De un Mundo Raro

Por Miguel Ángel Isidro

Durante muchos años, tuve la oportunidad de trabajar como reportero y corresponsal de medios nacionales. Es una actividad profesional sin duda apasionante, y probablemente, no suficientemente valorada en un país como México, reconocido internacionalmente como el país más peligroso de mundo para ejercer el periodismo.

Obviamente, cada quien cuenta la película que le toca vivir. Y en el medio periodístico, habida cuenta de su diversa y compleja realidad, es recurrente que los periodistas tiendan de manera recurrente -voluntariamente o no- a encerrarse en su propio entorno y realidad. En efecto, las famosas “burbujas epistémicas”.

Para explicarlo en términos amables, es entendible que en función de su área de actividad y cobertura, las mujeres y hombres dedicados al periodismo terminen asumiendo por obvios y generalmente conocidos determinados datos de su entorno: quién es el dirigente de tal o cual partido en el caso de los que cubren la fuente política; nombre posición y galardones de atletas famosos en el caso de la fuente deportiva; vida, obra y milagros de actores y actrices para quienes cubren la fuente de los espectáculos.

En este contexto, es bastante común ver a comunicadores y periodistas protagonizando encendidos debates sobre temas y personajes que a los simples mortales les tienen sin el más absoluto cuidado.

Hago referencia a lo anterior porque el próximo 5 de noviembre se cumplirán 9 años de un acontecimiento que me enseñó la necesidad de “reaprender” acerca del periodismo, y que me hizo reflexionar acerca de los hechos registrados en la ciudad de Culiacán, Sinaloa en pasados días.

El 5 de noviembre de 2010 me encontraba radicando en la ciudad de Matamoros, Tamaulipas. Tenía a mi cargo la corresponsalía de Radio Fórmula y la conducción de dos noticiarios locales para la misma empresa.

Parecía un día normal. En las últimas semanas, se había notado un incremento en los patrullajes del Ejército y la Marina en la zona, como parte de lo que era práctica común durante el gobierno de Felipe Calderón. Con un elemento adicional: durante varias noches se habían venido registrando sobrevuelos rasantes de helicópteros militares, dotados de lámparas de alto poder. “Están buscando a alguien”, comentaba la gente.

La rutina se vió interrumpida repentinamente cuando un convoy militar tuvo un encontronazo con una caravana de camionetas tripuladas por civiles armados en las inmediaciones del Fraccionamiento Victoria, al lado sur de la ciudad. Eran poco más de las diez de la mañana, y tras el hecho se desató el caos.

Cómo es sabido, Matamoros es la cuna y sede del Cártel del Golfo, una de las organizaciones criminales más antiguas del país. A lo largo de la mañana se comenzó a correr la especie: estuvieron a punto de detener al líder de la organización , Antonio Ezequiel Cárdenas Guillén, mejor conocido como “Tony Tormenta”.

Seguido al encontronazo en el Victoria, comenzaron una serie de enfrentamientos en distintos puntos, y civiles armados comenzaron a bloquear varias de la principales arterias de la ciudad utilizando camiones del transporte público (que en Matamoros son camiones escolares gringos descontinuados y burdamente reacondicionados para su nuevo uso), mientras que las fuerzas federales iniciaban un intenso despliegue tierra-aire por toda la ciudad.

Debo aquí hacer un paréntesis para explicar las condiciones bajo las que trabajábamos los comunicadores en dicha plaza. Eran días aciagos, ya que -ahora se sabe- estábamos en las postrimerías de la ruptura entre el Cártel del Golfo y lo que durante años fue su brazo armado, el grupo de Los Zetas. El primer bando mantenía un férreo control sobre plazas como Matamoros, Tampico y Ciudad Victoria, mientras que el segundo dominaba la parte poniente de Reynosa y la denominada Frontera Chica, desde Camargo hasta Nuevo Laredo.

En el ámbito local la presión hacia los medios era extrema. Había injerencia y “vigilancia” del Cártel y sus personeros hasta en las notas de sociales. Había personajes que de ninguna manera podían ser mencionados o aparecer en fotografías.

