DE UN MUNDO RARO
Por Miguel Ángel Isidro

Como dicen las abuelas, tal parece que a los mexicanos nos gusta la mala vida. Andamos por la vida complicando lo sencillo, buscándole tres pies al gato. Buscamos la salsa más picante, el trago más pegador. Si no pica es como si no supiera a nada, argumentamos cuando nos pegamos una buena enchilada.

Por eso no es de extrañar la evidente fascinación que nos producen los personajes que dirigen sus pasos “por el lado más bestia de la vida”, parafraseando a Albert Plá.

Los personajes de claroscuros nos subyugan, nos generan una extraña devoción y muchas veces, terminamos hasta justificando sus excesos.

Y esto lo hacemos más evidente en el terreno del entretenimiento. Desde la llamada “Época de Oro” del cine nacional, los personajes campiranos interpretados por actores como Pedro Infante plasmaron una serie de estereotipos del macho mexicano: el héroe es borracho, parrandero y jugador, llega a ser cruel con sus enemigos, pero eso sí, actúa siempre con amplio sentido de justicia y honorabilidad.

Curiosamente, muchos de los actores y actrices más populares de la televisión han sido catapultados en sus carreras al interpretar a un villano o antagonista. Muchos se quedaron encasillados en sus personajes, pero ciertamente, sólo en una cultura como la nuestra se puede entender el éxito de personajes como Catalina Creel, la fría dama de hierro de la telenovela “Cuna de Lobos”, bordada impecablemente por María Rubio.

Ni qué decir de la vasta producción de historias y personajes contenidos en el “Cine B” de nuestro país, que tuvo en el “video home” su espacio natural de expansión. Los hermanos Almada, Valentín Trujillo y Jorge Reynoso, entre muchos otros actores y productores han generado durante años un auténtico caudal de historias de violencia, donde héroes y villanos compiten en rudeza y brutalidad. El fin justifica los medios.

Por consiguiente, no es de extrañar que el cúmulo de información generado por la segunda fuga, recaptura y juicio de Joaquín “El Chapo” Guzmán genere, una vez más, un ambiente de azoro en torno a la vida y hazañas del capo, que entre muchos sectores llega al grado de la veneración.

No en vano en México se ha generado un movimiento musical como el de los llamados “narco-corridos”. Ya no basta con relatar historias; se hace apología de la violencia y de los personajes, la música es ya sólo un pretexto. Y es de llamar la atención el éxito que las bandas e intérpretes de este género alcanzan entre los jóvenes, desde muy temprana edad.

Trasladando esto al terreno político, podríamos llegar a entender entonces el por qué los mexicanos soportamos y sostenemos a nuestra vetusto sistema de partidos. Ya sabemos de sobra cómo se mueven nuestros partidos, quiénes son y que milagros les cuelgan a sus dirigentes y candidatos. Y aun así, nos crecemos al castigo; cada 3 o 6 años les reiteramos a través del voto nuestra vocación por el dolor.

Por ello tampoco es de sorprender el éxito que alcanzan en distintas plataformas los teledramas dedicados a relatar las historias de los reyes y reinas del narco, personajes a los que los realizadores han dotado de encanto, glamour y atractivo visual. Probablemente los veamos hasta con envidia.

¿Sería pertinente restringir este tipo de contenidos cinematográficos, televisivos, musicales? Imposible, sobre todo en un tiempo como el actual, donde la tecnología facilita que los materiales y contenidos se distribuyan con rapidez. El punto no es coartar la generación de los contenidos, sino entender cómo penetran y qué efecto producen.

Por lo pronto, ya tenemos una justificación para los errores y horrores de nuestros gobernantes, representantes populares, alcaldes y jefes de gobierno. A los mexicanos nos gusta la mala vida. Y cuando más nos pica la salsa, le añadimos más cucharadas. En este paraíso de los anti-héroes, los Padrotes y Madrotas de la Patria seguirán llevando el timón por varios años más. ¿Cuándo despertaremos?

SOUNDTRACK PARA LA LECTURA:
-Tex Tex (México) “El Hijo desobediente”
-La Barranca (México) “Dia negro”
-Los De Abajo (México) “Los Lunaticos”
– Los Rastrillos (México) “Tiempo de híbridos”

 

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