LABERINTOS MENTALES

Por Arantxa de Haro

En el alfeizar de la ventana eléctrica me siento, meso mis pies al son del teclado. Veo pasar ante mi megabytes de información: imágenes, texto, emojis, gifs… Ante el flujo de datos, me quedo mirando hacia el abismo. ¿Cuántos somos entes insomnes que nos encontramos asomándonos en un smartphone en la aplicación de fuego buscando el amor eterno o el efímero? ¿Cuántos no emitimos trinos iracundos de 140 caractéres? Estamos entre avatares y bots, gente que se desahoga, gente que conoce a otros y forma lazos… y hay otros, seres peculiares atormentados que se esconden tras hologramas.

*

Él conoció a Flor detrás de una computadora. Tenían intereses comunes en libros y música. Él tenía una relación intermitente con otra persona, y estaba completamente convencido que regresaría con su intermitente llama. Sin embargo, se mostró interesado en ella, con su rostro sonriente como cubierta, y tormentas cósmicas de pensamientos caóticos. Lo que comenzó como un amistoso encuentro terminó arrancando a Flor de los brazos de alguien más. Sus ojos parecían pozos sin fondo, oscuros y profundos, a veces perdidos, como si su resplandor interno se hubiera fundido. Cuando ellos sucedía, él no recordaba el instante. Era seductor, magnético y extremadamente atento. Ella se fue perdiendo.

Había un estira y afloja en la relación, él le buscaba, se hablaban en código. Él la miraba con esos ojos hipnóticos. Eso hacía que una especie de mecanismo se activara en ella. Llegó un momento en el que ella dejó de ser ella. Ella era una extensión de él, ella ya no se sentía persona, sino espejo de él.

La ambivalencia de él confundía a Flor. Un día le decía que le quería, al día siguiente le decía que no quería estar con ella. Cuando ella se resignaba, entonces él quería recuperar esas atenciones, por lo que compraba suntuosos regalos, chocolates en cajas hermosas, flores y demás detalles. Al día siguiente le culpaba de haber gastado en ella. Día con día ella sentía que no podía decirle algo porque podría cambiar el fluctuante ánimo de él. Sin embargo, la intimidad era maravillosa. Cuando por fin Flor sentía que no podía más con la situación, le dejó. Él, en cambio, no pudo soportarlo, y empezó a rastraerla usando malware implantando en el teléfono de ella. Incluso en sus desesperación, le llegó a llamar, demandándole regresasen a estar juntos, y sino, él se mataría.

Finalmente no atentó contra su vida. Sin embargo, el vacío aún lo sentía, a veces él no sabía por qué lo que sentía, decía y pensaba eran diferentes. La vida siguió, y él con sus tormentas internas siguió en linea.

*

Referencias:

Mecanismos de defensa en el trastorno límite de la personalidad. (n.d.). Recuperado de https://www.trastornolimite.com/tlp/mecanismos-de-defensa-en-el-trastorno-limite-de-la-personalidad.

Trastorno límite de la personalidad. (2019, Julio 17). Recuperado de https://www.mayoclinic.org/es-es/diseases-conditions/borderline-personality-disorder/symptoms-causes/syc-20370237.

Mason, P. T., & Kreger, R. (1998). Stop walking on eggshells: when someone love has borderline personality disorder. Nueva York: MJF Books.

Pereña, F. (2009). Denegación y límite: Acerca de los llamados trastornos límites. Recuperado de http://scielo.isciii.es/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0211-57352009000100002.

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