Como corresponsal siempre fui extremadamente cuidadoso y responsable con el manejo de notas, nombres y reportes. Expliqué mis motivos al área de Noticias de la cadena y afortunadamente los comprendieron. Sólo manejaba datos oficialmente confirmados. No tenia caso hacerle al valiente. Varias veces tuve que poner freno a la presión de los equipos de algunos noticieros, que me replicaban que en tal portal o página web se hablaba de una cifra distinta de muertos,  o cuando se atribuían hechos a tales o cuáles personajes sin mayor elemento de prueba o testimonio. “Si observas bien, todas esas notas aparecen sin firma, y a mí me pides que avale esos datos con mi voz y nombre al aire. No son mis datos, y no los voy a ratificar como propios”, argumentaba.

Debo reconocer que siempre hubo comprensión y generosidad por parte de la redacción nacional. Los equipos de noticieros como  el de Joaquín López-Dóriga y José Cárdenas siempre fueron flexibles en función del riesgo. Particularmente recuerdo los comentarios amables de Bolívar Robledo, el coordinador de enlaces de Pepe Cárdenas: “Hermanito, explícame cómo podemos manejar esta nota sin ponerte en riesgo, tu seguridad está primero”.

Volviendo al episodio de noviembre de 2010, mi segunda emisión de noticias locales iniciaba a las 3:30 de la tarde. A nivel local ninguna autoridad informaba nada, todo se remitía a recomendaciones para mantenerse en casa y evitar circular por avenidas principales, que seguían bloqueadas. Para esa hora, ya había comenzado un fuego intenso en las inmediaciones del centro de la ciudad.

Se veían pasar camionetas llenas de civiles embozados dirigirse hacia esa zona a toda velocidad, exhibiendo armas largas. Desde una terraza contigua escuchábamos el tabletear de los rifles automáticos y algunas detonaciones, al parecer de granadas.

Para esas horas, la Secretaría de Marina (Semar) ya había emitido un escueto comunicado confirmando que se desplegaba un operativo de captura sobre “Tony Tormenta”, pero hasta ese momento los resultados eran inciertos. Sólo se reconocía la muerte de un civil, que después se supo era Carlos Alberto Guajardo Romero, reportero de un diario local que se encontraba cerca del punto del primer tiroteo y cuyo cuerpo quedó inerte al interior de su camioneta en plena avenida Pedro Cárdenas, al sur de la ciudad. Al escuchar los disparos se aproximó a tratar de cubrir la nota y cayó en el fuego cruzado entre marinos y sicarios.

Durante la emisión al aire, mantuvimos la misma tónica: no hacer referencia a rumores ni trascendidos; sólo a los datos oficiales confirmados y a lo que era evidente: una situación de extremo riesgo que tenía lugar en la ciudad, por lo que recomendábamos a los radioescuchas no salir de sus casas o centros de trabajo salvo en caso de extrema necesidad, circular a baja velocidad y no acercarse a la zona centro; que para esas horas ya era un campo de batalla.

Horas más tarde, la Semar informó que “efectivos navales lograron la ubicación de Ezequiel Cárdenas en la colonia Centro de dicha ciudad, como producto de un trabajo de más de seis meses, en el que se realizaron labores de inteligencia y algunas acciones operativas, con intención de cercar y poner a este delincuente a disposición de la justicia.

“En los hechos participaron 150 elementos navales, de un total de 660 desplegados en el área, así como tres helicópteros y 17 vehículos.

“Al llegar a la zona señalada, el personal naval fue recibido con granadas y disparos de armas de grueso calibre, iniciándose intercambio de fuego aproximadamente a las 15:30 horas y concluyendo alrededor de las 17:35 horas.”

Lo cierto es que la zona centro de Matamoros se mantuvo bajo control de la Marina hasta la media noche.

El saldo oficial del operativo y los enfrentamientos fue de tres marinos, un soldado y cuatro delincuentes muertos, así como cuatro agentes de la Marina y dos militares heridos. Los enfrentamientos provocaron el cierre de tres puentes internacionales que conectan esa zona fronteriza con Estados Unidos, así como la suspensión de actividades en todo el municipio.

