Mujeres y Revolución

Por Yaocihuatl Atenea

En 2013 murió una de las más grandes compositoras y cantantes del mundo: Nina Simone, la Suma Sacerdotisa del Soul, quien vivió marcada por el racismo imperante en la sociedad que vivió.

Durante su niñez y juventud las leyes raciales estaban vigentes en el sur de los Estados Unidos y la violencia de las organizaciones extremistas era simplemente bestial. Su sueño de ser la primer pianista negra de música clásica se vio truncada por esas mismas leyes que le negaron una beca para estudiar en una de las mejores escuelas de música en Filadelfia; por ello, debió dedicarse a los géneros musicales del blues, jazz, soul, entre otros, siempre aplicando recursos de la música clásica en sus composiciones.

Privilegiada con una hermosa voz de rango contralto, Nina es ya una artista consagrada en la década de 1960. Esos años serán definitivos en el pensamiento y la obra de la Sacerdotisa del Soul. El cobarde asesinato del activista por los derechos civiles Medgar Evers y el ataque terrorista a la iglesia de Birmingham, Alabama, por parte de supremacistas blancos quienes hicieron estallar una bomba que cegó la vida de cuatro niñas negras, hicieron que Nina se involucrara intensamente en el Movimiento por los Derechos Civiles. A propósito de esos funestos eventos, Simone escribió la dura y poderosa canción Mississippi Goddam, pieza que muchos músicos no hubiesen siquiera soñado con escribir.

Ante la enorme ira que guardaba contra la opresión que padecía la comunidad negra en Estados Unidos, Nina se volcó en la lucha por la defensa de su pueblo a través de su magnífico arte. Así, uno de los momentos más emblemáticos de su activismo fue durante su participación en el festival Harlem Renaissance, el 17 de agosto de 1969, donde recitó un poema de David Nelson titulado Are you ready, black people? El poema dice lo siguiente:

«¿Estás listo pueblo negro?

¿Están listos para convocar la ira de los dioses negros y la magia negra?

¿Para cumplir su mandato?

¿Están listos para hacer lo que sea necesario?

¿Estás listo, hombre negro?

¿Estás lista, mujer negra?

¿Están listos para matar si es necesario?

¿Están listos para aplastar cosas de blancos y quemar edificios?

¿Listos para construir cosas de negros?»

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El gran compromiso de Nina Simone con los derechos de su pueblo la llevó a acercarse a figuras señeras de la época como Malcom X, el Black Panther Party (Partido de los Panteras Negras) y el Partido Comunista de Estados Unidos. Se instruyó en el marxismo y estaba convencida de que la única manera de lograr la conformación de un Estado para la comunidad negra sería mediante una gran revolución violenta. En algunas entrevistas declaró que si ella pudiese empuñaría las armas para liberar a su pueblo.

Estos abiertos desafíos a la institucionalidad y su decidido activismo por los derechos civiles de la comunidad afroamericana la llevaron a ser repudiada por las disqueras que decidieron no seguir firmando contratos con ella. De igual forma, le negaban espacios para presentaciones, no obstante su extraordinaria voz y talento, pues ningún promotor estaba dispuesto a abrir sus escenarios a la crítica hacia la decadencia de la sociedad nortemericana que Nina Simone exponía de manera cruda con sus interpretaciones.

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Después del asesinato de Martin Luther King –con quien no concordaba en términos políticos, pues ella se declaraba no pacifista–, Nina Simone decidió abandonar su país ya que, según declaró, “La esclavitud todavía no ha sido abolida de la mente de los estadounidenses”.

El ejemplo de Nina Simone en la lucha por los derechos civiles de la comunidad afroamericana aún tiene un enorme significado para los negros estadounidenses, su ejemplo continúa influyendo en la lucha contra la segregación racial. La Sacerdotisa no fue la única en pugnar por la liberación de la comunidad negra. A la lucha política de decenas de militantes del Black Panther Party se sumaron artistas y deportistas entrañables quienes apremiaron, con sus acciones rebeldes y valientes, la emancipación de la comunidad negra. El permanente desafío a la institucionalidad imperialista estadounidense por parte del impresionante boxeador Muhammad Alí, o la asombrosa protesta de los atletas John Carlos y Tommie Smith en los Juegos Olímpicos de México 1968 con su puño en alto enfundado en un guante negro, fueron impactantes para Nina. Era una época importante en la que las expresiones políticas en contra de la opresión, discriminación y violencia hacia la comunidad negra eran fundamentales, pues estas prácticas aberrantes formaban parte de la cotidianeidad de la sociedad estadounidense; aún sigue siendo así.

A pesar de que se diga que estas prácticas pertenecen al pasado, lo cierto es que la discriminación y segregación racial en Estados Unidos está vigente. El abuso policíaco en contra de la comunidad afroamericana está presente de manera persistente en ese país. El asesinato de personas negras a manos de policías por causas inverosímiles es frecuente. El desprecio de los supremacistas blancos hacia la comunidad negra es latente.

