Ricardo Flores Magón y su férrea convicción proletaria

Por Aníbal Feymen

El pasado 16 de septiembre, cuando la mayor parte de la atención social se centraba jubilosa en el grito de Independencia lanzado unas horas antes y en la disciplinada marcha de los militares por la Ciudad de México, prácticamente pasó desapercibido el 146 aniversario del natalicio del excepcional revolucionario mexicano Ricardo Flores Magón quien, de acuerdo con las reivindicaciones históricas de la actual administración, no forma parte de los “héroes nacionales” favoritos del autoproclamado gobierno del cambio.

No obstante, la estatura y el peso histórico del anarcosindicalista oaxaqueño son fundamentales para comprender la impronta que su pensamiento ha dejado en larga lucha del pueblo mexicano por su emancipación.

Originario de Eloxochitlán, Oaxaca, Ricardo desde muy joven desarrolló un profundo espíritu antiporfrista que, con el paso del tiempo, le conduciría a impulsar una auténtica revolución proletaria y popular. Así ha quedado consignado en su vasta literatura revolucionaria que, fundamentalmente, desarrolló en el periódico que fundara a inicios del siglo XX: Regeneración.

En el año 1900 la represión del régimen porfirista, con el cierre de Regeneración y el encarcelamiento de Ricardo, marcará hito libertador del revolucionario oaxaqueño quien, una vez terminada su reclusión, comprenderá que las grandes transformaciones sociales sólo pueden concretarse a través de la organización de la incipiente clase obrera y su lucha frontal contra la burguesía parasitaria. Por ello, se trasladará al norte del país, concretamente a San Luis Potosí, para entrar en contacto con el proletario mexicano.

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Si bien el capitalismo mexicano de esa época tenía una base real en el campo, éste se desarrollaba como una agricultura orientada hacia el mercado con empleo de trabajo asalariado, tal como lo definiera el ministro de Fomento de Díaz, Olegario Molina, quien describió la agricultura mexicana como una “explotación capitalista”. De cualquier forma, junto a la producción de productos agrícolas, se desarrolló una importante red ferroviaria que conectaba las zonas agrícolas y mineras con los puertos del Golfo de México; o sea, el proletariado en pleno desarrollo [1].

A principios de 1901 Ricardo participa en el Primer Congreso Liberal, realizado en la capital potosina, representando a Regeneración. Durante el Congreso hace patente su discurso radical expresando con contundencia que la única forma en que Porfirio Díaz dejará el poder es mediante la lucha armada: «Tendremos que acudir a las armas para hacer frente a Porfirio Díaz, pues este viejo no soltará el poder por su voluntad  y, aunque él quisiera, no se lo permitiría la camarilla que lo rodea» [2].

Ante semejante tarea revolucionaria, Ricardo sabía que era necesaria una estructura que dirigiera y preparara organizadamente el combate contra la dictadura. Y esa estructura nació en medio de la represión y la persecución.

En 1904, después de varios encarcelamientos y el hostigamiento sistemático de la dictadura, Ricardo decide salir de México. Los primeros días de ese año llega a Laredo, Texas, y de allí a San Antonio. En Estados Unidos, ante las contrariedades de la miseria, Ricardo tiene tres objetivos claros: reiniciar la publicación de Regeneración –que en octubre de 1901 había sido atacado y clausurado por la policía porfirista después de publicar 57 números–, definir los planes de la mesa directiva del Partido Liberal y articular desde la clandestinidad la organización. A finales de ese año logra reeditar Regeneración en San Antonio, pero no dura la publicación debido a un atentado contra su vida. Esta agresión le hace ver que aún se encuentra cerca del brazo ejecutor porfirista y emprende la marcha hacia el norte.

La enorme actividad sindical de los obreros estadounidenses y la lejanía geográfica con México le hacen ver que San Luis Misuri es el lugar perfecto para establecerse. Reinicia la actividad de Regeneración. Es en ese lugar donde por fin nacerá la organización secreta que deberá conducir la lucha armada revolucionaria contra la dictadura porfirista. En septiembre de 1905 se crea la Junta Organizadora del Partido Liberal Mexicano  (PLM), organización clandestina que promueve la rebelión armada.

