De un mundo raro

Por Miguel Ángel Isidro / Imagen: Proceso Foto

En países como el nuestro, muchos movimientos, líderes y gobernantes, han esgrimido el combate a la pobreza como slogan, lema de campaña o materia prima de encendidos discursos.

Sin embargo, y a pesar de formar parte de nuestra realidad cotidiana, la pobreza sigue siendo un fenómeno complejo, difícil de entender y explicar.

Lo anterior viene a cuento porque, revisando en mis archivos, encontré un documento interesante que a pesar de estar cumpliendo casi 30 años de su publicación, continúa manteniendo vigencia en varios de sus apartados.

Vamos a la historia: En 1990, el Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias (CRIM) de la Universidad Nacional Autónoma de México publicó un trabajo de investigación desarrollado por los académicos Rudolf H. Stahm y Úrsula Oswald Spring bajo un título que algunos llegaron a considerar provocador: “Por eso somos tan pobres”.

El documento aborda, desde el punto de vista científico, el fenómeno de la pobreza en los países de América Latina, Asia y África, y en su momento, fue tomado como un referente obligado en cuanto al planteamiento integral de lo que hoy conocemos como desarrollo sustentable en México, al enfatizar que el fenómeno de la pobreza no solamente tiene que ver con el aspecto estrictamente económico, sino también con la medición de más de 30 indicadores relacionados directamente con la calidad de vida de nuestras comunidades.

Sin duda alguna, medir la pobreza no es una tarea fácil. ¿Quién es más pobre, el habitante de una zona urbana que no tiene coche o el campesino que no tiene para comer carne?

En términos actuales podríamos cuestionarnos ¿son menos pobres las comunidades rurales que tienen acceso a internet?

Reconociendo de antemano que no soy un experto en la materia, me atrevo a decir que de manera general los indicadores a los que hace referencia el estudio publicado por el CRIM-UNAM hace casi tres décadas no se han movido drásticamente, sobre todo en lo que hace a las diferencias entre los pobladores del primer y tercer mundo.

Por ejemplo, se menciona que la población del primer mundo equivale al 18% del total mundial, pero son dueños del 78% de la producción, ejercen el 81% del gasto energético y usan el 70% de los fertilizantes químicos, 84% de los tractores, 88% del hierro y 84% de las armas del planeta.

Una idea más específica sobre las diferencias entre “ricos” y pobres” es la comparación del consumo de energía, ya que un habitante de los Estados Unidos consume la misma cantidad de energía (gasolina, electricidad, etc.) que 6 mexicanos, 9 brasileños, 35 hindúes o 208 tanzanianos. Un promedio de 63 veces lo que consume una persona en los países “pobres”.

Otros aspectos interesante de este estudio son las referencias a temas como la pobreza alimentaria, el financiamiento al desarrollo, y al inevitable cáncer que carcome a nuestra sociedad mexicana: la corrupción. En resumidas cuentas, éstos académicos concluyen en que un efectivo combate a la pobreza tiene que pasar necesariamente por cambios radicales en la forma en que se toman decisiones de políticas públicas en los países en vías de desarrollo.

Retomando el contexto actual, podemos señalar que escándalos como el de la tristemente célebre “Estafa Maestra” son la cruda evidencia de que hasta la fecha, México no ha podido encontrar un modelo de política social que responda no sólo a las expectativas de los sectores más vulnerables de la población, sino que haga eficiente la aplicación de recursos públicos destinados al combate a la pobreza. A la larga, los más pobres cargan con el costo económico de sus propios incentivos, ya que en la planeación de los presupuestos, se privilegian programas y acciones asistencialistas por encima de proyectos de infraestructura o la conformación de instituciones que fomenten el desarrollo. Se pretende combatir a la pobreza con las mismas medicinas inoperantes de siempre.

El combate a la marginalidad en México no será posible sin una reforma sustancial en la forma en que se toman las decisiones en materia de políticas públicas en nuestro país.

Pero parece que no aprendemos la lección.

El actual gobierno le vuelve a apostar al petróleo como palanca del desarrollo, poniendo toda la carne en el asador con un proyecto como la refinería de Dos Bocas, a pesar de que es bien sabido que los mecanismos utilizados para la extracción de la riqueza energética siguen abonando al esquema de explotación y desigualdad que lastima a amplios sectores del país.

Mientras los ciudadanos continuemos dejando a los políticos la toma de las decisiones importantes, y éstos sigan priorizando sus mezquinos intereses de grupo o corriente, difícilmente cambiaremos las cosas en este país.

La gran incógnita sigue siendo ¿cómo se puede combatir la pobreza? ¿Redistribuyendo la riqueza nacional o poniendo al alcance de los sectores más desfavorecidos herramientas que permitan su progreso?

Valdría entonces preguntarse ahora: ¿quien sería menos pobre: quien recibe un apoyo financiero directo del gobierno o quien tiene acceso a beneficios sociales que le permiten mejorar sus condiciones de vida e ingreso a mediano y largo plazo?

Una mejora real y efectiva en las condiciones de las comunidades más pobres debiera incluso impactar la forma en que se toman decisiones de vida. ¿Cómo lograr que para un joven de nuestras depauperadas zonas urbanas resulte más atractivo el estudio y la obtención de un trabajo que sumarse a las filas de la delincuencia? ¿De verdad es algo que se resolverá sólo con becas?

Sin duda alguna, el auténtico combate a la pobreza y a la desigualdad no puede ser concebido sin un proceso de toma de conciencia, y eso implicaría la difícil tarea de construir una política social de Estado. Pero el principal obstáculo para ello está en nuestro propio sistema político: los sectores marginados difícilmente dejarán de ser una clientela susceptible de ser manipulada electoralmente. Los pobres deben dejar de ser materia prima y botín de partidos, candidatos y gobiernos.

Asumir objetivamente estas realidades nos lleva a señalar en forma de sentencia el título del estudio al que hacemos referencia en este texto: “Por eso somos tan pobres”…

Soundtrack para acompañar la lectura
-Calle 13 (Puerto Rico)
“El baile de los pobres”

-Panteón Rococó (México)
“La carencia”

-Paralamas Do Sucesso (Brasil)
“Alagados”

-La Santa Cecilia (Estados Unidos)
“30 días”

-Systema Solar (Colombia)
“El botón del pantalón”

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