Como antes lo hizo Nina Simone y muchos otros activistas, hoy diversos deportistas y artistas se han manifestado contra estas políticas deleznables que en la actualidad se incitan desde la cúpula del poder político a través de un presidente abiertamente racista, homófobo y machista.

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La herencia legada por esa generación de lucha, en la que participó notablemente Nina, hoy continúa firme. Por ejemplo, el mariscal de campo del equipo de futbol 49ers de San Francisco, Colin Kaepernick, en 2016 inició una serie de protestas en contra de la opresión a la comunidad negra. Kaepernick se manifestó poniendo una rodilla en tierra durante las ceremonias cívicas de entonación del himno y el despliegue de la bandera estadounidenses al inicio de las partidos. La protesta generó el repudio generalizado de una sociedad ahogada en el patrioterismo más ramplón e incentivado por el propio presidente Trump quien públicamente linchó al joven deportista. Después de la temporada en la que inició sus protestas, Kaepernick fue separado de su equipo y no fue recontratado por ningún otro de la Liga Nacional de Futbol (NFL por sus siglas en inglés). Los dueños del balón liquidaron la carrera del talentoso deportista como represalia a sus manifestaciones. Sin embargo, como él, muchos otros deportistas también protestaron de idéntica forma durante las ceremonias nacionalistas.

Las últimas protestas de este tipo se realizaron en meses recientes, durante los Juegos Panamericanos de Lima 2019. Race Imboden se arrodilló en el podio tras colgarse la medalla de bronce en florete individual de esgrima. La atleta Gwen Berry imitó el gesto de los medallistas olímpicos de 1968 levantando su puño derecho en la ceremonia de premiación tras ganar el oro en lanzamiento de martillo. Frente a estas protestas, el Comité Olímpico de Estado Unidos decidió iniciar una investigación para sancionar a los atletas pues, según dijo, infringieron un código que ellos se habían comprometido a cumplir.

Y es que a una gran parte de la sociedad norteamericana le molesta que los negros dejen de hacer cosas de negros –cantar hermoso, componer música extraordinaria, ser grandes atletas para el entretenimiento o para ganar medallas– y se dediquen a protestar contra la manera en cómo el sistema los aplasta, humilla y desprecia.

Una cuestión similar sucede con la hipócrita sociedad mexicana pues, como la comunidad negra en Estados Unidos, la indígena en nuestro país tiene el mismo tratamiento. Siempre que se trate de vestidos multicolores, ganar maratones o interpretar piezas musicales populares, los indígenas son motivo de orgullo nacional; pero en el momento en que deciden luchar por defender su territorio y levantar la voz en contra del racismo imperante al que se enfrentan ordinariamente, el resto de la sociedad se vuelca en su contra con improperios que recuerdan al presidente norteamericano en sus más nefastas expresiones.

En 1978 Nina Simone fue arrestada por negarse a pagar impuestos pues argumentaba que éstos servirían para financiar la guerra en Vietnam, cuestión que no estaba dispuesta a apoyar de ninguna manera.

Como Nina, hay aún personajes en el mundo que se encuentran luchando para que la sociedad en su conjunto cambie. Algunos, como la Sacedotisa, deciden hacerlo desde los espacios en los que son más destacados: la música, el deporte, la literatura, etc. Algunos otros deciden emprender un arduo camino de transformación social por medio de la organización revolucionaria. Los caminos que todos ellos han tomado tienen un mismo fin: lograr que esta sociedad deje de hundirse en la podredumbre capitalista y camine por la vía de retomar su humanidad.

Así pues, la lucha en contra de la discriminación y la segregación racial no es cosa únicamente de nuestro vecino del norte, sino una cuestión cotidiana enraizada en nuestra sociedad y se ha convertido en bandera de lucha de figuras importantísimas y destacadas, quienes han sacrificado incluso sus carreras con tal de luchar en contra de aquello que consideran injusto y por encontrar el camino hacia una sociedad completamente diferente.

Que sirva, pues, este texto como un homenaje a la gran Nina Simone y a todos aquellos, hombres y mujeres, que han decidido conscientemente entregar su vida por la causa de la humanidad.

 

Nota de la autora:

“Mujeres y revolución: una reivindicación necesaria”, es una serie de artículos desde los cuales se busca reivindicar la figura de grandes mujeres que han participado de manera preponderante en procesos de lucha revolucionaria y cuya labor ha quedado injustamente relegada en la historia.

 Considero necesario destacar el papel que cada una de ellas ha tenido en importantes batallas por la emancipación de la clase obrera y la sociedad en su conjunto, no sólo como acompañantes sino como destacadas protagonistas en la lucha de clases.

Con esta serie también se pretende reafirmar la siguiente tesis: «Cualquieraque sepa algo de historia sabe que son imposibles las transformaciones sociales importantes sin la decidida participación de las mujeres».

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