De un Mundo Raro
Por Miguel Ángel Isidro

En una noticia que pasó casi inadvertida entre la avalancha informativa de la última semana, el pasado 30 de octubre, Jack Dorsey, CEO de Twitter, dio a conocer una decisión contundente: a partir del 22 de noviembre dicha red social dejará de aceptar publicidad política a nivel global.

A través de un mensaje en su cuenta personal, Dorsey expuso brevemente algunos argumentos en torno a dicha medida:

“Hemos tomado la decisión de detener toda la publicidad política en Twitter a nivel mundial. Creemos que el alcance del mensaje político debe ganarse, no comprarse”, tuiteó.

Y en un hilo sobre el mismo tema, Dorsey agregó: “Un mensaje político gana alcance cuando las personas deciden seguir una cuenta o retuitear. Pagar por el alcance elimina esa decisión, forzando mensajes políticos altamente optimizados y dirigidos a las personas. Creemos que esta decisión no debe verse comprometida por el dinero”.

Y adelantó que el próximo 15 de noviembre -una semana antes de entrar en vigor- se darán a conocer más detalles de ésta nueva estrategia.

Para muchos observadores, ésta determinación es una especie de bofetada con guante blanco a Facebook, principal competidora de Twitter y a su creador y director ejecutivo, Mark Zuckerberg, ante los reiterados escándalos que han relacionado a dicha plataforma con la difusión de noticias falsas o la creación de tendencias a partir de mensajes pagados, como ocurrió en la más reciente elección presidencial en los Estsdos Unidos.

El argumento de Zuckerberg para aceptar publicidad política en Facebook es que los promotores de dichos contenidos forman parte del entorno social diverso que busca reflejar dicha red, y que ésta apertura ha permitido a actores y movimientos políticos que no cuentan con recursos para financiar campañas en medios tradicionales de comunicación a tener un espacio donde pueden difundir sus mensajes y propuestas a un costo accesible y con un impacto realmente masivo.

En México, las redes sociales se han convertido en el espacio de encarnizados debates políticos. La oferta de contenidos de tipo político se ha multiplicado de manera radical.

Por un lado, medios tradicionales de comunicación (periódicos y revistas, televisoras, radiodifusoras), han multiplicado sus esfuerzos para penetrar el ciberespacio con distintos formatos y contenidos: resúmenes informativos, videos, infogramas y animaciones e incluso podcasts.

En el otro extremo de éste creciente entorno, comunicadores independientes se han dado a la tarea de generar blogs, canales de video y plataformas de difusión de contenidos que buscan contrarrestar las políticas restrictivas de los medios tradicionales. Muchos de estos productos comunicativos han logrado en poco tiempo una popularidad y alcance de considerable relevancia.

De hecho, el propio Presidente Andres Manuel López Obrador ha destacado en reiteradas ocasiones que las que él mismo ha denominado como “benditas redes sociales” permitieron crear un contrapeso al “cerco informativo” que sobre su figura y proyecto político desplegaron, según él, los medios tradicionales, por intereses meramente económicos de “la mafia del poder”.

Lo cierto es que la clase política mexicana se ha vuelto adicta a Twitter. Todos los días leemos mensajes de los distintos actores políticos fijando postura sobre temas de la agenda nacional, haciendo señalamientos e incluso sosteniendo virulentos debates con sus adversarios.

¿Cómo anda la popularidad de algunos personajes de la vida política nacional en dicha red social? Veamos:

-Andrés Manuel López Obrador: 6 millones 172 mil 30 seguidores.
-Vicente Fox: 1 millón 319 mil 805 seguidores.
-Yeidkol Polevnsky: 375 mil 667 seguidores.
-Gerardo Fernández Noroña: 367 mil 894 seguidores.
-Felipe Calderón Hinojosa: 5 millones 604 mil 370 seguidores.
-Enrique Peña Nieto: 7 millones 400 mil 445 seguidores.

Todo esto con datos tomados al corte del 3 de octubre de 2019.

Obviamente, no podemos soslayar que en el mundo de las redes sociales existe la manipulación de contenidos y la proliferación de perfiles y cuentas falsas, los famosos “bots” o cuentas creadas exclusivamente para la réplica y multiplicación de determinados mensajes o contenidos, tendencias y prácticas que en el caso de nuestro país parecen avanzar sin mayor restricción. Sin embargo, habría que reconocer que la presencia de las redes y su impacto masivo han obligado incluso a los medios tradicionales y al propio sistema político a variar y modificar su discurso.

Es importante referir que en México, todavía está pendiente crear una legislación específica para regular las comunicaciones en el ámbito cibernético. A nivel de las entidades federativas, las pocas iniciativas en la materia tienden más a una vergonzante censura que a la generación de garantías para los usuarios de internet y redes sociales.

La legislación mexicana en materia político-electoral aborda de manera apenas incipiente dicha materia; su énfasis se ha centrado en los llamados “medios tradicionales de comunicación”, es decir, la prensa escrita, la radio y la TV.

Desde hace casi 30 años, el sistema político y legislativo mexicano se ha enfrentado, sin resultados destacables, a la búsqueda de una norma que regule de manera adecuada y transparente el manejo de los medios masivos de comunicación en la actividad gubernamental y en los procesos electorales.

Probablemente muchos usuarios quisiéramos ver más mesura en las redes, pero al final del día, es muy complicado determinar de dónde debe proceder el orden, si caer en la censura o en la excesiva restricción.

Tal vez los ciudadanos de a pie podríamos sobrevivir un día común sin la tentación de asomarnos a las redes sociales, pero hemos llegado a un punto en el que para los actores políticos el “postear” se ha vuelto tan esencial como la propia respiración.

El siguiente paso en ésta vertiginosa carrera tecnológica debiera ser, sin duda, la generación de un nuevo modelo de conciencia crítica: reflexionar, comparar y confrontar lo que se debate en el mundo virtual con lo que ocurre en el entorno real. El reto primordial sería convertir la era de la información en un escenario ideal: la era de los ciudadanos. Ciudadanos mejor informados, más comprometidos y solidarios.

Falta muchísimo para ello, pero todos podríamos de alguna manera contribuir desde nuestros respectivos sectores de actividad.

Más que una nueva Revolución, una sociedad como la mexicana requiere de una evolución. Y ese cambio no provendrá del sistema político: el esfuerzo debe provenir de la base.

Utópico tal vez… pero asómese a la red social de su preferencia y dígame si no nos encontramos ante una espeluznante paradoja: en el terreno político, usamos los más moderno de la tecnología para reproducir ideas y conductas dignas de la Edad de Piedra.

A nivel mundial se habla ya de la denominada “Democracia 2.0”, un modelo donde los votantes orientan sus decisiones y preferencias políticas en base a la información que consumen en internet y las redes sociales. Sin embargo, el camino a esa posibilidad hasta el momento, no está exento de trampas y manipulación.

Lo cierto es que para aspirar a igualdad, democracia y tolerancia en las redes, primero debemos garantizar su prevalencia en la vida real. Ése es el verdadero reto. No debemos perder la dimensión real de las cosas.

Los pies en la tierra…

Twitter: @miguelisidro

SOUNDTRACK PARA LA LECTURA:

-Neón (México)
“Sentido perfecto” https://youtu.be/_93iS8cH-TY

-Def Con Dos (España)
“Ultramemia” https://youtu.be/PqQWyQ2LLYA

-Nine Inch Nails (Estados Unidos)
“Happiness in Slavery” https://youtu.be/Fv05EmuDjsY

-Kinky (México)
“Presidente” https://youtu.be/McfxpkQqb8w

 

 

 

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