Por Raudel Ávila

Tendemos a olvidarlo, pero el nombre de la compañía DC Comics venía de su principal revista: Detective Comics. Fue en el número 27 de esa publicación donde apareció por primera vez Batman, el hombre murciélago creado por Bob Kane y Bill Finger. Exactamente hace 80 años. DC Comics parece decidida a celebrarlo por todo lo alto. Publicó el número 1000 de Detective Comics, y una lujosa edición especial conmemorativa con las mejores historias por el 80 aniversario del superhéroe. Adicionalmente, si a usted le gustan las series de superhéroes no puede perderse Pennyworth, una saga televisiva estrenada este año que sigue las aventuras juveniles de Alfred Pennyworth, el carismático mayordomo de Bruce Wayne, alter-ego de Batman. También este 2019 concluyó la última temporada de Gotham, otra serie de televisión en la cual retratan las andanzas de Bruce Wayne antes de convertirse en el hombre murciélago.

Algo pasa con Batman y ya he hablado de eso en este portal, pues logra ejercer una fascinación sobre el público muy superior a la de otros héroes. Quizá su oscura personalidad, tal vez su elenco de apoyo. Los personajes secundarios de Batman son interesantes por sí mismos, y en esta ocasión me interesa particularmente su némesis, mejor conocido como el Guasón. Para decirlo rápido y con claridad, no hay en toda la industria del cómic de superhéroes un villano tan bien construido como el Guasón (en inglés Joker, y en las traducciones mexicanas de Grupo Editorial Vid “El comodín”). En otras palabras, así como dije en otro texto de Notas sin Pauta que lo mejor de Superman es Luisa Lane, lo mejor de los comics de Batman es el Guasón.

Si usted no vive en una cueva como la de Batman, ya habrá visto los avances de la película sobre el payaso príncipe del crimen. Los portales noticiosos y la crítica especializada se desbordan en elogios sobre esta película, aplaudida, premiada y ovacionada en festivales de cine europeos. Sí, leyó bien, una película sobre un super villano de los comics ovacionada por la crítica especializada europea.

Creado en 1940 por Jerry Robinson, Bill Finger y Bob Kane, el Guasón es una figura conocida, querida y reclamada por fanáticos de todas las edades a lo largo y ancho del planeta. En sus diversas adaptaciones a otros medios, desde la entrañable caracterización de César Romero en aquella vieja serie televisiva con un Batman panzón de la década de 1960, hasta sus representaciones más recientes como la de la película que están por estrenar protagonizada por Joaquin Phoenix, el Guasón infunde lo mismo atracción que repulsión, simpatía o temor.

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Kane, Finger y Robinson, se inspiraron en el clásico drama en prosa El hombre que ríe de Víctor Hugo para diseñar al personaje del Guasón. El hombre que ríe cuenta la historia de un niño secuestrado por una pandilla de robachicos, quienes deformaron su rostro para volverlo irreconocible al grado de que aparenta esbozar una sonrisa permanentemente. El niño puede sufrir terror, odio, depresión, pero siempre está sonriendo. Trasládelo al mundo de los comics y ya tiene al Guasón. Así como el increíble Hulk es una versión popular del doctor Jekyll y Mr. Hyde, o el mismo Batman tiene muchos elementos de Sherlock Holmes, el Guasón encuentra sus antecedentes en El Hombre que ríe. Y a lo largo de las décadas, otros payasos famosos han enriquecido al personaje del Guasón, quien hace referencias explícitas o veladas a colegas payasos. Así por ejemplo, la ópera Il Pagliacci de Leoncavallo o IT, el monstruoso payaso asesino de niños de la novela de Stephen King recientemente llevada al cine por segunda ocasión.

El origen del Guasón ha sido contado varias veces de muy diversas formas. La más famosa de ellas y mi favorita es la de Allan Moore en la excepcional novela gráfica La broma mortal (The Killing Joke). Uno de los mejores comics de superhéroes todos los tiempos y quizá el más vendido, esta obra de Allan Moore imagina un origen francamente inteligente para el payaso criminal. Si el nacimiento de Batman está ligado a la Gran Depresión para limpiar la imagen de los multimillonarios como Bruce Wayne que arruinaron la economía mundial con sus destructivas especulaciones financieras en la crisis de 1929, la del Guasón está ligada a las masas desposeídas y violentadas por la crisis.

