Ilustración: Eduardo Sánchez // Texto: Antonio Reyes 

He decidido apartarme de mí mismo, seguir como un perro a su amo a la voz que me antecede, voy a hundirme de frente en el vacío de mis palabras. He de estampar el rostro en todas partes siguiendo lo que dije, mientras diga algo, y algo es un vocablo que puede abarcarlo todo.

Hay un cigarro que ahora mismo me escarba entre los dientes, prensado, sangrando humo, echándose con fuerza al mundo. ¿A dónde habré de ir si su presencia me ahoga el horizonte, las palabras? Es la pausa entre el vértigo de la agitación y el espasmo de una autonomía tuerta.

Soy el perro que cuelga a las tres de la mañana entre la agitación del rabo y el escándalo de un ladrido. Por lo bajo soy también una salmodia, apenas dicha, mientras cae la oscuridad en el abismo.

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