Por Arantxa de Haro
 
Intangibles regalos que trascienden las memorias, el tiempo y las circunstancias, son aquellos que encuentro mejores. No se encuentran en escaparates, no los acompaña una etiqueta, ni una envoltura que encierre en un espacio físico. Inconfinables, intangibles, otorgados inconscientemente por el otro, llegando a nuestros tal serendipia. 
 
Entre los obsequios que han llegado a mí, han sido el tiempo, la autovaloración, el cariño, el amor, el conocimiento. Sin embargo, me gustaría hablar de dos intangibles que se manifestaron ante mí tal revelación. Primero llegó ‘revolución ideológica’. Y después la ‘libertad de decisión’.
 
La ‘revolución ideológica’ llegó a mí en forma de libro cuyas palabras se han grabado en mi psique mientras me emancipaba de mis prejuicios. La mente se me partió en dos, abriéndose como una sandía que es asestada por un bat. Me dividí y me cuestioné. Y nunca más quise lo que anhelaba, y nunca más quise regresar al dolor, y nunca más quise hacer de lado la dignidad para anteponer a otros. La crisis llegó como una tormenta donde todos mis preceptos quedaron derrumbados. Tan tortuosa y dulce la transformación, finalmente llegó la claridad. Y con ello, la muerte de un ser que ya no es, y nunca será. 
 
La ‘libertad de decisión’ la recibí en un mensaje de texto. Una imagen. No un meme, no un emoji. Una convocatoria. El camino hacia mis metas se había enderezado, se hacía menos sinuoso. Sentí como los grilletes que me tenían atada y la fuerza gravitatoria de mi mundillo desaparecían. Y flotaba y flotaba. Y nunca jamás sentiré el peso opresor de aquello que me tenía inmóvil. Y con ello llegó la tranquilidad.
 
Mis palabras se quedan cortas ante aquellos fortuitos regalos, y aquellas personas que las hicieron posibles. Esos donantes de dones, agentes involuntarios de un cambio ajeno, jamás sabrán el impacto de sus acciones. La ignorancia de la situación no se las he otorgado a ellos a causa de mi silencio, pues no ha sido mi voluntad que esto quedara en la oscuridad (no estaría escribiendo esto, dado el caso). Han sido de ellos los que se han retirado de mi camino, y se han perdido en los suyos.
 
Lo que me hace pensar: ¿cuánto no hemos influenciado a otros con pequeños gestos? ¿será que hemos mejorado vidas o hemos desagraciado otras sin estar al tanto de ello? Si la posibilidad que en nuestras vidas como mapas de Poincaré, existan personas como ellas que funjan como atractores extraños, ¿qué nos hace pensar que no lo seamos interdimensionalmente contra mapas ajenos?  

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s