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La broma mortal inicia con una visita de Batman al asilo Arkham para registrar la celda del Guasón y hablar con él. Quiere ofrecerle una última oportunidad para reconciliarse y sacarlo de la vida criminal, pues, de otra manera, dice Batman, el Guasón y él terminarán matándose uno al otro. El Guasón únicamente sonríe ante las palabras de Batman y éste, desconfiado, lo sacude. Se da cuenta que no es el verdadero Guasón sino un hombre a quien el Guasón le pagó para fingir que sigue encarcelado. El Guasón anda libre por Ciudad Gótica y en esa misma historia decide ir contra un aliado de Batman y su familia: el comisionado James Gordon. El Guasón entra en casa de Gordon y le dispara varias veces a Bárbara, su hija, cuya identidad secreta es Batichica. El Guasón viola a Bárbara y la deja inválida para enloquecer a su padre, el comisionado. Después, secuestra al comisionado para incitar a Batman a ir en su rescate a una guarida llena de trampas. El Guasón sostiene que solo se necesita un mal día para llevar a una persona al borde de la locura. Un día de experiencias aterradoras. Quiere que el Comisionado y Batman se vuelvan locos por el dolor de las heridas de Bárbara.

No obstante, siniestra como se percibe la historia, lo mejor no reside en esa parte de la trama. Conforme el Guasón ejecuta su plan y pretende enloquecer a Gordon y a Batman, vienen a su memoria numerosos recuerdos de cómo inició su actividad criminal. Sólo se necesita un día… el Guasón era un comediante de cantinas que buscó hacer dinero contando chistes en bares y centros nocturnos de mala muerte. La esperanza era ser descubierto y luego llevado a los grandes escenarios de comediantes de alto nivel. No obstante, se atraviesa la Gran Depresión. Ningún bar en Ciudad Gótica tiene dinero para pagarle a comediantes que puedan amenizar las noches de sus contertulios. El Guasón en su identidad civil (en la Broma Mortal nunca se dice su nombre de pila, pero en otros comics nos enteramos que se llama Jack Napier) se desespera. No encuentra trabajo. Tiene una esposa embarazada y la angustia de no tener capacidad de proveer el sustento para su familia lo consume. Jack no sabe qué hacer hasta que se le aproxima una pandilla de gángsters. Le ofrecen acompañarlos en un robo a una fábrica de químicos. La banda se hace llamar Red Hood (Capucha Roja), pues acostumbran portar una capucha roja para que la policía no los reconozca. Después de romper las resistencias morales de Jack, desesperado por el hambre de su familia, lo llevan a la fábrica de químicos. Ahí, Batman entra en escena para detenerlos y defender la propiedad privada. Cuando los gángsters huyen, Jack Napier se pone nervioso, no sabe cómo enfrentar a Batman. Intenta escapar, pero se resbala y cae a un caldero químico. Batman se aleja pensando que el ladrón murió en el caldero, pero unas escenas más adelante, vemos al ladrón salir con el rostro desfigurado y quemado por los químicos hasta cambiar de color y dibujarle una monstruosa sonrisa.

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La genialidad de Allan Moore en esa historia consiste en establecer un contraste fascinante entre Bruce Wayne y Jack Napier. Moore, procedente de los estratos más bajos de las familias obreras de Inglaterra, conocía muy bien la miseria de las clases populares urbanas y su exposición a entornos delictivos. Batman es el millonario despreocupado que ante la crisis defiende el status-quo. El Guasón es un hombre que roba para sobrevivir, pues no hay nadie en la sociedad dispuesto a apoyarlo para proteger a su esposa embarazada. Cuando Jack Napier sale bañado en químicos ha enloquecido y quiere venganza. Además, su esposa ya fue asesinada, en circunstancias nunca esclarecidas del todo, pues la policía no se mete a investigar crímenes en los barrios donde vive gente como Jack Napier. Frente a la racionalidad tecnocrática de Batman y Bruce Wayne, la locura sin sentido del Guasón completa el cuadro dramático de Ciudad Gótica. Por un lado, la civilidad despreocupada y egocéntrica de las clases altas, acompañados de los policías que protegen sus propiedades. Del otro, la conducta antisocial, delictiva y violentísima de los desesperados habitantes de las ciudades perdidas cuyos elementos habituales son el pandillerismo, las drogas, las armas omnipresentes en la sociedad estadounidense. El Guasón ya no como un simple payaso, sino como un delincuente reivindicador de los olvidados. No un Robin Hood, sino un revanchista social en busca de subvertir el orden establecido. Un hombre sin argumentos técnicos ni lógicos para reformar la sociedad, pero custodio de un agravio social con un simbolismo emocional poderosísimo, saturado de resentimientos muy explicables, dispuesto a matar masivamente para provocar el caos en la sociedad que le robó a su familia. Un venerador de las clases populares que en el fondo quiere esclavizarlas para ganar poder y vengarse de todos. Es decir, una estampa de los dictadores fascistas europeos emanados de la Gran Depresión. Hitler, Mussolini, etcétera. Portadores de la muy comprensible rabia de grandes segmentos de la población, pero incubadores de una violencia inagotable y promotor de un remedio que a la postre resultará peor que la enfermedad.