Cabe señalar que en el primer reporte oficial dado a conocer por el entonces vocero del Gabinete de Seguridad Nacional Alejandro Poiré, no se hizo referencia a la muerte del reportero Carlos Alberto Guajardo. Dicho dato se corrigió días más tarde.

En aquellos años ya operaban las redes sociales  Facebook y Twitter; seguía en boga el uso de los radios Nextel y los servicios de mensajería más usados eran Messenger y BlackBerry; su uso fue vital para cientos de ciudadanos de Matamoros que se compartían datos sobre rutas seguras y zonas de riesgo, aunque también se sembraron muchos rumores y falsas noticias sobre esa difícil jornada.

El número de civiles heridos nunca fue revelado por autoridad alguna.

Cabe mencionar que a pesar de los bloqueos, y el desplazamiento de caravanas de sicarios, al menos en esa jornada, no se tuvo registro alguno  de ataques directos de los sicarios a la población civil. Pese al aparatoso despliegue, el operativo fue casi quirúrgico. El capo fue cercado en uno de sus múltiples escondites: un discreto conjunto de locales  en la calle Abasolo, donde en una de las trastiendas de lo que a la vista eran negocios comunes -una estética, una lavandería y una farmacia- se ubicaba un búnker que albergaba además un laboratorio de discos y videos piratas. De acuerdo a algunos testimonios, la estrategia de Cárdenas Guillén era simple: cuando se registraba algún operativo federal, lo transportaban a uno de estos escondites, donde se resguardaba sólo con tres o cuatro escoltas de su confianza, mientras en distintos puntos de la ciudad caravanas de camionetas se desplazaban o hacían bloqueos para distraer la atención de las autoridades. Evidentemente hubo una detallada labor de inteligencia previa al operativo donde murió.

Debo señalar que durante los cinco años que desarrollé labores informativas en esa frontera nunca fui sujeto de alguna amenaza personal o a mi familia; nunca tuve ninguna llamada de intimidación sobre el contenido de mi trabajo; sí llegué a ejercer la autocensura por motivos de seguridad y también supe de distintos casos de colegas que fueron levantados o que recibían visitas de “mensajeros” del cártel en sus oficinas o redacciones, además de que en varias ocasiones sujetos desconocidos arrojaron granadas al estacionamiento de Televisa del Noreste, ubicadas en una transitada zona de Matamoros.

Recuerdo particularmente el caso de dos compañeros editores de diarios locales a quienes “invitaron” a un “paseo” en una camioneta para llevarlos a un taller mecánico en un punto alejado de la ciudad, donde uno de los “jefes” de la plaza les pidió que dejaran de publicar notas de agencias informativas sobre enfrentamientos en Veracruz y Guerrero. Los compañeros periodistas no fueron agredidos físicamente, pero mientras “platicaban” con el personaje, tres sujetos golpeaban a tablazos a un joven en un cuarto contiguo. “Eso le pasa a la gente que no colabora”, les advirtieron.

En esos turbulentos años aprendí que para muchos es fácil hablar de la “prensa vendida”, pero que pocos entienden la responsabilidad que implica desempeñar esta tarea en condiciones extremas. Y por supuesto, fuera del cómodo anonimato que muchas veces brindan las “benditas” redes sociales.

Sin embargo, no cambiaría por nada la experiencia adquirida en esos momentos de tensión. Fue como una nueva manera de perder la inocencia.

Twitter: @miguelisidro

SOUNDTRACK PARA LA LECTURA:

-Ska-P (España)

“Niño soldado”

-Sistema (México)

“Sistema Tóxico”

-Resorte (México)

“Opina o muere”

-La Banda Bastön (México)

“El país de las maravillas”

Ska-P – Niño Soldado (Videoclip)

Vídeo oficial de Ska-P de su tema ‘Niño Soldado’. Haz clic aquí para escuchar a Ska-P en Spotify: http://smarturl.it/SkaPSpotify?IQid=SkaNS Incluido en To…

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