguramos que Cerati junto a los integrantes de Soda Stereo transformaron el panorama de la música, principalmente la música en español al abanderar el llamado “rock en español” o, dicho de una forma con mayor sentido de apropiación, “rock en tu idioma”. Pero claro, como todo lugar común, aunque hayamos escuchado estas y otras muchas frases que tratan de describir la brillante carrera de Cerati y su agrupación principal, lo cierto es que no carecen de verdad, ni de relevancia, ni de pertinencia, pues la música de Cerati sigue sorprendiéndonos, sigue ganando adeptos en las nuevas generaciones y, a los seguidores de más tiempo, sigue transportándolos, al menos por unos instantes, a una época que ya solo existe en las profundidades ambiguas  de la deliciosa nostalgia.

A estas alturas del siglo XXI la música de Cerati en nuestros añejos estantes de CDs, casettes o de vinilos —ahora con una reputación renovada—o, para ser mucho más simples, en las listas de reproducción de nuestro servicio de streamingfavorito es tanto como un lugar común, pero no por simple —recordemos que estos pueden contener gran valor— sino porque no sorprende que Cerati o Soda aparezcan en nuestras colecciones. Ya sea porque es un referente obligado, porque es “normal” que nos guste sobre todo si somos latinoamericanos, si somos en resumidas cuentas rockeros o rondamos las cuatro o cinco décadas de vida.

Por que sí, Cerati con Soda Stereo escribió gran parte de la historia del “rock en español” —camino apuntalado por otros nombres míticos como Spinetta, Los Abuelos de la Nada y Los Redonditos de Ricota—. Abanderó el sonido de un movimiento que estaba ávido de identidad, de pertenencia y de libertad después de la atroz Dictadura y luego de una guerra que destrozó el gran ego argentino, la de las Malvinas, en gran parte porque la resistencia de ese país sudamericano posterior a la derrota consistió en cancelar de la radio toda la música en inglés. Soda Stereo liderada por Cerati confeccionó el sonido de su generación, porque los grandes músicos hacen eso, dictan cómo suenan las épocas, dicho de otra forma: ponen elsoundtracka las generaciones.

¿A qué lugar lejano nos lleva “Persiana americana” o “Cuando pase el temblor? A algunos les recordará un barecito en el que siempre suena rock de los ochenta-noventa porque su dueño es un rockero aferrado, a otros les recordará la época en la que aprendieron a tocar la guitarra o en la que covereabana Soda con su grupo, a otros cuando llamaban a las estaciones de radio para pedir una canción y por fin poder grabarla en un cassette, a otros grandes afortunados les remitirá a conciertos inolvidables y vibrantes. También nos puede recordar que la disolución de Soda Stereo en 1997 terminó de echar el cierre a una época que no deja de rememorarse. A otros les recuerda que el proyecto en solitario de Cerati sonaba a otra cosa pero muy bien y que, sobre todo, continuó con esa difícil labor de reinventarse con cada disco; algo que, aunque suena a un lugar común, es una tarea que no todos los músicos —o los artistas en general— pueden hacer. Y si de algo estamos seguros es de que Cerati siempre entregó discos tan distintos que son la muestra fehaciente del gran talento que tenía y de los pasos agigantados que iba dando como si fuera de lo más natural.

Para otros la imaginación no vuela a varias décadas atrás al escuchar a Cerati, pero sí que los lleva a ese momento donde escuchó la música sorprendente de un rockero argentino que se despidió de este mundo de una forma terrible y abrupta. Aunque los nuevos escuchas de Soda Stereo o Cerati sean muy jóvenes —y por tanto ajenos a toda la carga nostálgica, social e histórica de los mismos— quedan prendidos de su versatilidad, de la “mucha” música que generaban tan solo tres músicos, de las letras apasionadas, divertidas y de diversas lecturas, del  virtuosismo de Cerati en la guitarra y la elegancia de Zeta Bosio y Charly Alberti en sus respectivos instrumentos.

Pero sí, también habrá quién no se detenga a escuchar a Soda y le pesen más los prejuicios, que al sonar la música de Cerati de inmediato le asigne la etiqueta de “pasada de moda”, de “todo me suena a lo mismo”, de “lugar común” —en sentido peyorativo—. Sí, es verdad, no es obligatorio que a todos les guste Soda Stereo y Cerati, pero una cosa son los gustos y otra muy distinta es reconocer la música bien hecha, y si algo hizo bien Gustavo Cerati fue música. Música que permanece, que ha trascendido, que sí, como decíamos, se ha convertido en un “lugar común”, ahora dicho como un derrotero al que debemos de llegar sí o sí, porque Cerati nos dejó canciones para fantasear, para ser perversos, para disfrutar un paseo en moto, para escuchar en el asiento trasero de un auto, para corear en un bar con viejos amigos, para sacar en la guitarra —y darnos cuenta de que son terriblemente simples pero brutalmente hermosas—, para jugar con las metáforas… para volar.

Después de todo no debemos olvidar que los lugares comunes no fueron comunes en un principio sino a fuerza de repetirse cientos o miles de veces, primero porque contenían verdad y luego porque fue la mejor forma de decir algo que no podía decirse otra forma. Y, aunque es cierto que no toda la música que se repite hasta el cansancio es la mejor, también lo es que hay música a la que debemos prestar atención por ese hecho, para descubrir por qué movió masas y por qué sigue en los corazones de muchísimas personas. Tal como sucede con la música de Cerati.

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