“Algunos hombres no están buscando algo lógico como el dinero. No pueden ser comprados, extorsionados, no se puede razonar ni negociar con ellos. Algunos hombres solamente quieren ver el mundo arder” le dice el mayordomo Alfred (interpretado por Michael Kaine) a Bruce Wayne en la película The Dark Knight. Alfred intenta explicar así el comportamiento del Guasón (magistralmente caracterizado por Heath Ledger), pero es muy revelador de la incomprensión de las elites respecto a lo que está ocurriendo en los estratos bajos de su sociedad. La negación de la realidad social por parte de los más ricos para evitar remordimientos y quedarse con la conciencia tranquila, desemboca en la entronización de fanáticos peligrosísimos. Las grandes poblaciones desatendidas por la elite voltean a ver con simpatía uno de los suyos, en este caso el Guasón y en el mundo real los dictadores que llegaron al poder después de la Gran Depresión de 1929 o de la crisis financiera internacional de 2008.

El Guasón ha fascinado incluso a estudiosos muy serios de psicología y se han publicado libros en varios países analizando su figura. Las mejores historias de Batman son aquellas sagas protagonizadas por el Guasón que suponen un parteaguas en la vida del hombre murciélago. Arkham Asylum, una novela gráfica donde Batman se sumerge en la historia de las celdas del asilo donde aprisiona a todos sus supervillanos y tiene un gran encuentro con el Guasón. La citada Broma Mortal, que dejó inválida a Batichica. Muerte en la Familia, una de las mini series más dramáticas de DC COMICS donde el Guasón asesina a golpes y con lujo de crueldad a Jason Todd, el segundo Robin. La muerte de la familia (no confundir con Muerte en la familia), donde el Guasón se arranca su propio rostro y regresa más sanguinario que nunca con la pretensión de matar a todos los cercanos a Batman (los Robin, Batichica, Gatúbela, Alfred, etcétera.) Ciertamente no parece un inocente personaje de caricaturas infantiles. No lo es.

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El Guasón es el recordatorio de lo que pasa cuando los círculos encumbrados de una sociedad se aíslan y desentienden de sus vecinos menos favorecidos. Es también la reacción a Bruce Wayne viviendo en una mansión en las afueras de Ciudad Gótica, cómodamente atendido por un mayordomo y encerrado en una cueva con sus artefactos de alta tecnología, mientras en las calles la gente no come. Apenas cuatro años antes del nacimiento de Batman, y cinco años antes del nacimiento del Guasón, apareció en Estados Unidos la novela Eso no puede pasar aquí de Sinclair Lewis, el primer escritor estadounidense en ganar el Premio Nobel de Literatura. En ese libro, Lewis describe el ascenso de un gobernante fascista en Estados Unidos como consecuencia de las condiciones sociales propiciadas por la Gran Depresión. Mientras tanto, los protagonistas del libro, todos miembros de la elite, se repiten estúpidamente a sí mismos “en Estados Unidos nunca habrá una dictadura, el candidato se moderará cuando gobierne, solamente en Europa o en los países sudamericanos surgen tiranías. Eso no puede pasar aquí.” Por supuesto, al final del libro se instala una racista dictadura totalitaria en Estados Unidos. La novela, exitosísima, se adaptó rápidamente al teatro en una obra igualmente exitosa que se representó por todo Estados Unidos. No es una hipótesis aventurada suponer que en ese clima surjan figuras como el Guasón o que Bob Kane (creador de Batman y del Guasón) haya leído la novela.

Así como hemos mencionado grandes historias de Batman protagonizadas por el Guasón, es preciso aludir a quienes lo han interpretado en la pantalla chica y en la grande. Ya nos referimos a César Romero en la serie televisiva de los años 60, pero Jack Napier ha sido encarnado elocuentemente por el mismísimo Jack Nicholson en una magnífica película dirigida por Tim Burton en 1989. En la película The Dark Knight, Heath Ledger actuó memorablemente y se convirtió en el Guasón más recordado y querido por los millenials. Otros, francamente decepcionantes como Jared Leto en la película The Suicide Squad, quedaron a deber en su retrato del personaje. Personalmente, mi favorito absoluto es Mark Hamill. Sí, el actor que dio vida a Luke Skywalker en toda la saga de la Guerra de las Galaxias, fue la voz del Guasón en todos los capítulos y películas animadas que se desprendieron de la exitosísima caricatura Batman The Animated Series en la década de 1990. Hamill también interpretó al Guasón en la película animada de La broma mortal. Nadie ha logrado esa inflexión de la voz ni una risa tan macabra para el Guasón como Hamill, un auténtico fanático de los comics que sabe dar vida al personaje de las historietas como nos gusta a los verdaderos aficionados.