Las principales proclamas políticas del grupo magonista se dirigen contra el capitalismo mexicano; de allí que la construcción de su principal fuerza revolucionaria se constituya en la unión de obreros y campesinos organizados para luchar contra la burguesía. Ricardo se radicaliza y establece contactos con Emma Goldman y Florencio Bazora, ambos amigos del líder anarquista europeo Enrico Malatesta. Sus planteamientos iban más allá del derrocamiento de Díaz; en sus objetivos se planteaba una revolución de carácter anticapitalista.

La profunda convicción proletaria de Ricardo Flores Magón y del PLM se hizo patente cuando intentan vincularse, influir y organizar al proletariado industrial que hasta ese momento carecía de una fuerza rectora que diera coherencia a sus luchas tanto políticas como económicas. Sin embargo, aunque tenían claro el camino estratégico, aún no tenían una idea definida de cómo desarrollarla junto con los obreros y campesinos. Así que decidieron acudir a las zonas industriales de la época para difundir su periódico de combate, Regeneración.

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Eligieron la zona minera de Cananea, Sonora. Así, en 1906 crean la Unión Liberal de la Humanidad  y desde allí comienzan la organización proletaria a través de clubes obreros. Tiempo después logran articular el Club Liberal de Cananea cuya función era ampliar el radio de influencia magonista en los campos mineros de El Ronquillo y la Mesa Grande. De acuerdo con los planteamientos magonistas, estas dos estructuras organizativas debían formar el núcleo dirigente tanto para la lucha económica de los obreros como para el impulso de la revolución. El plan se concibió para que las dos fases de la lucha coincidieran.

Las condiciones laborales que tenían los mineros eran infames. Esto fue aprovechado por la Junta Organizadora para profundizar sus procesos de agitación y organización proletaria. Así, comienzan los preparativos para una huelga que, en lo inmediato, buscará la mejora en la vida de los obreros mediante dos puntos de demanda: aumento de salario a cinco pesos y jornada laboral de ocho horas. Los directivos de la Greene Consolidated Copper Company,en acuerdo con el gobierno de Porfirio Díaz, rechazaron de inmediato las pretensiones. Los obreros estallaron una huelga que fue respondida con una acción represiva despiadada. El paro fue derrotado por una serie de factores cuyo análisis no es objeto de este artículo. Sin embargo, es de notar el trasfondo político que planteaba Ricardo y sus compañeros de la Junta Organizadora: el problema iba más allá de las meras demandas obreras, estaba inserto en un contexto muy complejo donde el objetivo estratégico de los revolucionarios del PLM era vincularse, influir y dirigir al proletariado mexicano. En esta tarea el gobierno porfirista los golpeó duramente en Cananea al impedir, mediante violencia extrema, que los magonistas lograran vincularse con obreros y campesinos. Parecía que los planes de la Junta se venían abajo; empero, ya trabajaban intensamente en el sureste del país para concretar su proyecto. Río Blanco, Veracruz, colmado de obreros textiles, fue la segunda apuesta de Ricardo Flores Magón.

 

view-1En Orizaba comenzó el nuevo desafío para los magonistas. En la fábrica de Río Blanco, la más grande de toda la zona veracruzana, impulsaban la creación de una organización obrera militante que logró concretarse el 1 de abril de 1906 con la formación del Gran Círculo de Obreros Libres de Río Blanco. En junio apareció el primer número del periódico Revolución Social  al mismo tiempo en que se constituía el Gran Círculo de Obreros Libres de Santa Rosa. Todo marchaba de acuerdo a los planes de la Junta.

Sin embargo, las noticias sobre lo ocurrido en Cananea alertaron a los directivos de la Compañía Industrial de Orizaba  quienes decidieron hacer frente a la oposición obrera magonista. Con la experiencia de la huelga de Cananea, los capitalistas extranjeros y el Estado porfirista se dieron cuenta del peligro que para sus intereses representaba el avance del magonismo en sectores clave del movimiento obrero de la época. Y la dictadura nuevamente tomó la ofensiva: la persecución que los gobiernos de Díaz y Theodore Roosevelt –presidente de Estados Unidos– lanzaron contra los miembros del PLM fue devastadora. Ricardo tuvo que abandonar San Luis Misuri para refugiarse en Canadá, otros miembros de la Junta tuvieron que dispersarse. La comunicación entre dirigentes y cuadros medios del PLM había sido cortada.