Y debo decir que mi historia predilecta del Guasón es una película animada de Batman. Batman: la máscara del fantasma es, en mi opinión, la mejor historia del hombre murciélago y el payaso príncipe del crimen, interpretado una vez más por Mark Hamill. Si a usted le gustan los comics y no la ha visto, véala hoy mismo, aunque sea en pirata. Se consigue muy fácilmente y a precios irrisorios en cualquier tienda Mixup o similares. La película replantea el origen de ambos personajes (Batman y el Guasón) a través del recuerdo del gran amor desconocido de Batman: Andrea Beaumont. Una mujer por quien Bruce Wayne estuvo a punto de renunciar a convertirse en Batman. Es una historia de amor, sí, pero también es mucho más que eso, es un gran drama de Batman y el Guasón. Insisto siempre, en mi opinión, la mejor historia jamás contada del universo de Batman. No quiero venderle trama ni arruinarle la película, pero basta con que le diga que la producción contó una directora de casting de voces tan notable como Andrea Romano y con estremecedora música original de la compositora Shirley Walker. Es el episodio más completo que verá usted sobre Ciudad Gótica.

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Entre 2017 y 2018, DC COMICS publicó una miniserie de 8 números que ya puede conseguirse en un solo tomo de colección Batman: White knight. Se trata de un experimento narrativo extraordinario que invierte los términos convencionales. Ambientada en una realidad alterna, el Guasón se vuelve cuerdo después de que Batman lo obliga a tragar unas pastillas que regulan sus reacciones químicas y evitan que se vuelva el Guasón. En posesión de su personalidad de Jack Napier, el Guasón determina rehacer su vida. Para ello, le pide matrimonio a Harlene Quinzeel, mejor conocida como su perversa asistente Harley Quinn. Quinzeel, personaje que no existía en los comics, pero introducido en la caricatura de los años 90 por Bruce Timm y Paul Dini para suavizar la maldad del Guasón ante auditorios infantiles, ganó tantísima popularidad en televisión que ahora tiene su propia serie en DC COMICS. No obstante, en la miniserie White Knight, el Guasón y Harley se convierten en defensores de la población afroamericana de los barrios bajos de Ciudad Gótica contra la brutalidad policíaca de los muchachos del Comisionado Gordon. Así, el Guasón en su personalidad de Jack Napier desarrolla una carrera política para desprestigiar a Batman como el verdadero loco que origina supervillanos y desastres en Ciudad Gótica. Napier se convierte en concejal y un hombre de gran popularidad entre el electorado de la ciudad. El Guasón destapa una cloaca de corrupción en la política local cuando pone al descubierto y denuncia la existencia de un seguro contra desastres ocasionados por Batman al combatir criminales, con cuyo financiamiento se hace rico el alcalde de la ciudad. Napier gana inmensa popularidad y empieza a legalizar grupos de autodefensa, otorga amnistía a delincuentes y proporciona tecnología de punta a sus leales para controlar la ciudad. Ciudad Gótica aborrece a Batman y exige su aprensión, mientras ovaciona a Napier y lo idolatra como político popular. Pero la verdadera personalidad del Napier, el Guasón, ya no puede ser controlado con pastillas, y conforme gana poder político regresa la locura para volverlo intolerante a la crítica e instigador de odio contra sus oponentes. No quiero revelarle el final de este asombroso cómic repleto de acción y aventuras como solo saben hacerlo en las grandes sagas de Batman, pero léalo. Conocerá una novedosa faceta de la maldad del Guasón.

Mientras esperamos el estreno de la nueva película Joker la próxima semana y celebramos el Batman Day, tengamos presente que el Guasón no es el mafioso que busca dinero, ni el científico loco en busca de satisfacer su ego, tampoco el político corrupto a la caza de poder. El Guasón es la representación de la maldad y la vileza más acendrada que incubamos todos los hombres debajo de nuestras capas de civilidad. “La peste” en palabras de Albert Camus. Es el asesino serial que asoma en la mirada de toda persona encolerizada o embrutecida. El recordatorio incómodo de nuestra complicidad voluntaria o involuntaria con lo que está mal en la sociedad cuando cerramos los ojos ante la injusticia. La alarma de las brutalidades que todos podemos cometer si cedemos a nuestros impulsos más peligrosos. Solo se necesita un mal día…

 

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