Al mismo tiempo, el gobierno de Díaz emprendió una serie de reformas laborales con la finalidad de  neutralizar al magonismo en el movimiento obrero. Con ello, los postulados magonistas contenidos en el Programa del Partido Liberal Mexicano,de julio de 1906, perdía impacto entre las clases obreras y populares. Antes, la colosal represión emprendida por el Estado mexicano ya había rendido frutos: atemorizó a la mayoría de los obreros de acercarse a los revolucionarios del PLM. Las reformas laborales otorgadas como dádiva a los trabajadores a través de lidercillos  corrompidos y serviles al gobierno hizo despertar en el despolitizado proletariado la falsa certidumbre de que el “cambio” vendría desde el gobierno.

De cualquier forma, la lucha de los obreros de Río Blanco se desarrolló pero no a través de una huelga, sino de una rebelión que, finalmente, fue masacrada por un destacamento de dos mil soldados del Ejército Mexicano al mando del Gral. Rosalino Martínez, subsecretario de guerra; la orden que le había dado Díaz era contundente: aniquilar la rebelión. Y así sucedió…

Ricardo Flores Magón, incansable luchador por la emancipación proletaria, nunca se rindió, jamás traicionó sus principios ni sus objetivos de alcanzar el despertar de la clase obrera mexicana. Después de las dos terribles derrotas sufridas en manos de la dictadura, insistió en vincularse al movimiento proletario. En la primavera de 1908 intentará influir en la gran huelga ferrocarrilera; sin embargo, sus esfuerzos resultarían infructuosos.

Los magonistas no pudieron convertirse en la fuerza motriz de un proletariado militante. Sin embargo, siempre estuvieron en el camino correcto para lograr una revolución legítimamente proletaria y popular. La ferocidad represora de los gobiernos mexicano y norteamericano los atacaron de forma inmisericorde. Con sangre y metralla ahogaron la esperanza emancipatoria de todo un pueblo, de toda una revolución.

Después de la derrota magonista, México protagonizó una violenta conflagración armada que dio la victoria a la misma burguesía que los revolucionarios del PLM combatieron. Los muertos y el sacrificio fue el tributo que dieron obreros y campesinos para que la burguesía consolidara su poder; o sea, la historia de un país que hizo una revolución, con miles de muertos y heridos, para que todo siguiera igual.

Ciertamente, tenemos una enorme deuda con Ricardo.

 

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Notas:

[1] Durante el porfiriato, los hacendados de origen oligárquico de San Luis Potosí poseían una fortuna material basada en posesión de enormes extensiones de tierras; empero, también tomaban parte en la industria y en la banca. Algunas familias, incluso, tenían acciones en compañías mineras y otras eran representantes de la Junta Directiva del Centro Agrícola e Industrial Potosino. Por ejemplo, la acaudalada familia Espinosa y Cuevas se aprovechó de la red ferroviaria recién concluida para establecer un negocio de exportación de tomate a través del puerto de Tampico, Tamaulipas. (cfr. Cockcroft, James D. Precursores intelectuales de la Revolución Mexicana 1900-1913, Siglo XXI Editores – CONAFE, México, 1985, pp. 29-33)

 

[2] Conversación con Camilo Arriga durante el Congreso Liberal. Turner, Ethel Duffy. Ricardo Flores Magón y la historia del Partido Liberal Mexicano, Erandi, México, 1960, p. 34.

Autor: Arturo Rodriguez García

Creador del proyecto Notas Sin Pauta. Es además, reportero en el Semanario Proceso; realiza cápsulas de opinión en Grupo Fórmula y es podcaster en Convoy Network. Autor de los libros NL. Los traficantes del poder (Oficio EdicionEs. 2009), El regreso autoritario del PRI (Grigalbo. 2015) y Ecos del 68 (Proceso Ediciones. 2018).

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